La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Construir la cultura de la vida

Si como decía Julián Marías, la aceptación social del aborto es lo más grave ocurrido en el siglo XX, el problema se agrava hoy con la pretensión de convertirlo en un derecho. Considerar un derecho la aniquilación de una vida humana es pervertir la idea de libertad, advertía esta semana el Presidente de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida, monseñor Reig Pla. Sería tramposo plantear el debate en términos de decidir sobre la propia maternidad, porque ese hijo ya existe. Pero la Iglesia, como recordaba el obispo, no condena a la mujer que aborta, sino que la considera también víctima. Un alto porcentaje de casos se producen por presiones de las parejas o de las empresas, motivo por el cual son tan necesarias iniciativas que ofrecen a esas mujeres alternativas, como el Proyecto Ángel o RedMadre. Pero también hace falta ayuda para la mujer que ha abortado.

Es importante la labor de acompañamiento que hace la Iglesia para ayudarles a reconciliarse consigo mismas, después de un trauma que a menudo las destruye por dentro y arrasa con sus familias. Poco a poco, se pretende así ir construyendo una cultura de la vida. Porque el aborto, como acaba de escribir el obispo de San Sebastián, es la punta del iceberg del vacío existencial al que nos ha conducido el materialismo. Es necesario superar la crisis de esperanza y sentido que nos invade, testimoniando que toda vida humana merece ser vivida.