La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El presidente de la CEE advierte que España “se encuentra con graves problemas de identidad”

El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha pronunciado el discurso inaugural de la CIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, después de presidir una Misa en el décimo aniversario de los atentados del 11M en la Catedral de la Almudena. En sus palabras ha hecho un repaso por la historia de las Conferencias Episcopales y, en concreto, por la Conferencia Episcopal Española y todos los documentos aprobados desde los años 60. Además,  ha hecho especial hincapié en los problemas que han afectado a los españoles desde entonces como la defensa del derecho a la vida y la libertad educativa, la importancia del matrimonio y la familia, la inmigración, los nacionalismos y el terrorismo… cee

El Cardenal comenzó su discurso recordando a las víctimas del 11 M, a los heridos y sus familias y pidiendo “que el Señor cure también las heridas morales de las familias y personas afectadas y que nos conceda a todos la paz”.

Mirando hacia el futuro, ha dicho que “queda mucho por hacer” y ha explicado que la gran tarea pendiente –a la que continuamente invita el Papa Francisco- es la de la misión. “Sufrimos el envejecimiento alarmante de nuestra sociedad, con el matrimonio y la familia atravesando una crisis profunda; la cultura disgregadora y materialista del tener y disfrutar se percibe en muchos campos, en particular, respecto de los inmigrantes, afectados, como también las clases medias, por la crisis cultural y económica; la misma nación española se encuentra con graves problemas de identidad, amenazada por posibles rupturas insolidarias; el nivel intelectual del discurso público es más bien pobre, afectado por el relativismo y el emotivismo. Todo ello configura una situación cultural que bien podemos calificar de «postcristiana»”.

Pero también, ha apuntado hacia la  esperanza debido a los nuevos sacerdotes y laicos, movimientos eclesiales y de vida consagrada, “dispuestos al testimonio y a la evangelización, con humildad y sin complejos; familias y jóvenes cristianos comprometidos apostólicamente con su vocación; muchos abuelos que son verdaderos apóstoles y evangelizadores; una fe que mantiene sus hondas raíces en la conciencia popular, alimentada por la piedad del pueblo y por el ejercicio de la caridad con los más necesitados, aquí y en los países más pobres”.

La Conferencia Episcopal Española

En 1965, ha recordado, los obispos españoles se reunieron por primera vez para elaborar los estatutos de la que es la Conferencia Episcopal Española, que año tras año se han ido actualizando. Para el Cardenal, “las respuestas que nuestra Conferencia Episcopal ha ido dando a las exigencias de los tiempos se ven reflejadas en los grandes documentos que ha publicado en estos casi cincuenta años de vida”, y se refieren, ha añadido, “a los desafíos provenientes de la vida social y política de España y de toda Europa”, entre ellos, temas como la familia y la transmisión de la vida. “Lo que hemos vivido y estamos viviendo con el envejecimiento alarmante de nuestra sociedad y sus implicaciones humanas, éticas y económicas, corrobora el sentido profético de la visión católica del matrimonio y de la familia que los papas y nuestra Conferencia han sabido proponer sin desmayo”.

Hablando de la Constitución Española, los obispos ponían de manifiesto que “no se dan motivos determinantes para que indiquemos o prohibamos a los fieles una forma de voto determinada”. Aunque legislación, que debía de “tutelar el derecho de todos a la vida, la estabilidad del matrimonio y la educación según el principio de subsidariedad creó problemas que subsisten de uno otro modo hasta hoy mismo”.

“La Conferencia Episcopal, sin entrar nunca en debates de política de partido, defendió siempre la adecuada tutela de los derechos humanos, no confundiendo el orden moral con el orden legal, pero denunciando, en favor de la dignidad humana, que ambos órdenes transitaran por caminos divergentes”, ha explicado. Así, ha agregado que “cuando la Iglesia interviene públicamente, lo hace “para colaborar a la justa ordenación de la vida social y a la tutela adecuada de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos”.

Y es que “el matrimonio y la familia no son una realidad exclusiva o particular de los cristianos. Constituyen más bien la célula básica de todo cuerpo social. Cuando no son reconocidos ni protegidos por la sociedad ni por las leyes de modo adecuado a su naturaleza propia y a su relevancia humana, la Iglesia ha de prestar su ayuda, con su palabra y con su vida, al camino del hombre”. “La tutela del derecho a la vida se ha enfrentado en los últimos años a nuevos desafíos, tanto en los comienzos de la existencia como en los finales de la misma”, ha advertido.

El Cardenal Rouco ha puesto de manifiesto que la CEE se ha pronunciado en diversas ocasiones sobre el matrimonio y la familia y también sobre la enseñanza y la secularización a los que ha tratado de dar respuesta “con clarividencia y sentido pastoral”. Aunque, ha reconocido que “su doctrina sobre el armamentismo y sobre la paz, así como sus referencias a problemas específicos de España, como la reconciliación civil, los nacionalismos y el terrorismo, mantienen su vigencia”. Y es que “propuestas políticas encaminadas a la desintegración unilateral de la unidad cultural y política” de España, “causan una grave inquietud y, de acuerdo con la doctrina social católica acerca de la secesión, no son moralmente aceptables”.