La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El 11-M, un pretexto más para la división de los españoles

 

– ¿Usted cree que llegará el día en que los españoles nos sintamos realmente españoles por encima de nuestras diferencias?

– Hombre, así, a bote pronto, me parecería una frivolidad contestar a esa cuestión sin dilucidar antes qué es España. Acuérdese de la definición que hizo Zapatero de España como una realidad cuestionada y cuestionable… Pero ¿a qué viene ahora esa pregunta? ¿No tenemos bastante con el veneno separatista del nacionalismo catalán y vasco?

– Iré al grano. La pregunta se la hago y me la hago yo mismo, porque sigo perplejo ante la división de los partidos –y de la gente común- sobre lo que debería existir un consenso generalizado, como la propia unidad de España, el paro, la corrupción, la inmigración o el terrorismo. ¿Es que no nos podemos poner de acuerdo al menos en eso?

– Me hace usted pensar, amigo y eso es un riesgo en la medida que pensar en voz alta nos puede dejar desnudos ante el espejo de quien nos interpela cuando, por regla general, siempre tratamos de aparentar lo que no somos y de disfrazar hasta nuestros pensamientos… Pero imagino que usted quiere hablarme de algo más concreto ¿verdad?

– Así es. Me quiero referir a los atentados del 11-M, de los que ahora se cumplen diez años y cómo todavía no hemos sido capaces de entender lo que pasó realmente y, sobre todo, de abandonar las teorías de la conspiración política que todavía circulan por algunas tertulias, al margen de la “verdad” judicial.

– Hombre, todo atentado supone una conspiración previa para cometerlo, aunque lo cierto es que la investigación judicial y policial ha dejado muchas incógnitas por resolver. Pero me parece que aquí lo que se dilucida todavía son las consecuencias políticas, sociales, económicas y hasta culturales de aquellos atentados que llevaron a La Moncloa a un sectario que se cuestionaba lo que era España aunque dejó bien clara su preferencia por la II República como un modelo que le hubiera gustado restaurar.

– Antes de seguir, fíjese en lo que acaba de decir: ha definido a Zapatero como un “sectario” y eso ya supone que usted no parece muy proclive a ese consenso, es decir, que cae usted en la trampa de su propia pregunta…

– Puede que lleve razón, pero la condición previa a todo acuerdo es el reconocimiento de  los hechos. El 11-M no es una mera anécdota, trágica donde las haya, en nuestra historia reciente: es el comienzo de una nueva ruptura en la sociedad que nos ha devuelto, en cierta medida, a los enfrentamientos ideológicos de los años treinta, que nada tienen que ver con los atentados. Al principio, acuérdese, cuando fue descartada ETA como autora, se achacó todo a la venganza del yihadista por el apoyo del Gobierno del Gobierno de Aznar a la invasión de Iraq. El “no a la guerra” se convirtió en tres días en un “no a Aznar”, a la derecha que respaldaba al odiado Bush y que mentía para no perder las elecciones del 14-M. Ahora, con el tiempo y gracias a la investigación exhaustiva que ha realizado el profesor Fernando Reinares, sabemos con toda precisión que los atentados no estuvieron relacionados con Iraq y que fueron una venganza por el desmantelamiento de las células terroristas que se habían asentado en España desde antes de los atentados contra las Torres Gemelas.

– Es una pena que el señor Reinares no hubiese sido el director del CNI hace diez años: su intuición y su conocimiento del yihadismo hubiera cambiado el signo de la historia…

– Así lo creo yo también aunque no sé hasta qué punto una victoria de Mariano Rajoy en 2004, como preveían todas las encuestas, hubiese impedido cuatro años más tarde la llegada de Zapatero. Todo eso son futuribles que no nos conducen a ninguna parte. Lo cierto es que Zapatero llegó, hizo suya la creencia de que habíamos sufrido una venganza por lo de Iraq y ordenó de inmediato la retirada de nuestras tropas de aquel país donde prestaban un servicio humanitario a petición expresa de la ONU. España apoyó una guerra a todas luces injusta, es verdad, pero no participó en ella y toda la izquierda mintió a este propósito durante años, señalando a la derecha como enemiga del mundo islámico. Así fue posible, incluso, el invento de la “Alianza de Civilizaciones”, esa contradicción de un Zapatero laicista que pretendía recluir a los católicos en las sacristías para abrazar a los amigos musulmanes, con la ingenua pretensión de alejar de nuestro país el espectro del terrorismo yihadista.

– Si pensamos las cosas con serenidad hay que admitir que el advenimiento de la democracia en España, después de cuarenta años de dictadura y de una guerra civil que duró tres años, fue posible por el espíritu de consenso que cristalizó en la Constitución de 1978. A partir de ahí deberíamos estar todos de acuerdo en respetarla y de respetarnos. Las ideas que cada pueda tiene o puede tener sobre el mejor sistema de gobierno, ya están superadas por la propia Constitución. Lo grave es empezar a tener dudas sobre su validez.

– Lo que a mi me parece más grave es que izquierda y derecha tengan visiones muy distintas de España y que esas divisiones se acojan a cualquier pretexto, como el 11-M, y hagan el juego a los nacionalismos como se lo están haciendo también, en otro terreno, a las mafias que se dedican a la trata humana. Por eso le preguntaba si algún día será posible que todos nos sintamos españoles: echo de menos un sano espíritu patriótico que nos asemeje a los británicos, a los franceses, a los norteamericanos. No nos ponemos de acuerdo ni para defender el castellano como idioma común, ni para elaborar una ley de educación, con una historia común, asumida por todos… Hasta la señora Valenciano, la que quiere llevar el socialismo español a Europa, se pone en el pecho una banderita republicana para festejar el Día de la Mujer y, por ende, para exigir el aborto como derecho humano. ¿No es esto un penoso sectarismo?

– Sin duda lo es y de ahí la desafección de una buena parte de la sociedad hacia los partidos, como vamos a tener ocasión de comprobar en las elecciones europeas. A ver si a fuerza de varapalos, los partidos se dan cuenta de que la sociedad, en su mayoría, no quiere más divisiones y que ya es hora que unos y otros se pidan mutuamente perdón por el pasado y piensen en el futuro de nuestros hijos y nietos en un país reconciliado consigo mismo.

– Venga un abrazo, amigo…