La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

¿Cristo sin Iglesia?

Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- Podemos decir que hay pensamientos cristianos, de personas que así se llaman, que están muy lejos de lo que, mínimamente, se puede entender por ser discípulo de Cristo.  ELEUTERIO

 

Cuando alguien, que ha sido bautizado en el seno de la Esposa de Cristo y es consciente de lo que eso significa entiende que puede creer en Cristo pero no en la Iglesia, bien podemos decir que algo no anda bien en la fe de tal persona.

 

El Papa Francisco, fiel al sentido simple pero, a veces, imposible, para algunos, de llevar a la práctica, sabe lo que, a este respecto, hay que tener en cuenta. Por eso, en la Homilía de la Santa Misa que celebró en Santa Marta el pasado 30 de enero quiso hacer hincapié en lo importante que es saber lo que se es y lo que eso significa.

 

Así, dijo esto:

 

“El cristiano no es un bautizado que recibe el bautismo y después va adelante por su camino. El primer fruto del bautismo es hacerte pertenecer a la Iglesia, al pueblo de Dios. No se entiende un cristiano sin Iglesia. Y por esto el gran Pablo VI decía que es una dicotomía absurda amar a Cristo sin la Iglesia; escuchar a Cristo pero no a la Iglesia: estar con Cristo al margen de la Iglesia. No se puede. Es una dicotomía absurda. El mensaje evangélico nosotros lo recibimos en la Iglesia y nuestra santidad la hacemos en la Iglesia, nuestro camino en la Iglesia. Lo otro es una fantasía o, como él decía, una dicotomía absurda”.

 

Es decir, no se es buen cristiano si a uno le basta con haber sido bautizado y, luego, eso nada afecta a su vida. Pertenecer, desde tal momento puntual, a la Iglesia católica, ha de querer decir algo más que ser cristiano de “número” sin nada más a tener en cuenta. Y es que resulta difícil creer que alguien pueda considerarse discípulo de Cristo y, a la vez, no querer seguir lo que entiende la Iglesia creada por Cristo que es lo bueno y mejor para tal cristiano. Y a eso bien lo llamó dicotomía absurda pues es una forma poco entendible de decir lo que se es pero, a la vez, no serlo.

Pero también contribuyen a ser miembro de la Iglesia católica otra serie de aspectos sin los cuales sólo por caridad se puede sostener, de una persona, que es católica.

Habló, a este respecto, el Santo Padre de la humildad, de la fidelidad y de la oración por la Iglesia.

Por cada uno de estos aspectos el cristiano católico muestra y demuestra que es cristiano y que es católico.

Así, “Una persona que no es humilde, no puede sentir con la Iglesia, sentirá lo que a ella le gusta, lo que a él le gusta. Y esta humildad que se ve en David. ‘¿Quién soy yo, Señor Dios, y qué es mi casa?’ Con esa conciencia de que la historia de salvación no ha comenzado conmigo no terminará cuando yo muera. No, es toda una historia de salvación: yo vengo, el Señor te toma, te hace ir adelante y después te llama y la historia continúa. La historia de la Iglesia comenzó antes de nosotros y continuará después de nosotros. Humildad: somos una pequeña parte de un gran pueblo, que va sobre el camino del Señor”.

Debemos, pues, ser humildes porque es la voluntad de Dios que lo seamos y que tengamos en cuenta, en nuestra vida, tal santa virtud. Y debemos serlo en el verdadero sentido que tiene tal virtud que reconociendo que nos somos nada ante Dios.

Pero, además, el cristiano que es fiel  lo ha de ser a la Iglesia y “a su enseñanza, fidelidad al Credo, fidelidad a la doctrina, mantener esta doctrina” pues es bien cierto que no se puede fiel a Cristo pero, a la vez, no tener en cuenta, para nada, lo que dice la Iglesia, fundada por Cristo y, por tanto, no ser fiel a la Esposa de Cristo.

Ya, por fin, aquello que es la oración por la Iglesia, pidiendo la santidad de la misma, es un aspecto, también, importante, de cara a la vida del cristiano y del discípulo de Cristo.

El Papa Francisco, como hace tantas veces, lanzó preguntas al viento por si alguien las recogía y, además, era capaz de responderlas en bien propio y en el de la Iglesia católica. Y preguntó si rezamos por la Iglesia y si lo hacemos, por decirlo así, en nuestra casa, una vez se ha terminado la celebración eucarística o a la que hayamos asistido.

En fin… es bien cierto que los discípulos de Cristo lo somos desde que somos bautizados pero, francamente, lo debemos ser cada día después de tal momento. Y, aunque es bien cierto que durante una serie de años no estamos en disposición de hacer mucho por tal situación, es más que cierto que una vez somos conscientes de lo que significa ser católico, la cosa no debería continuar igual que cuando no lo éramos (por razón, por ejemplo, de edad)

Y es que, en verdad, Cristo sin Iglesia es realidad poco sostenible.