La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Papa recuerda que “el cardenal entra en la Iglesia de Roma, no en una corte”

1_0_775780Tras la celebración el sábado de su primer Consistorio en la Solemnidad de la Cátedra de San Pedro, el Papa Francisco celebró el domingo por la mañana en la Basílica Vaticana, la Santa Misa con los nuevos Cardenales pertenecientes a doce naciones que representan la profunda relación eclesial entre la Iglesia de Roma y las demás Iglesias esparcidas por el mundo.

En su homilía el Papa pidió que nos dejemos guiar siempre por el Espíritu de Cristo, que se sacrificó a sí mismo en la cruz, para que podamos ser «cauces» por los que fluye su caridad. Ésta es la actitud, éste es el comportamiento de un cardenal.

Porque como afirmó, “sin el Espíritu Santo, nuestro esfuerzo sería vano”. Mientras “con su fuerza creadora y renovadora, el Espíritu Santo sostiene siempre la esperanza del Pueblo de Dios en camino”.

Francisco explicó que también Jesús nos habla en el Evangelio de la santidad, y nos explica su nueva ley. Y lo hace mediante algunas antítesis entre la justicia imperfecta de los escribas y los fariseos y la más alta justicia del Reino de Dios. De ahí la invitación del Santo Padre “no sólo no se ha de devolver al otro el mal que nos ha hecho”, sino a esforzarnos “por hacer el bien con largueza”.

A quien quiere seguirlo – dijo también el Obispo de Roma – Jesús le pide que ame a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vacíos de amor que hay en los corazones, en las relaciones humanas, en las familias, en las comunidades, en el mundo”. Porque como reafirmó el Papa Francisco, “Jesús no ha venido para enseñarnos los buenos modales, las formas de cortesía”. En efecto, prosiguió, para esto no era necesario que Jesús bajara del cielo y muriera en la cruz. “Cristo vino para salvarnos, para mostrarnos el camino, el único camino para salir de las arenas movedizas del pecado, y este camino es la misericordia. Ser santos no es un lujo, es necesario para la salvación del mundo”.

El cardenal entra en la Iglesia de Roma, no en una corte. Evitemos todos y ayudémonos unos a otros a evitar hábitos y comportamientos cortesanos: intrigas, habladurías, camarillas, favoritismos, preferencias. Que nuestro lenguaje sea el del Evangelio: «Sí, sí; no, no»; que nuestras actitudes sean las de las Bienaventuranzas, y nuestra senda la de la santidad.

El Pontífice afirmó asimismo que cuando en nuestro corazón hay cabida para el más pequeño de nuestros hermanos, es el mismo Dios quien encuentra lugar. Y cuando a ese hermano se le deja fuera, “el que no es bien recibido es Dios mismo”. Porque “un corazón vacío de amor es como una iglesia desconsagrada, sustraída al servicio divino y destinada a otra cosa”.

Dirigiéndose a los queridos hermanos cardenales, el Papa Francisco les pidió: “Permanezcamos unidos en Cristo y entre nosotros. Les pido su cercanía con la oración, el consejo, la colaboración. Y todos ustedes, obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y laicos, únanse en la invocación al Espíritu Santo, para que el Colegio de Cardenales tenga cada vez más ardor pastoral, esté más lleno de santidad, para servir al Evangelio y ayudar a la Iglesia a irradiar el amor de Cristo en el mundo”.