La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El juego sucio de la ONU contra la Iglesia

magdalenadelamoMagdalena del Amo, periodista

La ONU vuelve a ser noticia y, como ya nos tiene acostumbrados, para nada bueno. Ahora, a través del “Comité para los Derechos del Niño” le reclama al Vaticano que retire a los miembros del clero que hayan cometido abusos sexuales a menores, o se tenga la sospecha de ello, y que los entregue a las autoridades civiles, en lugar de trasladarlos de parroquia en parroquia. Sin embargo el informe omite las respuestas precisas y efectivas que la Santa Sede ha ido dando en los últimos años, incluida la Comisión creada para este fin. ¿Por qué un informe tan torticero y tan sucio? ¿Por qué en este momento? Esta breve reflexión nos ayudará a entender.

Hasta hace muy poco, las propuestas y premisas de esta organización eran consideradas incontestables. El ciudadano oía sus consignas como si proviniesen de auténticos sabios, sin cuestionar el componente ideológico de sus postulados. No en vano, la ONU fue creada para fomentar la fraternidad entre los pueblos. Y durante décadas así lo creímos, hasta que nos hicimos adultos y nos pusimos a investigar el material de archivo y, sobre todo, las actas de las diferentes conferencias sobre la mujer y la puesta en marcha de la ideología de género, que incluye la ambigüedad del concepto “derechos sexuales y reproductivos”. Bonito eufemismo, pero muy engañoso.

No tengo ninguna ojeriza a las feministas radicales aunque algunos me digan que no les doy resuello, pero eso no es óbice para que una vez más, censure sus postulados ridículos contra natura. Hablo de ideología de género, porque aquí está el quid de todo, aunque no resulte fácil captarlo sin bajar a las profundidades y desenredar el trenzado de la trama. El informe de la ONU es hijo natural de esta ideología perniciosa y todo lo que encierra.

Las políticas contra la discriminación de la mujer han abierto una serie de vectores que llevan a la categoría de reivindicaciones innegociables que se deben concretar en los próximos años. Estas reivindicaciones son, grosso modo, las siguientes: sexo desordenado, incluida la sexualización de la infancia, a ser posible desde la guardería, tal como se estipula en la normativa de la IPPF de acuerdo a las directrices del Estado, que es quien debe educar a los “ciudadanos”; anticonceptivos; aborto libre; abolición de la polaridad sexual; legalización de matrimonios formados por dos hombres o dos mujeres; la desaparición del modelo de familia; y la erradicación de la religión. Téngase en cuenta que a estos “poderes” no les interesan las religiones en general. Su punto de mira es la Iglesia católica porque es la gran transmisora de los valores que tratan de abolir por ley, y el gran baluarte contra el laicismo.

Recordemos brevemente el papel de la Iglesia en la ONU. La Santa Sede está representada en las Naciones Unidas por el estado de la Ciudad del Vaticano, ocupando un escaño como Estado no miembro. Su oposición a las políticas contra el género y el derecho a la vida le ha supuesto serios disgustos. Veamos un ejemplo que escenifica el modus operandi de algunos colectivos: El grupo “Católicas por el Derecho a Decidir”, un lobby de presión que de católicas solo tiene el nombre, es el mayor enemigo de la Iglesia en la ONU. En 1999 el colectivo puso en marcha una campaña para minimizar el papel de la Santa Sede en las Naciones Unidas y relegar su categoría a la de una organización no gubernamental más. A esta iniciativa dieron su apoyo más de cuatrocientos colectivos defensores del aborto libre y los derechos sexuales y reproductivos. Entre estos grupos cabe citar, ¡lean bien!, el “Círculo gay y lésbico, Maurice”, el “Open Mind” (Centro de iniciativa gay, lésbica, trans), y la “Unión de ateos, agnósticos y racionalistas”. ¿Vemos un poco más claro el tema?  ¿Entendemos ahora la oportunidad de este informe manipulador del Comité de los derechos del niño? Curiosamente son los mismos lobbies que presionan a los europarlamentarios para sacar adelante iniciativas tan aberrantes como el “Informe Lunacek”, un proyecto antifamilia, votado la semana pasada en el Parlamento europeo, que pone los pelos de punta. (Me ocuparé de esto en otro momento).

