La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El aborto es un horror porque es matar, pero no se atreven a verbalizarlo

  Magdalena del Amo, periodista

El Gobierno del Partido Popular se enfrenta a uno de los retos más trascendentes de los últimos tiempos: defender la Cultura de la Vida y legislar para que a los seres humanos concebidos, se les mantenga el derecho a la vida que tienen por ley natural, muy anterior al derecho positivo. Estos días, políticos de la izquierda, feministas de género, los de la Zeja y demás tropa progre no identificada, emplean su artillería para obligar al Ejecutivo de Rajoy a dar marcha atrás en su proyecto de derogar la Ley del aborto de Zapatero, ley que nos retrotrajo a las peores etapas de barbarie, cuando matar a discreción era normal porque regía la ley del más fuerte. Para los bebés en gestación de nuestro tiempo, rige esta antigua ley de la selva, bajo el calificativo de progresista y el derecho de las mujeres a decidir. Es tan aberrante, que a mí me hace sentir profunda vergüenza. Es paradójico que nuestra sociedad democrática tan aparentemente preocupada por los derechos humanos, que incluso se sonroja ante la pena de muerte, elabore leyes que nos permiten ejercer de dioses y decidir sobre quién debe nacer y quién no. Están pasando cosas muy graves. Que una persona noble llegue a interiorizar que eliminar a un ser humano es un derecho, y por tanto un bien, es un síntoma de ausencia de empatía. ¿Qué nos está ocurriendo, o qué nos ha ocurrido ya? El eufemismo es en la actualidad el rey del atril, y de eso saben mucho los asesores expertos en manipulación de masas. El “napalm” del eufemismo es el material de guerra mediático que mejor utilizan los voceros manipuladores cuando quieren llegar al fondo de nuestras conciencias. La izquierda, que maneja la arenga como nadie, ha conseguido implementar sus ideas laicistas, cuya máximo extremo es la destrucción de los más débiles. A fuerza de repetir, las consignas de la Cultura de la Muerte han hecho presa incluso en mentes bienintencionadas que han sucumbido ante un progresismo mal entendido. Estos días el bombardeo casi no nos deja ver el sol. Sobre esto se están diciendo grandes disparates. Y los peperos no se quedan atrás en esto de decir. ¡Quién les dio vela aquí a los Monagos, Feijóos y demás jefecillos sin sensibilidad de las taifas españolas! Que se ocupen del bienestar de los ciudadanos de sus comunidades y dejen de hacer guiños a ver si pueden  comer a dos carrillos. Lo cierto es que por primera vez el partido de la derecha se desnuda y deja ver su auténtica anatomía. La triste verdad es que excepto media docena de dirigentes, el resto es partidario del aborto. En un tema tan trascendente no caben ambigüedades. O se está a favor de la vida sí o  sí, o se acepta eliminar seres humanos a conveniencia. Tal como suena. Dígalo quien lo diga, aunque sean sesudos magistrados, plataformas de jueces o el Constitucional. ¡El derecho a la vida es prejurídico! Oímos decir que el Gobierno se metió en un berenjenal sin necesidad, en un jardín del cual le va a ser difícil salir. Sí había necesidad. El berenjenal lo llevaba en el programa y su cumplimiento lo venimos reclamando desde que llegó a La Moncloa. Hay que decir que si se hubiera abordado la reforma cuando la sociedad aún no estaba tan crispada por la política de recortes en sanidad, educación, dependencia y por los temas de corrupción; y cuando aún había esperanza de que “ellos” tuviesen la clave para generar empleo –así lo vendían en campaña—, la oposición no hubiera sido tan salvaje. Pero en este momento, el descontento general es utilizado por los banderilleros antisistema para crear “gamonales” por doquier. Pinchar las vísceras y las emociones de las masas es de fácil receta. Por eso estamos indefensos ante cualquier “liderito” espontáneo, que la prensa más radical elevará en pocas horas a la categoría de héroe civilizador. Y hete aquí que, a río revuelto por todo lo expuesto, todos contra Gallardón que nos quiere hacer volver a la era Cuaternaria. Y las masas lo creen. Porque además, ¡ojo!, estamos hablando del Ministro del tasazo, de aquel que eliminó de un plumazo el derecho a la justicia de los más desfavorecidos. Y eso es muy difícil de conjugar para una mente que no tenga las cosas claras, y está pagando las consecuencias. Es una opinión generalizada que el aborto es un drama, un horror. Pero no explican por qué. No se atreven a verbalizar que abortar es matar a un ser humano. Por eso emplean mil argucias para negar la premisa mayor. Los científico llegan incluso a hacerse trampas en el solitario. Por ejemplo, para poder manipular embriones, la embrióloga británica A. McLaren, presionada por la comunidad científica, acuñó en 1984 el término preembrión, un eufemismo para evitar discusiones éticas. Las campañas contra y a favor del aborto deberían ilustrarse con fotos y vídeos sobre estas intervenciones. Deberían dar testimonio las mujeres que han padecido o padecen síndrome postaborto. Deberían hablar los colectivos de  síndrome de Dawn; o los padres que tienen niños como el de Bertín Osborne. Solo así una mujer puede firmar el consentimiento informado que exige la ley. Si es un derecho, qué menos que saber todos los pormenores. No sé cómo saldrá de esta el Gobierno; si el aborto seguirá siendo un DERECHO, si volverá a ser DELITO o si se aplicará la pena de muerte a los bebés en gestación con malformaciones. Posiblemente el Gobierno entretenga el anteproyecto hasta pasadas las elecciones europeas; así disminuye el tono del debate mediático y, a las inmediatas, mantiene engañados a sus votantes. Luego, aún queda mucho tiempo para las generales; suficiente para que el votante olvide y se le pueda engatusar con una bajada de IRPF o algún golpe de efecto típico de prestidigitador de chistera, relacionado, eso sí, con lo económico, que es lo único ante lo cual nos mostramos sensibles. Es un gran reto para el Gobierno. Sin duda, la reforma de la ley del aborto  marcará un antes y un después para el Partido Popular. Por eso, intentará ralentizar el trámite parlamentario lo más posible. Mientras tanto, los bebés gestantes seguirán corriendo peligro. Los Morines y Barambios de turno, esperarán ansiosos con sus curetas a que las mujeres atormentadas –cuantas más mejor, más dinero en sus cuentas— acudan a sus abortorios a ejercer el DERECHO satánico de cortar en pedazos a sus hijos.