La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Ricardo Blázquez : «Deseo cuanto antes el fin de ETA: que se disuelvan, que entreguen las armas»

 José Beltrán  en «La Razón», Madrid

No muestra signo alguno de cansancio después de unas semanas de ajetreo. Primero, con la vista ad límina con Francisco, la primera de los obispos españoles en décadas y el estreno de la Iglesia española con el Papa argentino. Después, con la 103ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal que despidió a Antonio María Rouco Varela como presidente del Episcopado y le eligió a él, el arzobispo de Valladolid, como su sucesor en el cargo. Sólo hizo falta una ronda para que 60 de los 79 prelados que ejercieron su derecho al voto le confiaran el liderazgo de la Iglesia española para los próximos tres años. Recibe a LA RAZÓN al concluir la semana, después de conversar con otros medios y justo antes de poner rumbo a tierras castellanas en su coche. Al volante, no en AVE ni con chófer, pues le gusta conducir. Don Ricardo se inclina para saludar. Y no es que uno sea bajo. Es él quien se abaja. Como Francisco. Impacta. Aunque quienes tienen trato cotidiano con él garantizan que nunca tiene en su despacho el cartel de «ocupado» y que su humildad y serenidad conquistan, vivirlo en primera persona descoloca, sobre todo cuando se trata de entrevistar al nuevo presidente de la Conferencia Episcopal. No duda ni un segundo en abajarse. Lo vivió un reportero el mismo día de su nombramiento, cuando -cosas del directo- se le cayeron los papeles. Don Ricardo no dudó en agacharse y recogerlo sin dar tiempo al periodista. Una respuesta inmediata de la Iglesia a una urgencia. El hospital de campaña que dibuja Francisco también tiene sucursal en Añastro.

–¿Cómo se quedó cuando el Papa, al saludarle en la visita ad límina, le dijo que es lector de sus obras?

–Pues mire, me quedé sorprendido y, al mismo tiempo, profundamente agradecido. Pero, sobre todo, estimulado en mi trabajo. Son unos libritos de nada y el mero hecho de que el Papa pueda en algún rato echarles un vistazo es para mí una señal de gratitud. Me preguntó: «¿Y cómo es posible que usted saque tiempo para escribir?». Me suelo

comprometer con tres o cuatro asuntos cada año para prepararlos poco a poco, me reservo un par de días o tres para la redacción, y listo. Cada tres o cuatro años hay un tema dominante que da unidad a esos escritos surgidos en diversas ocasiones para cumplir con encargos diferentes pero que tienen una preocupación de fondo.

 

–En los últimos libros, como en «Del Vaticano II a la nueva evangelización» (Sal Terrae), refl exiona precisamente en la necesidad de «volver a las fuentes del Evangelio para refrescar en ellas la esperanza » y llegar a los alejados. ¿Es urgente esa nueva evangelización en la que insisten tanto Benedicto XVI como Francisco?

–Sin duda. Todo lo que significó el último Sínodo está en perfecta conexión con lo que Francisco nos viene diciendo, una llamada a evangelizar con gozo y con alegría. El Evangelio es buena notica, cuando se recibe y produce gozo en el corazón de las personas.

El Evangelio debe ser anunciado con gozo para que otros participen también de esa misma corriente de alegría.

–¿Qué le falta entonces a la Iglesia y a los cristianos para que esa alegría se contagie en una sociedad como la nuestra que ha arriconado a Dios?

–Nos falta gozo en el Señor, servir al Señor con alegría. «Un santo triste es un triste santo», nos recuerda Santa Teresa, con aquella frase ingeniosa y genial. También señaló que no quería «santos encapotados », una cita que nos describe lo importante de que mostremos con nuestra vida y con nuestro rostro que Dios nos trata bien, que es la fuente de nuestra vida para sentirnos alegres, no de una forma superficial, forzada y bullanguera, sino con la satisfacción que nace de dentro de estar en nuestra propia piel, cumpliendo aquello que queramos cumplir.

–Menciona a Teresa de Ávila. ¿Es la mejor aliada para conseguir que el Santo Padre venga a España en 2015?

