La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La urgencia del encuentro personal

José Mª Martí Sánchez. Doctor en Derecho.- García Morente lamentó la mengua de la vida privada, invadida por la política de signo socialdemócrata. Explicaba que lo público (dimensión de ciudadano) es lo menos auténtico. Sacrifica la realidad a lo abstracto y el ser individual a la definición racional (Idea de la Hispanidad). Asimismo, Ortega y Gasset describió la sociedad posindustrial como de masas, sometida a modas y corrientes de opinión, difundidas por los grandes medios. Los rasgos peculiares quedan anegados en el conjunto. En consecuencia, se extiende la sensación de que solo se aprecia lo funcional o capacidad del hombre para integrarse en el engranaje colectivo. Se estima el individuo, no en sí, sino por su eficiencia y rentabilidad. El niño, el enfermo y el anciano son marginados y no cuenta su aportación a la vida pública.  josemariamartisanchez

Hoy se habla de la libertad y de los derechos del niño, del adolescente y del joven. Sin embargo, observamos un socavamiento de su hábitat. Los padres, centrados en su trabajo y promoción, dejan el hogar vacío y privan de seguridad al menor (de Isabel Sanz). El hospitalismo toma el relevo del apego, necesario para el crecimiento infantil (Berástegui Pedro-Viejo). La inestabilidad conyugal (uniones de hecho y divorcio express) no invitan ni a la entrega incondicional ni a crear figuras sólidas, como el niño y el joven demandan. Benedicto XVI reclamó, con el sintagma urgencia educativa, la cercanía, el encuentro auténtico y la escucha, para responder al joven y su anhelo de sentido. ¿No es la carencia de vida privada, unida a intereses inconfesables, lo que lastra sus relaciones, marcadas por la superficialidad, la confusión, la violencia compulsiva, la adicción y la banalización del sexo?

Entre los sectores más afectados, por la hipersocialización, está la Medicina y la Enseñanza. El profesor se burocratiza. Su labor, definida por formar al educando, en su humanidad plena, se desplaza hacia objetivos exógenos: igualitarismo, democracia participativa, emprendimiento, o competencias, al estilo de aprender a aprender, etc. Dos muestras de anonimato son la desaparición del maestro que, desde su saber y virtud, se compromete a guiar al educando, y el olvido de los santos patronos de la docencia: Santo Tomás y San José de Calasanz, iconos del quehacer académico.

El Cristianismo fue también una buena noticia, una novedad, para el encuentro personal, como muestra el diálogo vocacional de Jn 1,38.39: ¿Qué buscáis?, pregunta Jesús. ¿Dónde vives?, responden los discípulos de Juan. Venid y lo veréis, les invita Jesús. Fueron, pues, vieron donde vivía y se quedaron con Él aquel día. Jesús hace posible un redescubrimiento de la interioridad: ¿No comprendéis que todo lo que de afuera entra al hombre no le puede contaminar, porque no entra en su corazón, sino en el estómago, y se elimina? Y decía: Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre (Mc 7,17-20).

La Iglesia potenció la vida familiar, en consonancia con el Judaísmo: la familia es el espacio humano donde nace la persona, se forma y vive; y desde donde puede armoniosamente insertarse en la sociedad (Blázquez, Presentación, en Ratzinger, La fraternidad de los cristianos). Esta obra explica cómo se hace posible una fraternidad, una amistad, más intensa. La común paternidad divina refuerza la dignidad personal y favorece la confianza mutua. La hermosa reflexión de Aristóteles, sobre los amigos, se completa con la de San Francisco de Sales, a propósito de La verdadera amistad.

El Beato Juan Pablo II fue modelo de amigo fiel, preocupado por la persona del otro, verbigracia, del judío y condiscípulo, Jerzy Kluger. Su ministerio pastoral fue una prolongación de este diálogo de corazón a corazón. De ahí brota su interés por los más pobres: niños concebidos, a los que no se deja nacer; madres en dificultad; sectores humildes, como los trabajadores, o perseguidos, caso de los judíos. Compartió particularmente la zozobra de los jóvenes a los que se niega un ideal de vida o un lugar digno en la sociedad.

Su legado y la vocación cristiana deben impulsarnos a restablecer, en nuestra sociedad, el valor de la interioridad, la vida privada, la amistad y la familia. Esta debe asumir de nuevo el protagonismo educativo que le corresponde. Ello redundará en que se personalice y prepare a los jóvenes para ejercer su libertad de modo responsable. ¿No cambiaría esto el panorama general? ¿No devolvería la esperanza de un mundo mejor, construido desde abajo y con sencillez?