La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Gusto por la vida

El INE acaba de dar a conocer una estadística muy dolorosa: en 2012 el número de personas que se suicidaron subió un 11 por ciento. El suicidio es la primera causa de muerte no natural, por encima de los accidentes de tráfico. Detrás de la inmensa mayoría de estos casos hay un gran sufrimiento, un dolor que nos interroga a todos y sin duda mucha soledad. No es extraño que haya hay momentos difíciles en los que parece que nada tiene sentido, pero si se está bien acompañado es más fácil recuperar la evidencia de que la vida es siempre grande y positiva, que merece la pena ser vivida.

Como dijo Teilhard de Chardin hace algunos años, la verdadera tragedia de nuestra época es la pérdida del gusto por la vida. Esta pérdida tiene su máxima expresión en el suicidio pero se manifiesta de muchos otros modos. Los accidentes de tráfico se han reducido poniendo radares en los carreteras, pero el método que ha dado resultados para la seguridad vial no sirve para la seguridad existencial.

Es necesaria otra fórmula: es necesario recuperar lo humano. Para lograrlo es necesario levantar la censura que se ha impuesto sobre las cuestiones relacionadas con el sentido. Parece que se puede hablar de todo menos del significado de la existencia. También hay que reconocer que necesitamos ayuda para amar la vida. Necesitamos a alguien que nos quiera por lo que somos y no por nuestros éxitos o fracasos. Que nos mire con una ternura definitiva. Necesitamos, como decían los griegos, un Dios que nos acompañe en esta complicada  y también apasionante travesía.