La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

María, mes de la Madre

Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- Es más que cierto que a la Virgen María, Inmaculada porque Dios quiso que lo fuera, la tenemos siempre en el recuerdo o, mejor, en el presente de nuestro corazón.ELEUTERIO

 

Sin embargo, la Iglesia católica, tiene, para tan gran Madre, un mes especialmente dedicado a la que supo guardar en su corazón lo que le pasaba a su Hijo Jesús.

 

En el mes de mayo, por tanto, sabemos, más que nunca que María es nuestra Madre. No es que lo olvidemos nunca pero está más que bien que se nos recuerde.

 

San Luis María Grignion de Monfort, mariano donde los haya, en su “Tratado de la Verdadera Devoción” lo que deberíamos tener muy presente. Y es esto que sigue que tiene mucho que ver con la honra que merece la Madre de Dios; honra con la que, además, glorificamos a Dios:

 

«…Nunca pensáis en María, sin que Ella en vuestro lugar piense en Dios. Nunca alabáis ni honráis, sin que Ella con vosotros alabe y honre a Dios. María está en total conexión con Dios, y con toda propiedad yo la llamaría: la relación de Dios, que sólo existe en referencia a Dios, el eco de Dios, que sólo habla y repite a Dios. Santa Isabel alabó a María y la llamó bienaventurada porque Ella creyó, y María, el eco fidelísimo de Dios entonó: ‘Magnificat anima mea Domino’, -Mi alma glorifica al Señor- (Lc I, 46). Lo que obró María en esa ocasión, lo repite todos los días; cuando la alabamos, honramos, amamos, o le ofrecemos algo, Dios es alabado, honrado, amado y ese agasajo lo recibe por María y en María…».

 

Es evidente, pues, que no podemos contemplar a María sin tener en cuenta a Dios. Se dice, por eso mismo que a través de María llegamos al Creador que es lo que dio a entender el Papa Francisco cuando el 22 de septiembre de 2013, en la Misa celebrada en el Santuario de Nuestra Señora de Bonaria, en la localidad de Cagliari, isla de Cerdeña (Italia), dijo que

 

“María reza, reza junto a la Comunidad de los Discípulos y nos enseña a tener plena confianza en Dios, en su misericordia. ¡La potencia de la Oración! No nos cansemos de llamar a la puerta de Dios. ¡Llevemos al corazón de Dios a través de María, toda nuestra vida, cada día!».

 

Pro eso, ahora que recién hemos empezado el mes de mayo, especial de María, bien vale la pena traer aquí (para ser repetida muchas veces) la siguiente oración escrita por San Juan Pablo II:

 

“Oh Virgen santísima,

Madre de Dios,

Madre de Cristo,

Madre de la Iglesia,

míranos clemente en esta hora.

 

Virgo fidelis, Virgen fiel,

ruega por nosotros.

Enséñanos a creer como has creído tú.

Haz que nuestra fe

en Dios, en Cristo, en la Iglesia,

sea siempre límpida, serena, valiente, fuerte, generosa.

 

Mater amabilis, Madre digna de amor.

Mater pulchrae dilectienis, Madre del Amor Hermoso,

¡ruega por nosotros!

Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos

como les amaste tú;

haz que nuestro amor a los demás

sea siempre paciente, benigno, respetuoso.

 

Causa nostrae laetítiae, causa de nuestra alegría,

¡ruega por nosotros!

Enséñanos a saber captar, en la fe,

la paradoja de la alegría cristiana,

que nace y florece en el dolor,

en la renuncia,

en la unión con tu Hijo crucificado:

¡haz que nuestra alegría

sea siempre auténtica y plena

para podérsela comunicar a todos!

Amén.”

 

No nos olvidemos nunca que Dios nos entregó, por medio de Cristo colgado en una Cruz, a su Madre. Y que Juan la recibió por todos nosotros y, ya, para siempre.