La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El discurso que Rajoy no se atreve a pronunciar… aunque lo haya pensado

 -¿Sabe usted qué va a pasar el martes?

– Pues no… ¿Se espera alguna noticia bomba?

– Hombre, no se despiste usted. El martes comienza el debate sobre el Estado de la Nación…

– ¿Y qué? ¿Acaso espera usted alguna novedad? ¿No sabemos de sobra cómo está el país? ¿No vamos a una repetición de los debates de otros años? Le diré una cosa: no me importa en absoluto lo que vayan a decir el presidente del Gobierno y los líderes de toda la oposición. Cada partido parece vivir en un país diferente. Fíjese en esas “mareas ciudadanas” que se lanzan a la calle con sus banderas republicanas… reclamando “derechos y libertades” como si estuviéramos en Ucrania o en Venezuela.

– Hombre, no sea usted tan escéptico, por lo general nadie está contento nunca con la situación económica y menos aún con la política. Pero en el debate siempre se oyen cosas interesantes y, al menos, se puede saber no cómo está la nación sino cómo la ve cada partido. Eso tiene mucho morbo de cara a las elecciones europeas, digo ya, vamos.

– Mire, la verdad es que tendría morbo como usted dice si Rajoy, por ejemplo, nos dijese de una vez qué piensa hacer en Cataluña y en el País Vasco; cómo se las va a arreglar para que en Cataluña se apliquen las sentencias del Tribunal Supremo sobre la enseñanza en castellano; en qué se va a traducir para el bolsillo de los pensionistas la bajada de impuestos que ha anunciado a bombo y platillo; cuando se devolverán a los funcionarios las pagas extraordinarias suprimidas… Pero, sobre todo, habría morbo si le dijese al país hasta qué punto tiene atadas las manos por una izquierda que no se ruboriza para exigir que siga vigente la actual ley del aborto o que se reforme la Constitución para convertir España en un Estado federal. Más aún: me gustaría que explicase porqué ha cedido a las presiones del PSOE para mantener la Justicia en manos de jueces politizados.

– En el fondo parece que usted reprocha a Rajoy que se siga fumando puros mientras los demás agitan las aguas de la convivencia. ¿Sería usted capaz de escribirle a Rajoy el discurso que, a su juicio, debiera pronunciar en el Congreso?

– Lo haría como mucho gusto, pero me temo que mis razones serían tan opuestas a las del Rajoy que no serán verosímiles. Usted, sin embargo, que suele ser muy ponderado aunque se muestra bastante crítico con el Gobierno, está en mejores condiciones que yo para escribir ese discurso que le gustaría oír a los que todavía no han perdido su confianza en el Partido Popular. ¿Se atreve?

– Mire usted, le voy a aceptar el reto aunque solo sea para trazar con líneas gruesas lo que estoy esperando de Rajoy desde hace tiempo. Demos por sentado que todo lo que diga sobre la mejora de la situación económica es cierto aunque luego Rubalcaba se encargará de demostrarle lo contrario. Demos también por sentado que aludirá a la unidad irreversible de España, que se mostrará abierto a un diálogo con la Generalitat sobre aspectos económicos y que se callará sobre la educación en castellano para no echar leña al fuego. Igualmente daré por sentado que reiterará su convicción de que ETA está derrotada aunque la gente no termine de creérselo y que pondrá como ejemplo las últimas detenciones de terroristas en México…

– Me parece que está usted siendo demasiado condescendiente con Rajoy. Eso es lo que trae aburrida a la gente que ha dejado de creer en los políticos…

– Déjeme que siga y no me corte, como hacen algunos tertulianos en la tele cuando se le dicen cosas que contrarían su discurso partidario. Tiene que llegar un momento en el discurso en el que diga cosas que no las hemos oído todavía, sobre todo cuando aborde esos temas que tanto le disgustan a usted como es la reforma del aborto o la nueva ley de educación. Y no se sorprenda si digo algo que no le guste demasiado.

– Pues adelante…

– Esto es lo que diría: “Y ahora voy a hablarles de un asunto del que ustedes en la oposición ha hecho bandera: el aborto y la educación. El aborto, lo crean ustedes o no lo crean, es un crimen de lesa humanidad. Pretenden ustedes que le ley de 2010, promulgada en esta Cámara a instancias del Gobierno socialista, que la interrupción voluntaria del embarazo es un derecho de la mujer y pretenden hacer creer que mi Gobierno va a cometer un atentado contra la libertad de la mujer al dificultar ese supuesto derecho. Pero lo diré de una vez por todas: nadie tiene derecho a matar al hijo concebido porque le resulte incómodo tenerlo, como tampoco nadie tiene derecho a matarlo so pretexto de que tiene una incapacidad o porque le de la real gana a la madre o al padre. Matar a un bebé antes de nacer es un crimen y, por supuesto, no lo digo porque me haya doblegado a la doctrina moral de la Iglesia,  como me acusan ustedes. La iglesia no tiene nada que pintar aquí, en el hemiciclo. Aquí juegan los programas electorales en consonancia con los principios morales que cada cual tiene arraigadas en su conciencia, además de las las razones científicas y el sentido común. Si quitar de en medio una vida es un derecho, los demás derechos humanos son una simple ilusión. ¡No engañen más a la gente! Si se puede matar a un hijo antes de nacer se está lanzando a la sociedad el mensaje de que nadie es responsable de sus actos y que siempre puede haber una razón para ir contra la razón…

-Va usted bien. Prosiga.

