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El Cardenal Rouco subraya que “tenemos que ser valientes como Pablo hablando de Cristo y hablando de su evangelio”

El Presidente de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio Mª Rouco Varela, presidió ayer en la basílica de San Pablo de Extramuros una Eucaristía en la primera tanda de la visita ad limina de los obispos españoles, que continuará la próxima semana.  roucoJMJ

En su homilía, el Cardenal destacó que acercarse hasta los sepulcros de los apóstoles Pedro y Pablo “es algo esencial y constitutivo” de la visita ad limina. Una tradición, dijo, “que viene de lejos y con la cual queremos sellar nuestra fidelidad a la hora de cumplir con el deber de ser sucesores de los apóstoles”.

En este sentido, explicó que “la Iglesia vive de la sucesión apostólica, una medida que la constituye. Sin sucesión apostólica no hay iglesia, no hay ministerio del anuncio del evangelio, no hay ministerio de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía, y no hay pueblo de Dios, constituido como cuerpo de Cristo”. Por eso, prosiguió, “nuestra visita ad limina nos recuerda ese gran deber de los obispos y con nosotros participando de él, los presbíteros de un modo también y todos los que forman parte de la Iglesia, de la comunidad de los creyentes en Cristo y que forman parte de su cuerpo, que es el de ser sucesores de los apóstoles en el testimonio de nuestro Señor, en la edificación de su cuerpo y en la santificación del mundo”.

Recordando a san Pablo, dijo que el primer aspecto del que habla es “el de ser ministro y testigo de la Palabra y del misterio de Cristo, del Evangelio”, al igual que fueron los discípulos, que “lo anunciaron como una persona que había roto la historia del mundo en el sentido de historia del pecado y la había superado”.

Según destacó, “Pablo fue un testigo valiente, comprometido, de ese anuncio, de ese evangelio. Y lo fue en los teatros más diversos en los que se desarrolló su vida”. Por tanto, “ser sucesores de los apóstoles es renovar nuestra vocación fundamental de ser sucesores suyos, sucesión que se transmite sacramentalmente de una forma plena en el legado del episcopado, de una forma participada en el grado del presbiterado análogamente y cualitativamente distinta por los seglares es uno de los primeros y grandes frutos de la visita ad limina”.

Una renovación, manifestó, que hay que llevarla hoy “a segmentos de la población donde esas raíces han sido olvidadas, a veces negadas y hasta, a veces, combatidas o destruidas, pero donde todavía, naturalmente, por gracia de Dios son muchos los que no las han olvidado, los que ven de ellas y forman parte por lo menos mínimamente fiel del pueblo de Dios, el cuerpo de Cristo”. Y añadió: “Nosotros tenemos que hacer de pedros y de pablos a la vez a la hora de ser testigos del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo en el mundo que nos ha tocado vivir”.

“A la acción de gracias por habernos mantenido fieles al sí a la vocación apostólica, tenemos también que unir nuestra plegaria para que seamos fieles a ella en estos momentos de la historia de la Iglesia y de la historia de España en relación con la Iglesia”. Y recordando las palabras del Papa Francisco “no tenemos que tener miedo a ser testigos claros, explícitos, inoportunos de Jesucristo Nuestro Señor su obra salvadora. No tenemos que tener miedo tampoco a que nuestra vida, ese testimonio no sea solo de palabras sino de obras, de forma de existir, de forma de servir, como de ser pastores de la Iglesia y cuidadores del mundo y de los hombres que tenemos más cerca. Pero tenemos que pedir sobre todo, aquí muy cerquita del sepulcro del apóstol Pablo, que tenemos que ser testigos valientes con la palabra”. “Tenemos que ser valientes como Pablo hablando de Cristo y hablando de su evangelio”.

Concluyó pidiendo a la Virgen que “nos ayude a tener la palabra de Dios, hecha de la carne de la Virgen y de la sangre, palabra nuestra para la vida y la salvación de todos aquellos que nos han sido confiados para que les sirvamos como sucesores de los apóstoles”.