–Yo creo que sí. Si ya fue aliada y ganó entonces la batalla para que viniera Juan Pablo II en el centenario de su muerte, cómo no va a serlo para que venga con motivo del V centenario de su nacimiento para visitar España. Lo estamos deseando y estoy seguro de que va a haber un estallido de gozo y entusiasmo cristiano, lo necesitamos.

–¿Por qué hay un empeño en politizar la vida eclesial y situar a Ricardo Blázquez en un punto cardinal completamente opuesto al de su predecesor, Antonio María Rouco Varela?

–No sé si hay esa intención, pero es una cuestión sencilla. Uno viene detrás de otro. El cardenal Rouco Varela ha cumplido su mandanto, según los estatutos no puede ser reelegido y es elegido otro. El que venga otro no significa que sea el contrario, que no vean otro tipo de motivaciones. Desde que Juan Pablo II le nombrara el 8 de abril de 1988 obispo auxiliar de Santiago de Compostela –donde trabajó mano a mano con el entonces titular de la diócesis, Rouco Varela–, la Santa Sede no le ha destinado a plazas  precisamente fáciles. Cuando llegó a Palencia en 1992, se encontró con una diócesis que seguía impactada después de que el carismático obispo Nicolás Castellanos –que renunció

al cargo para irse como misionero a Bolivia, donde ha dado una educación de futuro a más de 15.000 niños–. Tras ganarse a los palentinos «pateándose» la provincia de arriba abajo, en Bilbao se topó de bruces con el nacionalismo y el terrorismo. Un tal Blázquez. No fue precisamente recibido con una calurosa bienvenida allá por 1995, aunque cuando marchó a Valladolid hace justo ahora cuatro años, unos y otros aplaudieron su minucioso trabajo en favor de la paz y la convivencia.

–¿Cómo ve el fin de ETA?

–Deseo cuanto antes el fi n de ETA. Es un paso importante el que han dado haciendo una renuncia pública al ejercicio de la violencia. Que se disuelvan, entreguen las armas y entren a convivir con todos una vez saldadas las deudas que han contraído con las sociedad desde un punto de vista penal y jurídico.

–Hace una semana resumía ante los obispos de Castilla y León sus preocupaciones sobre la actual realidad de la Iglesia: la catequesis, la misa de los domingos y el impulso de la caridad. ¿Son extensibles a España?

–Después de muchas experiencias, proyectos , programas y planes, tenemos que preguntarnos: ¿en qué tareas fundamentales debemos concentrarnos para no dispersarnos? Desde este punto de vista que yo tomo, me parecen fundamentales estos tres aspectos. La catequesis lleva consigo la transmisión de la fe desde una persona creyente por contagio. La eucaristía del domingo es fundamental por ser la gran convocatoria que tenemos los cristianos. A veces les pregunto a los niños: ¿es más bonito un domingo con misa o sin misa? ¿A que es más bonito una familia que participa en la eucaristía?. Además, como cristianos, celebramos la fe y somos enviados como apóstoles y mensajeros del amor a los demás, particularmente a los indigentes. Si están ellos, están todos, porque son los últimos.

–Familias felices, pero también matrimonios rotos. ¿Afronta con caridad la Iglesia la realidad de los divorciados vueltos a casar?

–El hecho de que una persona, un hombre o una mujer, haya roto su matrimono, se haya divorciado e inicie otro matrimonio, esto no significa que esté fuera de la Iglesia. Continúan dentro de la Iglesia. Desde este punto de partida, les invito a que vayan a la Iglesia, a que recen, que escuchen la Palabra del Señor, se reúnan con otras personas que les orienten en medio del mundo y puedan mantenerse en la fe desde la situación que se les ha abierto, una situación especial.

–Conoce en profundidad el Camino Neocatecumenal, quizá la realidad eclesial nacida en España con más proyección en la Iglesia universal. ¿Cuál es su impresión sobre los nuevos movimientos?, ¿son la esperanza para garantizar el futuro de la Iglesia?

