La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Cambiar a mejor

Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- “Aunque nadie ha podido regresar y hacer un nuevo comienzo…Cualquiera puede volver a comenzar ahora y hacer un nuevo final” ( San Francisco Javier).

 

Esta frase escrita por el Patrón de las Misiones, nos dice mucho acerca de lo que somos pero, sobre todo, de lo que podemos llegar a ser. ELEUTERIO

 

Nuestra realidad

 

La situación por la que pasamos los católicos no es, hoy día, en este siglo XXI en el que nos encontramos y caminamos peregrinando hacia el definitivo Reino de Dios, no es de las mejores en las que querríamos estar.

 

Somos acosados por el mundo que, con su mundanidad material y carnal nos asedia para procurar nuestro alejamiento de Dios, Creador y Todopoderoso. Y soportamos las asechanzas del Maligno y de sus discípulos sin oponer, muchas veces, demasiada resistencia.

 

Por otra parte, no siempre procuramos alimentar nuestra fe de una forma adecuada y, en demasiadas ocasiones, mantenemos a la misma en un estado famélico a punto, casi a punto, de morir. Si eso hiciéramos con nuestra parte física seguramente habría una gran epidemia de muertes por desnutrición pero, como el alma nunca muere… vamos tirando como buena, o malamente, podemos.

 

Lo que podemos  y debemos cambiar como católicos

 

Queda meridianamente entendido que no estamos, muchos católicos, como deberíamos estar ni somos lo que deberíamos ser pues mucho de lo que deberíamos hacer no lo hacemos por respeto humano, por ser políticamente correctos o, simplemente, por pereza o tibieza.

 

Sin embargo, eso no quiere decir que no podamos hacer nada para cambiar la situación por la que pasa la Iglesia católica a nivel de fieles pues muy bien dice, arriba lo dice, San Francisco Javier que siempre es posible comenzar (diríamos, entonces, mejor, recomenzar) ahora mismo y procurar un final distinto al que, de no hacerlo así, nos tenemos preparado.

 

Pues bien, por ejemplo, podemos empezar por:

 

-Tener fe en nuestros pastores y en nuestra jerarquía.

 

-Cumplir con la voluntad de Dios aunque eso nos cueste mucho esfuerzo espiritual e, incluso, material.

 

-Ver, en nuestro prójimo no a un enemigo en potencia o en acto sino a un hermano, creación de Dios como lo somos nosotros.

 

-Respetar la doctrina católica que se defiende y transmite como ortodoxa.

 

-Llevar una verdadera vida cristiana respetando lo dicho por Jesucristo en su llamada “vida pública”.

 

A este respecto, el de los necesarios cambios que debemos afrontar los católicos, el Papa Francisco, en su viaje a Brasil con motivo de la celebración, en 2013, de la Jornada Mundial de la Juventud, dijo, entre otras cosas, esto:

 

-“A veces perdemos a quienes no nos entienden porque hemos olvidado la sencillez. (…) Tal vez la Iglesia se ha mostrado demasiado débil, demasiado lejana de sus necesidades, demasiado pobre para responder a sus inquietudes, demasiado fría para con ellos, demasiado autorreferencial, prisionera de su propio lenguaje rígido; tal vez el mundo parece haber convertido a la Iglesia en una reliquia del pasado, insuficiente para las nuevas cuestiones”.

 

-“Hay muchos como los dos discípulos de Emaús; no sólo los que buscan respuestas en los nuevos y difusos grupos religiosos, sino también aquellos que parecen vivir ya sin Dios, tanto en la teoría como en la práctica. Ante esta situación, ¿qué hacer? Hace falta una Iglesia que no tenga miedo a entrar en su noche. Necesitamos una Iglesia capaz de encontrarse en su camino”.

 

Y, ya, para finalizar, esto otro:

 

-“”Quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera. Quiero que la iglesia salga a la calle. (…) Las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir. Si no salen, se convierten en una ONG. Y la Iglesia no puede ser una ONG”.

 

Ya vemos que hay mucho que debemos y podemos hacer para cambiar a mejor nuestra vida de creyentes católicos y, así, nuestra existencia como hijos de Dios.

 

Dios, seguramente, quiere eso aunque a nosotros, muchas veces y demasiadas, no nos convenga pues somos demasiado egoístas y tendemos, más de la cuenta, a la tibieza.

 

Y ya sabemos lo que piensa Dios de la tibieza. Lo dice en el Apocalipsis y está, seguro, en la mente de todo el que esto lea.