La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El cardenal Rouco recuerda que “el itinerario cuaresmal es una invitación a la esperanza”

descarga (2)El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, presidió el jueves por la tarde, en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, la tradicional Misa del Miércoles de Ceniza, con la que comienza el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Concelebraron con él los Obispos Auxiliares de Madrid, Mons. César Franco y Mons. Fidel Herráez.

En su homilía, el Cardenal recordó que “la cuaresma nos coloca en el camino de una celebración renovada y nueva de la pascua del Señor. Cada año somos invitados a hacer ese itinerario de ser hombres nuevos, después de vivir esa especie de drama de morir con Cristo para vivir con Cristo. En eso consiste la vida”. Para el Cardenal, “morir con Cristo supone morir a nosotros mismos. En primer lugar a nuestros pecados, de algún modo también a lo que somos”. Porque “sin Dios no somos nada”. “Reconocer esa nada de la que venimos, el pecado, esa nada moral que hemos ido añadiendo en el camino de nuestra vida, es el primer paso para poder morir con Cristo, reconocerlo y volver a Él, porque Él es el que explica nuestro ser”.

“La cuaresma, prosiguió, nos invita a hacer un camino de conversión, de morir a nosotros mismos, y de vivir con Cristo, de morir con Él en la Cruz, en su Cruz… En la cruz se puede comprobar lo que cuesta a Dios librarnos de nuestros propios pecados. ¿Cuánta ternura y misericordia emplea Él para hacerlo?. El Papa Francisco lo subraya constantemente. Morir con Cristo para vivir con Él”. Además, “el modelo más claro de qué significa vivir con Cristo es el de la cruz: abrazados a la cruz, es decir, eligiendo el camino de un amor que se da, de una vida que se dona con Él. Una vida marcada por lo que se llama espiritualmente la vocación a la santidad”.

Así, señaló que “la cuaresma es una invitación a convertirnos de nuestros pecados, pero también una renovación del propósito de vivir con Cristo, abrazados a la cruz de Cristo, amando como Él lo hizo”.

Para ello, la Iglesia nos ayuda “a través del rito de la imposición de la ceniza, advirtiéndonos: sois polvo, sois pecadores, convertíos, reconoced lo que sois humildemente y tratad, en esta Cuaresma, de ir superando el pecado en vuestras vidas, id haciendo que crezca el amor y la gracia en ellas”. Con “las obras de la caridad y del apostolado: caridad material y espiritual, porque el amor de Cristo en la cruz se ha dirigido sobre todo al hombre en el corazón, que es el centro de su vida: quiso salvar su corazón, porque salvando el corazón se salva todo”.

En este sentido se preguntó cómo no va a haber crisis en nuestra sociedad. “Si hay crisis de corazones habrá crisis de todo”, afirmó. “Comenzar a resolver la crisis del corazón y del alma, abriéndola a la gracia del Señor, a la cruz de Cristo, es un buen camino para poner un nuevo edificio social y para un nuevo edificio compartido, una casa nueva para todos”.

“La Cuaresma y el itinerario cuaresmal, visto así, nos invita a la esperanza; podemos vivirlo, podemos seguirlo… Tenemos un segundo Bautismo”, aseguró, que es el sacramento de la penitencia. “La Iglesia nos ofrece un ambiente de oración, de piedad, de vida interior que nos ayuda a levantar el corazón, las oportunidad de hacer el bien son enormes, de amor al prójimo, testimonio de la justicia, de la verdad”.
“La Misión Madrid nos invita a ser testigos claros y explícitos del Evangelio de la Cruz de Cristo y de su resurrección. La esperanza de que la muerte será vencida se colmará el Domingo de Resurrección: el Señor ha resucitado. Y ese resucitado es el que está con nosotros”, apuntó, “también en esta cuaresma”. “Esperanza, por lo tanto, para que nuestra vocación cristiana tome brío nuevo, no se arredre ante el reclamo de la santidad”, porque “nadie está llamado a otra cosa que a la santidad”. “Renovar nuestra vocación, apuntó, debe de ser también un fruto de ese morir con Cristo para vivir con Él”.

Mencionó que el segundo domingo de Pascua serán canonizados Juan XXIII y Juan Pablo II, ambos “buenos modelos para vivir la Pascua como seminaristas, sacerdotes, obispos, seglares, matrimonios…seglares, apóstoles de Cristo y misioneros suyos, como jóvenes cristianos”.

Sugirió que el estilo de nuestro camino cuaresmal debe ser el “ser sencillos”, sin ocultar “lo que somos, lo que decimos, a quién pertenecemos, de quién hablamos” ni “las obras de caridad, de justicia, de servicio y de amor que prestemos a los demás”.

Concluyó pidiendo a la Virgen “1ue nos ayude a ser hijos suyos en esta Cuaresma del año 2014”.