–La esperanza como tal sólo es Dios. Son una realidad pasada y presente y una esperanza de evangelización en nuestro mundo muy importante. Y  conocí el Camino Neocatecumenal, cuando estaba comenzando en Roma en 1969. Después he continuado como presbítero de una comunidad hasta que fui nombrado obispo auxiliar en Santiago de

Compostela y después lo he seguido con cariño y con afecto. Ningún carisma en la Iglesia nace maduro, todos hemos nacido muy pequeñitos y necesitamos crecer con la ayuda de unos y de otros. Tengo la convicción de que efectivamente el Camino Neocatecumenal ha madurado. En el Sínodo para la Nueva Evangelización tuve que hablar de la experiencia de evangelización que yo viví personalmente y que había experimentado por tantas personas a lo largo de su participación en el Camino.

–Ha vivido de cerca el dolor de las víctimas –ofi ció el funeral, entre otros, de Miguel Ángel Blanco–. ¿Es posible perdonar?

–Depende de la situación. A lo largo de este tiempo, me he encontrado a personas que han perdonado y n+o les ha costado de una manera excesiva, aunque seguramente tenían una reserva espiritual dentro. En otros casos, alguien se puede encontrar con un mayor sufrimiento o tener más endurecido el corazón, lo que difi culta perdonar. Ciertamente las víctimas tienen que recibir el apoyo de la sociedad y hacer memoria de sus familiares fallecidos. La memoria es un reconocimiento y un homenaje, el olvido es como decir: «Mira, contigo ya no quiero saber nada». Se necesita una memoria que, al recordar la esencia de los familiares fallecidos, no reaviven los sentimientos más duros, que generen sentimientos de paz. Y para eso se necesita tiempo y ayuda. Es bueno que la memoria tenga gratitud y que nos una a quienes han sido ciudadanos que han padecido tan injustamente. La memoria de las víctimas es también una advertencia permanente para que no volvamos a ningunas andadas de ese estilo.

–Más allá de sus destinos, desde Roma tampoco le han encargado tareas sencillas.

Fue uno de los visitadores encargados de velar por el rumbo del Regnum Christi, el movimiento laico de los Legionarios de Cristo, tras los escándalos de su fundador. ¿Cómo les ve ahora?

–Me he alegrado muchísimo de que hayan recorrido este camino muy difícil para ello. Siempre dicen que en este itinerario de purificación han experimentado la cercanía de la Iglesia madre. Pude advertir mil veces con ellos que había un resorte importantísimo para poder superar esa situación: la comunión interior y exterior con el Papa. Ellos aceptaron la decisión del Papa, han recorrido este tramo y gracias a Dios han concluido el Capítulo General Extraordinario. Me alegro mucho del paso que han dado.

–Escribe a mano sus homilías y no utiliza teléfono móvil, ¿es un gesto de austeridad «franciscana»?

–Sólo echo mano del móvil en las vacaciones, porque es en ese momento cuando tengo que poner fácil que me localicen. El resto del año tengo otras vías de comunicación. Tengo que reconocer que el móvil me exonera de muchas cosas. Es verdad que se necesita tener una comunicación fácil en nuestra sociedad, pero tampoco es necesaria la hipercomunicación.

–Con el riesgo que implica estar permanentemente enganchado…

–A veces ocurre que no hablamos entre nosotros cara a cara y estamos constantemente

mandándonos mensajes para no decir nada. Pero quede claro que yo respeto tener móvil y utilizarlo, no tengo nada contra ello.

TRAS LOS PASOS DE FRANCISCO

«Me uno al sueño del Papa de una Iglesia para los pobres»

–Justo hace un año, Francisco proclamaba que soñaba con una Iglesia pobre y para los

pobres. ¿Cuál es el sueño del nuevo presidente de la Conferencia Episcopal?

–Me uno a este sueño. Sueño con una Iglesia pobre, porque en el Evangelio aprendemos una lección sublime: la pobreza por el Señor. Seguimos a Jesucristo que es pobre y que hizo la opción fundamental de, siendo rico–como dice San Pablo en una de sus cartas–, se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza. Es una especie de paradoja muy ilustrativa que nos invita a seguir a Jesús desde una Iglesia que es casa de puertas abiertas. Que sepan todos, particularmente los pobres, que son bienvenidos a la Iglesia, que deben formar parte de la comunidad cristiana, una Iglesia pobre para el servicio de los pobres.

–¿Le ha felicitado Mariano Rajoy?–Ha llamado el Gobierno. Espero que sean unas relaciones buenas, porque todos tenemos buena voluntad.