La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

¡Sí a la vida!

Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- Resulta triste tener que, casi, gritar, algo que debería ser elemental para toda persona humana. Aquello que es esencial en la existencia de cada uno de nosotros es negado a muchos seres de nuestra misma especie. Cuando se tiene que hacer algo como esto es que la cosa está mal y muy mal. ELEUTERIO

Sin embargo, como la cosa está más que mal hay que recordar lo evidente. Y la Iglesia católica lo hace el 25 de marzo, día en que celebramos la Anunciación del Señor que es el momento, digamos, desde que la Virgen María dijo “sí” a Dios y, con tal respuesta, salvó a la humanidad de caer en la total destrucción.

Por eso, en la Nota que han preparado los Obispos encargados de la celebración de la Jornada por la Vida de este año 2014 nos dicen algo que es evidente pero que, en demasiadas ocasiones, se olvida:

“Para España, para Europa y para el mundo, ‘la apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica. Grandes naciones han podido salir de la miseria gracias también al gran número y a la capacidad de sus habitantes. Al contrario, naciones en un tiempo florecientes pasan ahora por una fase de incertidumbre, y en algún caso de decadencia, precisamente a causa del bajo índice de natalidad, un problema crucial para las sociedades de mayor bienestar.’”.

El texto entrecomillado corresponde a parte del número 44 de la Caritas in veritate del emérito Benedicto XVI y nos dice, en el tono claro y sencillo del Papa alemán, que el número de habitantes de una nación no es cosa baladí sino que tiene mucho que ver con el progreso de la misma. Por eso es tan importante defender la vida pues, aunque pudiera parecer egoísta decir eso, trátase de una cuestión propia de nuestra especie, la humana.

Pues bien, la Jornada por la Vida ha de servir para que muchas personas se conciencien de la importancia que tiene defender un bien tan crucial y tan importante como es la existencia misma, aquello sin lo cual nada de lo demás, subsiguiente, tiene importancia pues de nada sirven los derechos y deberes, por ejemplo, si no hay individuos sobre los que recaigan.

Pero abundan, en su Nota, los obispos pues urge hacer un llamado a la defensa de la vida por muy absurdo que eso pueda parecer. Y nos dicen que, “A la luz de todo esto, los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida deseamos llamar de nuevo la atención sobre el valor y la dignidad de la vida humana desde la concepción y hasta su fin natural. Además, queremos instar a reflexionar sobre la experiencia vital en la que todos percibimos la vida como signo de esperanza; sabiendo que en los momentos difíciles dicha esperanza se oscurece y que necesitamos de la ayuda de otros para recuperarla y fortalecerla. La Encarnación del Hijo de Dios enaltece la dignidad de la vida humana. Es Jesucristo quien re­vela al hombre el misterio del hombre. La Iglesia es la madre que a todos acoge con entrañas de misericordia y nos anuncia a Jesucristo, el Evangelio de la Vida.”

Recuerdan algo que los matarifes oficiales olvidan y que no es otra cosa que desde que el ser humano aparece como tal (en la concepción) hasta que muere de forma natural todo ese tiempo de vida es necesario sea protegido pues la dignidad de la persona abarca todo el tiempo que va desde un momento a otro.

Y es que todo esto, la defensa de la vida y lo que eso supone, no es que no tenga nada que ver con nuestra fe. Al contrario es la verdad pues es Jesucristo quien, encarnándose, vino al mundo y, por eso mismo, como Enviado de Dios, procuró nuestra salvación. Pero, para eso, tuvo que nacer de una mujer y, luego, cumplir con la misión que tenía encomendada. Por eso se le llama “Evangelio de la Vida” pues es Buena Noticia acerca del derecho elemental a existir desde el cual todo es posible y nada, imposible.

Al fin y al cabo como se dice en la “incitación” a la defensa por la vida, en la citada Nota, “Por los niños; por los padres; por los abuelos: sí a la vida”. Nada, seguramente, es más importante que defender el mínimo derecho a la existencia y, como sabemos, peligra, en una sociedad hedonista como es la nos ha tocado gozar y sufrir, la de los que no han nacido y la de los que, siendo mayores se encuentran en situación difícil de “sobrellevar” para algunas malas mentes pensantes que en nuestra sociedad existen.

Y, como para un católico, la oración es instrumento espiritual muy propio y adecuado para cada ocasión, terminamos con esta “Oración por la vida” el beato, pronto santo, Juan Pablo II:

“Oh, María,

aurora del mundo nuevo,

Madre de los vivientes,

a Ti confiamos la causa de la vida:

mira Madre el número inmenso

de niños a quienes se impide nacer,

de pobres a quienes se hace difícil vivir,

de hombres y mujeres víctimas

de violencia inhumana,

de ancianos y enfermos muertos

a causa de la indiferencia o

de una presunta piedad.

Haz que quienes creen en tu hijo

sepan anunciar con firmeza y amor

a los hombres de nuestro tiempo

el Evangelio de la vida.

Alcánzales la gracia de acogerlo

como don siempre nuevo,

la alegría de celebrarlo con gratitud

durante toda su existencia

y la valentía de testimoniarlo

con solícita constancia, para construir,

junto con todos los hombres de buena voluntad,

la civilización de la verdad y del amor,

para alabanza y gloria de Dios Creador

y amante de la vida.

Amén.”

¡Sí a la vida! pero siempre, siempre, siempre.