La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Maduro, Caracas y Andalucía

 Miguel Antonio Espino Perigault. Analista Político Internacional (Panamá).- Si le comentara a un activista  del socialismo del siglo 21 -y de cualquier otra corriente-  acerca de las agresiones del gobierno venezolano contra su propio pueblo:   contestaría que esos dolores y muertes son el precio que se paga por el progreso y el avance  de las revoluciones (Dolores de parto).Es el ;   precio, también,  que  pagan  los “malos ciudadanos”  al  dejarse manipular  por el imperialismo (el yanki, por supuesto) y las fuerzas reaccionarias enemigas  del “progreso”.. El precio por convertirse en “símbolos de mal”, como ellos lo ven. MiguelAperigault

 

Cuando  los estudiantes universitarios, en cualquier país,  apoyan al socialismo y a lo que se le parezca, se les aprecia como si actuaran bien  y buenos  revolucionarios; si no, son fascistas. .

 

Estos pensamientos alcanzan y enlazan  al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y al gobierno de la región de Andalucía. La ideología común los mueve Es posible percibirlo en dos hechos distanciados por centenares de kilómetros, espacio  y tiempo. Y que aparentemente no tienen relación. Pero tiene que ver con los prejuicios, los odios y los temores frente a la verdad.  Lo podemos percibir y analizar     a  propósito de noticias procedentes de Venezuela y  de España. Las enlaza la ideología.  

 

Sucede que en España  (Infocatólica), “La Junta de Andalucía exigirá a la Iglesia que retire de los templos cualquier símbolo que recuerde al franquismo”. Se ha aprobado una ley para ello.

 

Y,  con un fervor y entusiasmo digno de mejor causa, (Como atender las necesidades del pueblo, sobre todo de los pobres y necesitaos), la Junta de gobierno regional  se lanza a la ejemplar empresa revolucionaria, en recuerdo de algo que no se debe olvidar (No se sabe si lo que no se debe olvidar es  el franquismo o la derrota militar que trastocó, en España, hace casi un siglo,  los planes del comunismo internacional, entonces).

La noticia no ahonda en  cuáles son esos símbolos a que se refieren y que solamente reconocen los socialistas.    Estas arremetidas contra los fantasmas del franquismo, que sólo ellos perciben, no perdonan a nadie. Ni a los muertos. Sobre todo a los muertos.

 

Podría pensarse que los políticos socialistas  que, hoy día, en los gobiernos de Venezuela y en Andalucía,  promueven estas venganzas  y permanencias históricas  (“Memoria Histórica”, en España) del odio y  la intolerancia,  esos políticos,  no habían nacido cuando la guerra civil desgarraba a España.  Pero, seguramente recuerdan historias que les contaron su abuelitos socialistas.

 

Porque, lo que nadie debe olvidar; pero que vergonzosamente han olvidado los socialistas,  es que en la guerra civil española, los republicanos no son los únicos muertos; ni, en Venezuela, el gobierno el único amenazado.

 

Mucho menos deben olvidar los socialistas y, menos, todos los españoles,  que del señalado millón de muertos de la guerra civil, una gran mayoría  eran gente no armada, como sí lo eran los republicanos.  Se trataba de    civiles desarmados, de los cuales miles eran religiosos, sacerdotes, seminaristas,  monjas, y laicos al servicio, incondicional, del pueblo; un servicio que el socialismo siempre ofrece condicionado.

 

Esta realidad se la recuerda la Iglesia española a su pueblo, con actos en memoria de las cusas de los mártires de la guerra civil. Pero, los socialistas parece que  no creen que el asunto tiene que ver con ellos y su bochornoso   pasado.   Un detalle para entender el “Un millón de muertos “ de don José María Gironella.

 

 Si uno se atiene a estas ridiculeces de los gobernantes y gobiernos socialistas en España, (y en Venezuela, Cuba y gobiernos suramericanos  que maduran   en el socialismo del siglo 21)  tendría que    llegarse  a la concusión, muy curiosa, por cierto, pero muy d e los “compañeros” socialistas, los versos  aquellos   de que ·”Los muertos que  vos matasteis, gozan e buena salud”.

 

Según ellos mismos, los  republicanos españoles  no mataron ni  una mosca., al parecer.   Las malas lenguas históricas, del fascismo y de la odiada derecha, les atribuyen hechos sangrientos que no existieron. Nada de eso es cierto para los socialistas. O sea, que Todos esos muertos  del “franquismo” se suicidaron o se murieron  del susto al encontrarse con los republicanos.

 

Los centenares de miles de asesinatos perpetrados por los republicanos en España  son los verdaderos símbolos  del franquismo que ellos reconocían y todavía recuerdan.  Estos son los símbolos que todavía persiguen. Es una vergüenza que deberían ocultar.

 

Igual es con   los muertos que la heroica juventud venezolana está ofreciendo por la libertad y soberanía de su nación, desgobernada por un inmaduro servidor de la revolución eterna.

 

Maduro, como los españoles del gobierno de Andalucía,  pretende borrar sus  “símbolos”: el “fascismo”, en Venezuela: el franquismo, en Andalucía.  

 

 Ni los de Andalucía, ni los de Caracas entienden nada de lo que sale de su campo de visión ideológica. Menos entienden  al ser humano, siempre sediento, éste,   de la verdad; la verdad  sin etiquetas ideológicas.  La verdad que hace libre. al hombre. La sentencia bíblica que nunca entendió, Rodríguez Zapatero.  Igual sucede con Maduro; aunque parece que éste,  no se da cuenta.