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El Cardenal señala que la Virgen de Lourdes ayuda a conocer “el significado y el valor de la enfermedad en la vida y en la historia de las personas”

La Parroquia de San Vicente Ferrer acogió el pasado lunes la celebración de una solemne Eucaristía con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo que se conmemora hoy, festividad litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes. Presidida por el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, la Misa fue concelebrada por el Delegado de Pastoral de la Salud, el párroco, capellanes de hospitales y sacerdotes que colaboran en la atención a los enfermos en la diócesis. peregrinacion_lourdes1

En su homilía, el Cardenal explicó que la Virgen de Lourdes ayuda a conocer “el significado y el valor de la enfermedad en la vida y en la historia de las personas, a la luz de la fe y a la luz de Cristo”. Recordó que la Virgen se apareció en Lourdes (Francia), en el año 1858, y desde entonces esta localidad “se ha convertido en una especie de ciudad donde el Señor consuela, acaricia a los suyos, les refresca con el agua de la gruta, un agua que no es física, sino sobre todo espiritual”. Atendiendo los mensajes de la Virgen a santa Bernardette, dijo, “el evangelio de la salud pasa por reconocer el misterio del pecado como el misterio del mal que se ha metido en los corazones de los hijos de los hombres desde el principio, y en las entrañas del mundo”.

En alusión a la visita que acababa de realizar a pacientes del Hospital Gregorio Marañón, en concreto a la zona de infantil, dijo que “cuando uno visita un hospital, y la sección de niños, te encuentras con inocentes que están padeciendo terribles enfermedades, que no son culpa de ellos, ni de sus padres. Pero es tal el misterio del mal, del pecado… De hecho, cuando la Virgen se aparece a Bernardette le dice: tienes que lanzar un mensaje de arrepentimiento, de conversión a los hombres de aquel tiempo. Un siglo que empezaba a ser orgulloso, que iba a terminar -en el campo de la filosofía, del pensamiento, de las ideas- con afirmaciones tremendas en contra de Dios, de Cristo, a favor de una imagen fantástica del hombre que luego se convirtió en monstruosa realidad: el súper hombre que no necesita a Dios”. “Y la Virgen le dice a aquella niña que rece el rosario, que se convierta; también le dice que escarbe y encontrará una fuente, y ella lo hace. Desde entonces, Lourdes es un lugar de penitencia y de conversión”.

Aseguró que “un río de gracia ha venido a través de la Virgen de Lourdes a muchas personas de todas las décadas”, con “curaciones también del cuerpo. Pero el que va a Lourdes siempre sale consolado, porque tiene la ocasión de combatir el mal en su raíz, en la raíz del pecado. Siempre sale con el alma reconfortada”. “A los milagros de Lourdes, dijo, les ocurre lo mismo que a los milagros de Jesús: son una señal para invitar a todos los que acuden allí a que el corazón se convierta al Señor”.

“Lourdes nos enseña también una visión positiva en el sentido de que la conversión tiene que traducirse en amor: amor a los enfermos, cuidado y atención a los enfermos, a todos los enfermos, también a los mentales. En casa, en el matrimonio, en la vida personal, en la vida familiar, en la vida social… en el enfermo, el Señor nos llama, nos reclama un fruto de la conversión, que es el que les cuidemos”. “Y a ellos el Señor les invita a hacer, de su enfermedad, una especie de pedazo de la cruz; porque el hombre se salva cuando se deja empapar del amor de Dios, y el amor de Dios nos viene por la cruz”. “Cuando el Espíritu Santo llega al corazón del hombre, éste se convierte”, apuntó.
Para el Cardenal, “Lourdes nos ha enseñado mucho al hombre y a las sociedades de la cultura de nuestro tiempo: a reconocer de nuevo la originalidad del Evangelio, el significado del misterio de Cristo y, de una manera muy singular, el papel de la Virgen en este misterio de salvación. Él se vale de Ella para hacer el anuncio de la conversión y de la salud en Lourdes”.

Concluyó pidiendo a la Virgen “fuerza, valentía, coraje y mucha caridad, mucho amor de Cristo” , para quienes atienden a los enfermos. Y a que, con “la ayuda a los enfermos, les llevemos ayuda al corazón y al alma”, porque “hay que llevar a los enfermos a Cristo con la compañía de la Virgen”.