La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

En el debate de estado de la nación: las dos caras de la moneda

 magdalenadelamoMagdalena del Amo, periodista

 

Los debates sobre el estado de la nación suelen ser representaciones teatrales a las que los espectadores asisten, libreto en mano, conociendo bien la obra, donde—salvo pequeñas variaciones de guión—queda poco margen para las sorpresas.

El discurso de Rajoy era previsible; más previsible que nunca; muy en la línea de sus últimas declaraciones, rodeadas de un nimbo de euforia. Tras los datos macroeconómicos que apuntan a un crecimiento moderado, era de esperar que, amparado en ello, cayese en la tentación de retozar en el colchón de titulares de prensa—nacional y extranjera— de hace un año y dos, e hiciese una comparativa con los de ahora, que califican a España como la nueva Alemania y otros piropos que solo pueden interiorizar los amantes de las hipérboles, con el premio además de la agencia Moody´s, que acaba de elevar un escalón la calificación de la deuda española, de Baa3 a Baa2.

Si hemos remontado el cabo de Hornos, conviene tener un recuerdo para los que se han caído por la borda y nunca llegarán a las Indias Orientales. Que esto se ha conseguido gracias a los esfuerzos de los españoles es muy cierto. Pero ¡ojo!, de algunos españoles, de los paganini de siempre. Es como si en una familia se deja a los niños sin postre y sin filete –para ahorrar—, mientras que los padres siguen rumbando sin privarse de nada. Como que queda feo que se cargue sobre los más débiles.

El discurso de Rajoy fue de calculadora, de hemisferio izquierdo, en clave triunfalista y económica, pero no de la pequeña economía de la gente, a ver si me explico. Fue un discurso dirigido a los del piso de arriba, para las altas esferas, de ricos, empresarios y bancos; para los que no les ha afectado la crisis o incluso esta les ha favorecido. A Rajoy, vestido de un azul impecable como todos los triunfadores, le faltó calor, humanidad y empatía.

La otra cara de la moneda la troqueló Rubalcaba. Su discurso completó al de Rajoy en el sentido de que iba aspergido a los que realmente viven la crisis: a los parados, a los que sufren la falta de recursos, a los dependientes que han visto menguadas sus prestaciones, a los que no pueden pagar la luz, a los que les cortan el agua, es decir, a los que tienen que recurrir a Cáritas; a esos que el papa Francisco tiene tan presentes en sus homilías. ¿Demagogia? Claro que es demagogia, ciencia en la que Rubalcaba es diplomado, con varios lustros de experiencia; maestro además de muchos que ocupan las bancadas de la izquierda. En efecto, Rubalcaba presentó un país completamente distinto al de Rajoy, pero los dos tienen razón, y la apoteosis de la desigualdad –Rubalcaba dixit—se sustancia en esta realidad. Claro, don Alfredo no es un señor que haya llegado de Venus en plan mesías, desconociendo las cuitas de los terrícolas españoles. Rubalcaba es con Zapatero causante del gran agujero económico. Eso sí, basta ya de hablar de la herencia, porque si votamos a Rajoy fue para que nos sacara de la sima, ya que presumía de tener la fórmula mágica. Y de mágica, nada. Trágica, sí. Con estas medidas, cualquier gobierno hubiera tenido los presentes datos. Hay que decir que Rubalcaba, a pesar de sus quinquenios, no tiene pinta de estar acabado o de querer tirar la toalla.

Bien por las medidas anunciadas por el presidente Rajoy. Es muy positivo  que las rentas inferiores a 12.000 euros anuales estén exentas del tributo del IRPF a partir de 2015, como también la tarifa plana de 100 euros en la cotización de los nuevos contratados –sin importar la edad—, que entrará en vigor de inmediato.

No sé si se vive mejor ahora que hace dos años. Depende de la cara de la moneda a la que miremos. Los que han perdido el trabajo no lo han recuperado; algunos nunca volverán a trabajar, y muchos están viviendo del plan de pensiones. Es un dato a tener en cuenta, que muchas familias normales están gastando los ahorros de toda una vida. Y Cáritas sigue recibiendo cada día nuevos pobres. ¡Ese es un dato clave!

¿Qué quién ganó el debate? Me parece una frivolidad y una cosa de niños andar con quinielas. Además, nuestro sectarismo nos impide ser objetivos. Los medios de comunicación de la derecha y sus periodistas afines –por convicción o por línea editorial—darán por ganador a Rajoy, diga lo que diga; y los medios y profesionales de la izquierda, siempre le colocarán la corona de laurel a Rubalcaba. Somos muy previsibles y, en general, no solemos salirnos del raíl.