La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Terrorismo callejero

 

Estos días la sociedad española asiste perpleja a la instalación de un clima de violencia provocado por grupos radicales de izquierda, que ha conseguido paralizar la vida ordinaria de la ciudad y de algunas instituciones básicas para la ciudadanía, como es el caso de los campus universitarios madrileños. No se trata de la libre expresión de las ideas, ni del derecho de manifestación o de huelga amparados por la Constitución. Tampoco es la expresión del sufrimiento de la gente, como dicen con patética banalidad algunos líderes de la izquierda. Se trata es de un intento diseñado estratégicamente para alterar el orden constitucional y  desestabilizar el sistema, como bien lo ha definido el director general de la Policía. Esto va más allá de los fenómenos de violencia urbana y hay que definirlo como terrorismo callejero.

La respuesta ante este fenómeno que envenena la convivencia debe ser la aplicación coordinada y eficaz de los mecanismos del Estado de Derecho, la actuación de la Policía y de la Fiscalía, para preservar el orden, la seguridad y la libertad en la calle. Pero si preocupantes son estos hechos, tanto más lo son algunas de las interpretaciones que están haciendo  sectores de la izquierda política y sindical. Afirmar que existe una provocación del Gobierno legítimo y democrático a quienes se manifiestan es un insulto a la inteligencia. Es muy grave el silencio cómplice, incluso la justificación de esta violencia. Pero también causa desasosiego el retraso en condenar sin fisuras estos hechos por parte del PSOE, que debe decidir de una vez si se sitúa en la algarada o en el consenso constitucional.