La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Una sociedad desemperazada

Es habitual que cuando el PSOE no encuentra argumentos para defender una determinada posición, intente aludir a cuestiones que nada tienen que ver con lo que se está debatiendo. La instrumentalización de la Iglesia católica es por desgracia recurrente en esa conocida estrategias. No es la primera vez que en el debate sobre el derecho a la vida el PSOE saca a relucir que sus adversarios políticos confunden delitos y pecados.

La Iglesia lo seguiría haciendo si fuera la única que defiende sin fisuras la vida humana desde el momento de la concepción hasta su fin natural, pero la inviolabilidad de la vida no es un principio exclusivamente creyente. La aceptación social del aborto, el haberlo convertido legalmente en un derecho o la aberración de la eutanasia infantil que hemos visto estos días en Bélgica, son ejemplos evidentes de una sociedad desesperanzada, que no sabe qué hacer con el sufrimiento. La sociedad que reivindica el aborto y la eutanasia como derechos humanos ha perdido el norte y padece un profundo eclipse de la razón.

No basta con lamentarnos. Tenemos que seguir estando al lado de los padres, de los ancianos, de los discapacitados, como ha hecho el Papa este domingo en Roma, oponiéndonos de forma visible a la cultura de la muerte y defendiendo la vida humana con palabras y con hechos.