La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Benedicto XVI, un año después de la renuncia

 

Hace justamente un año Benedicto XVI sorprendió al mundo con un gesto profético, anunciando su renuncia al ministerio petrino. Los que por contagio de las categorías políticas se apresuraron a hacer interpretaciones propias de novela de intriga patinaron estrepitosamente. Un año después atisbamos el calado de aquella decisión bien rezada y meditada, que solo se puede entender completamente a la luz de la fe. Lo que sucedió después es bien conocido. La elección del Papa Francisco prolongó el interés general por la Iglesia, que durante este año ha dado al mundo un nuevo ejemplo de madurez y de saber renovarse en la continuidad de su rica Tradición. Casi oculto por completo a los ojos del mundo, el Papa emérito no ha abandonado a la Iglesia.

San Agustín decía que únicamente sabe vivir bien quien sabe rezar. Benedicto XVI participa de esa vida buena, porque la oración no supone, como algunos creen, aislarse del mundo y de sus contradicciones. Por el contrario,  reconduce al camino, a la acción, porque la vida cristiana es eso: un continuo subir a la montaña para encontrarse con Dios, para después descender llevando el amor y la fuerza con el fin de servir a los hermanos con el mismo amor de Dios. Y es en todo esto, precisamente, en lo que el Papa emérito nos está dando a todos una gran lección de vida.