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El cardenal Rouco recuerda que «Tomás de Aquino es modelo de los que buscan por el camino de la sabiduría»

tomasCon motivo de la festividad litúrgica de Santo Tomás de Aquino, la Universidad Eclesiástica San Dámaso organizó un acto académico en el Seminario Conciliar, que concluyó con una celebración de la Eucaristía en la Capilla de dicho centro académico.
 
Presidida por el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, la Misa fue concelebrada por los Obispos auxiliares de Madrid, Mons. Fidel Herráez, Mons. César Franco y Mons. Juan Antonio Martínez Camino, sj, el Rector de la institución, Javier Prades, el Rector del Seminario, Andrés García de la Cueva, y numerosos sacerdotes formadores y profesores del centro académico.En su homilía, el Cardenal calificó a Tomás de Aquino como “modelo de los que buscan por el camino de la sabiduría que conduce a la vida y a la gloria eternas”. Señaló que ahora “podemos repasar la experiencia cultural y eclesial de los últimos años, a la luz de lo que Benedicto XVI llamaba ‘la dictadura del relativismo’. La palabra y el diagnóstico sobre la cultura de nuestro tiempo como relativista viene de antiguo. También lo dice Juan Pablo II en distintas ocasiones en su largo Pontificado. El Papa Francisco lo ha formulado de otra manera, subrayando el aspecto transitorio de lo que él habla tantas veces, en este magisterio diario y tan intenso que practica y que nos remonta a aquella vieja polémica que el marxismo introdujo en la vida de la Iglesia -en la vida de las preocupaciones y de las tareas pastorales de la Iglesia mezcladas con la teología- que es la diferencia entre ortopraxis y ortodoxia: se trataba de ser prácticamente cristianos sin ser teóricamente cristianos, o se trataba de hacer obras buenas sin pensar bien, haciendo una introducción de una dicotomía, no sólo en la vida intelectual y en la cultura entendida de una manera muy amplia, sino también en la vida de la fe y en la vida cristiana”.

 
Así, prosiguió, “Tomás de Aquino es una respuesta siempre actual para las cuestiones que tienen que ver con esa búsqueda de la sabiduría que lleva a alcanzar a Dios y la salvación. Toda la vida del santo fue una búsqueda intelectual, cordial y existencial de la verdad: desde muy joven. Y de la verdad que es la vida y que lleva a la vida, que no se puede separar de la vida, que al final es Jesucristo, camino, verdad y vida”.Recordó que “Tomás de Aquino vivió en un siglo de mucha controversia teológica, de doble verdad. La teoría de la doble verdad se quiere abrir paso en la vida de la Iglesia. Por supuesto, la vida de aquella sociedad de la cristiandad modulaba y configuraba todo. La separación entre lo temporal y lo espiritual se hacía difícil, mucho más todavía la distinción entre lo eclesial, lo espiritual y lo político. Esa concepción de un corpus cristianorum con dos cabezas -el emperador y el Papa- en la lucha de las dos espadas y los dos poderes, todo ese mundo que, además, confrontaba con la presión fuerte, intelectualmente incluso, del Islam, y con la presencia intelectual del mundo judío, que había vuelto a encontrarse con las fuentes del pensamiento antiguo, sobre todo de la filosofía antigua –concretamente, de Aristóteles-… En medio de todo esto, Tomás busca la verdad, convertirla en luz a través de una vida personalmente pensada, realizada desde la vocación que el Señor le da para ser testigo de su verdad: como profesor, como maestro y como divulgador de la verdad teológica que él conocía tan perfectamente. Por eso, santo Tomás es un modelo de que la búsqueda de la verdad es oración”. En este sentido, apuntó que “bien sabido es lo que se cuenta de sus últimos meses de vida, en la que la contemplación le lleva a un conocimiento casi directo con el Señor, y cesa de escribir y no termina la Suma Teológica”.

Así, “con ese modelo y en ese modelo, la Palabra de Dios, que es la que nos ayuda a conocer plenamente la verdad, que es la vida, que es Cristo, la verdad como camino para la vida y para una vida de plenitud, en él brilla”. “Conocer la verdad, adquirirla y vivirla tiene una fórmula, que es la fórmula de la sabiduría, del espíritu de Dios, la sabiduría de Dios”. “Sabiduría que hay que pedir al Señor, que viene de su Espíritu. Esa sabiduría es la que buscaba Tomás de Aquino”, aseguró.

“Santo Tomás fue un enamorado de Cristo, testigo del amor de Cristo, que vivió su vocación de consagrado y de sacerdote en la forma de enseñar la verdad, en facultades de teología nacientes, conectando su vida personal con el discurso intelectual, con un estudio riguroso. Es una vida de 49 años, jovencísima, y de una fecundidad que todavía perdura. Su nombre, su palabra, sus hechos… hacen que sigua siendo reconocido por la Iglesia como modelo para el quehacer teológico, tanto para los que lo enseñan como para los que lo estudian, para después vivir su vocación cristiana, apostólica, de forma pastoralmente más activa”.

María, señaló, “supo ser humilde, sencilla y abierta al Espíritu de Dios como nadie. Ella es prototipo de lo tiene que ser la apertura de la iglesia y del alma al Espíritu del Señor”. Por ello, afirmó que “no seremos buenos evangelizadores de nuestro tiempo si no vivimos con profundidad el principio y el primado de la verdad de Cristo, que es el camino, la verdad y la vida”, asegurando que “no hay peor enemigo de la verdad que un hombre que se considere superhombre”.

Concluyó invitando a los presentes a realizarse “como hijos de Dios, hombres del espíritu, discípulos de María que conocemos bien el modelo de Tomás de Aquino y lo seguimos”. Y exhortando a ser “apóstoles enseñando teología, rezando la teología y viviendo nuestra vocación cristiana con profundo conocimiento de la verdad, que es Cristo”.