La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La respuesta cristiana a las miserias del mundo

La Santa Sede ha dado a conocer hoy el Mensaje del papa para la próxima Cuaresma, en el que el Santo Padre nos invita explícitamente a la pobreza, una pobreza en sentido evangélico. Dios no se nos ha revelado mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza. Y no es un juego de palabras. La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. Y es que hay una única miseria radical: la de no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.

El papa Francisco es muy claro y pedagógico cuando nos recuerda que estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas con el fin de aliviarlas. Pero especifica muy bien que “miseria” no coincide exactamente con “pobreza” y distingue tres tipos de miseria, la material, la moral y la espiritual. La miseria material es a menudo bien reconocible, cuando alguien vive en una condición indigna del ser humano por falta de los bienes de primera necesidad. Más ocultas, pero no menos preocupantes, son las miserias morales y espirituales, que en muchas ocasiones van unidas y que esclavizan al hombre en el pecado, separándolo de Dios.

Que, en palabras del papa, el tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a  cuantos viven en la miseria, la buena noticia del Evangelio.