La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Dramas humanos y señales equívocas

 

Desde hace años las fronteras de Ceuta y Melilla se han convertido en una cadena de bombas de relojería que, de cuando en cuando, estallan en forma de asaltos masivos de inmigantes, con sus secuelas de violencia y  muerte. Ni las vallas, ni las cuchillas, ni las leyes, ni los efectivos de la Guardia Civil, bastan para detener la presión que ejercen estas corrientes migratorias que se han convertido para las mafias de la trata humana en uno de los negocios de mayor envergadura. Si en la actualidad hay más de treinta mil subsaharianos que esperan el momento de asaltar la frontera es porque antes han podido atravesar el Sahara y países como Mauritania, Argelia y Marruecos con los que existen acuerdos de coopración a todas luces insuficientes.

La pregunta es qué hacer más allá de rasgarse las vestiduras ante las tragedias que se pueden producir a la hora de impedir la avalancha humana. Los europeos debemos sentirnos concernidos por los dramas humanos que empujan a estos inmigrantes africanos a buscar una vida mejor, a riesgo incluso de morir. Pero también es verdad que se debe exigir a las fuerzas políticas, al margen de las iniciativas que deben reclamarse a Europa, que no conviertan estos dramas, que no ha podido evitar ningún gobierno desde hace décadas, en un circo de acusaciones que podría ofrecer a las mafias una equívoca señal de debilidad con el correspondiente efecto llamada, como ocurrió ayer mismo con el nuevo asalto a la frontera en Melilla.