La publicación del informe del “Comité para la Defensa de los Derechos del Niño”, resulta, cuando menos, sospechoso. Es sabido que los últimos papas y diversos episcopados han pedido perdón por los abusos y los han condenado con firmeza. Benedicto XVI ha puesto en marcha un protocolo de actuación para que los pederastas sean entregados al brazo civil y sean juzgados como corresponda. El papa Francisco continúa firmemente con la operación limpieza y no le duelen prendas a la hora de actuar con mano de hierro. En este momento hay una comisión de investigación en marcha para analizar este tema tan escabroso y que tanto dolor causa en la Iglesia. En enero una delegación vaticana presentó en Ginebra ante la “Convención sobre los Derechos del Niño” de la ONU el informe sobre las medidas adoptadas por la Iglesia para condenar y prevenir los casos de abusos sexuales y proteger a los menores. ¿Por qué no lo recoge el informe hecho público por la ONU? No cabe duda de que hay una intención clara de perjudicar a la Iglesia.

¿Y por qué este ataque? Está claro y muy en consonancia con lo que acabamos de exponer sobre la postura de la Iglesia, contraria a las consignas propuestas por el laicismo radical, el feminismo de género, con todos los flecos expuestos. Este informe de la ONU es muy inquisitivo sobre la doctrina de la Iglesia en cuanto al aborto, la familia, el matrimonio homosexual y otros extremos, y le pide que reconsidere sus posiciones. La Santa Sede sale al paso de este ataque frontal y así lo manifiesta en un comunicado de hoy: “La Santa Sede lamenta ver en algunos puntos de las Observaciones Conclusivas un intento de interferir en la enseñanza de la Iglesia católica sobre la dignidad de la persona humana y en el ejercicio de la libertad religiosa […] y reitera su compromiso en la defensa y la protección de los derechos de los niños, en línea con los principios promovidos por la “Convención sobre los Derechos del Niño” y según los valores morales y religiosos que ofrece la doctrina católica”. Pero parece que la ONU está empeñada en refundar la Iglesia y reescribir el Evangelio.

Un solo caso de abuso sexual dentro de la Iglesia es mucho, y merece toda la condena. Dicho esto, echamos en falta que quienes tanto jalean los abusos cometidos por sacerdotes, hagan caso omiso a la pederastia practicada en otros colectivos, mucho más abundante que en la Iglesia. No se trata de hacer un ranking pero si nos guiamos por las estadísticas y estudios públicos, el índice de abusos dentro de la Iglesia es muy inferior al de otras corporaciones. No estaría mal por parte de este tipo de prensa tener en cuenta la objetividad y el código deontológico que todo informador que se precie debe seguir.

Tampoco está de más recordar que la Iglesia es la gran salvadora de los niños del mundo; la que tiene misioneros y misioneras trabajando desinteresadamente en los lugares más inhóspitos. Los funcionarios de la FAO, organismo de la ONU encargado de ayudar a los hambrientos, tiene más de 6.000 funcionarios. El setenta por ciento de su presupuesto está destinado a pagar sueldos. Algunos de estos funcionarios viven en villas al lado del mar en los lugares donde los niños son comidos por las moscas, el hambre y la malaria. Los misioneros de la Iglesia viven humildemente. ¡¡¡Hay que decirlo!!!

Hasta ahora, la ONU no había sido tan agresiva en los medios, a pesar de haber sostenido duros desencuentros con la Santa Sede desde el año 1995, fecha de la Conferencia de Pekín. La noticia se ha hecho mundial, y todos los medios de comunicación enemigos de la Iglesia y colaboradores en la instauración del laicismo radical, han aprovechado la noticia para atacarla y seguir manipulando a una sociedad deseosa de algo o alguien a quien linchar. Mientras tanto, la Iglesia, como observador permanente, en la ONU y en el mundo, continuará con su antorcha encendida para iluminar la verdad.