– Gracias por alentarme, pero también voy a decir algo que acaso le desagrade. Allá voy: “Por mi gusto yo hubiera derogado la ley de 2010 y volver a la ley de 1985 con las debidas cautelas para evitar el coladero que ha enriquecido a los dueños de los abortorios, sin ofrecerles siquiera diálogo para llegar a un consenso. Pero he querido profundizar en un debate social y moral en el que se juega el destino de la humanidad y eso debieran agradecerlo. Ustedes, la izquierda, imponen su ideología cuando gobiernan; nosotros como liberales y conservadores apoyados en la razón y el bien común, lo que hacemos es proponer, no imponer; por eso les hemos invitado a debatir, a razonar, a mejorar si pueden nuestro proyecto a lo cual se niegan. Ustedes dicen que la mujer tiene libertad para matar a sus hijos antes de nacer, pero niegan la libertad de legislar a una mayoría que no es de su gusto. Yo soy consciente, sin embargo, de que debo gobernar un país con una gran diversidad de criterios. Sé que hay mucha gente partidaria del aborto libre y que me pueden dar la espalda si nuestro proyecto sigue adelante. Pero también la hay que lo rechaza. Les diré más: en España no habría aborto si la inmensa mayoría del país así lo demandase y fuese consciente de que matar a un feto es un crimen. Es la sociedad la que tiene que cambiar de mentalidad y de criterios. Ustedes, desde la izquierda, han conseguido hasta ahora que la gente se acomode a la irresponsabilidad de jugar con el sexo como si no tuviera consecuencias. Pero yo, aunque todavía conservo alguna noción de moral, considero que ese cambio social no compete tanto al Gobierno como a la propia Iglesia y, por ende, a las asociaciones pro-vida. Me sorprende que, según las encuestas, haya tantos católicos que admiten el aborto de plazos e, incluso, el libre. Si hay católicos que piensan así, ¿cómo me exigen a mi algunas asociaciones católicas, que imponga lo que buena parte de la sociedad admite como algo normal? Yo no admito imposiciones ni de la izquierda que ha perdido el sentido común pero tampoco admito que me presionen quienes me exigen ir más allá de lo que puede hacer un Gobierno aconfesional… No vivimos en una teocracia y por eso insisto: que la Iglesia se ocupe de evangelizar allí donde pueda ser escuchada; pero aquí no hay púlpitos”.

– Ya veo el titular del día siguiente: “Rajoy le dice a la Iglesia que el Congreso no es un púlpito”…

– Yo haría otro muy distinto: “Rajoy quiere proteger al concebido no nacido frente a la libertad para matarlo”.

– O sea, dos formas muy diferentes de ver las cosas. Pero, desde luego, me llama la atención que usted quiera, en boca de Rajoy, echar la responsabilidad de un cambio de mentalidad sobre el aborto a la Iglesia y al conjunto de los católicos. ¿No hay gente agnóstica o atea que defienda la vida como principio de progreso?

– Ya lo creo que la hay, aunque sea una minoría más que silenciosa y no disponga de los medios que tiene la Iglesia, que acaso no haga bastante con recordar la moral cristiana cuando un Gobierno no la hace suya. Los gritos en la calle contra el aborto los lanzan los católicos y hacen bien porque están en su derecho y no ofenden a nadie como hacen las “Femen” abortistas. Pero las campañas anti-aborto no deben ser dirigidas al Gobierno sino a la sociedad. Rajoy al menos ha tenido la valentía de abrir el melón sobre la esencia misma del progreso humano y con su proyecto reformista deja abierta la puerta para que la Iglesia, las asociaciones católicas y la gente de pensamiento, si es que la hay, sigan exponiendo sus razones hasta que llegue el día en que el aborto quede abolido como se abolió la esclavitud.

– ¿Y sobre la educación?

– Le diría a la izquierda: “Basta ya de mentiras. Ustedes niegan a los padres de familia la libertad para elegir centro y quieren cargarse los centros concertados porque lo que pretenden es acabar con la educación religiosa de los escolares. Y me llama la atención que ustedes quieran libertad para que la mujer aborte pero la niegan a los padres para que sus hijos se les enseñe en clase que el aborto es un crimen. Si, basta ya de demagogia barata y de hipocresías. Ustedes quieren erradicar la religión de la vida pública y nosotros consideramos que la religión es un bien para la sociedad”. Con eso creo que Rajoy diría bastante para después despacharse en las réplicas…

– Eso tiene otro titular-bomba: “Rajoy admite que la religión es un bien para la sociedad”. Eso sí que es entrar a fondo en un debate sobre el Estado de la Nación. ¿Sabe lo que digo? Muy simple: Amen.