La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
CONVERSATION BETWEEN BELIEVERS AND NON-BELIEVERS

CONVERSACIONES. Capítulo XXIX (I): La mortalidad humana

 ABSTRACT

 

Chapter XXIX: “Human mortality” (“La mortalidad humana”).

 

Marías begins the penultimate chapter talking about death, and it makes an exposition of the meaning of the word, in both Greek and Latin. The threat of death determines the man at all times. The human mortality indicates not only that one can die as a possibility, but “has to” die with certainty. Man is a structure “closed”, has a life cycle that ends and concludes with the last age of old age, but though man is a structure “closed” in its empirical dimension, my life, I personally, am an open structure because living is to project and to imagine, I am inexorably future-oriented and forward looking. There are two key issues posed by Marías: on the one hand people do not know what is die, as we interpret it from outside of our life, and the second question is to know what it means to “die”, and then make us the crucial question : What will become of me? This question serves to introduce the last chapter of his book Death and project.

 

 

A continuación nos adentramos en el Capítulo XXIX (I): La mortalidad humana de Julián Marías Antropología metafísica.

 

Nuestro filósofo comienza este penúltimo capítulo de su obra, hablando de la muerte, para ello realiza una exposición etimológica de la palabra, tanto del griego como del latín. La palabra mortal está unida indisociablemente a la de hombre, estos son los opuestos a los dioses, que son inmortales. Julián Marías afirma, en relación a la muerte, que “El hombre topa, quiera o no, con las ultimidades, por el hecho radical de que tiene que morir. En la escatología cristiana, la muerte es la primera de las postrimerías o «novísimos»”[1].

La amenaza de la muerte condiciona al hombre en todo instante. Por una lado sabe que puede morir, pero que tenga que pasarle ¿cómo lo sabe?, únicamente a través de la experiencia: “Mi realidad está amenaza por mil contingencias: estoy «expuesto» a la muerte como una contingencia –algo que me puede «tocar»-, como una eventualidad; la muerte me puede ocurrir (occurrere, salir al encuentro)”[2].

La mortalidad en el hombre nos indica, no sólo que se puede morir como posibilidad, sino que «se tiene que» morir con certeza. Cuando acaece la muerte permanece el cuerpo como cadáver del hombre «los restos» y nos indica que a este hombre le ha pasado «haber vivido» [es decir, morir]. Así afirma que “sólo si descubre el hombre la mortalidad en su vida, dentro de ella, se sentirá, no ya mortales, sino lo que es más grave, moriturus. Esto significa que “para que el hombre sea moriturus –el que ha de morir-, la muerte tiene que alojarse en su biografía, tiene que adquirir dentro de ella, no ya un lugar, sino un puesto necesario”[3].    La muerte siempre aparece envuelta de cierta «irrealidad», pues en ciertamente nunca la tomamos en serio, pensamos que «no va con nosotros»; es algo que le ocurre a los demás. “Esto nos hace inadmisible la identificación de la persona con su cuerpo; la muerte de este es perfectamente inteligible, pero eso no nos ayuda a entender la muerte de la persona de quien era ese cuerpo”[4]. Pero el hombre es una estructura «cerrada», tiene un ciclo biológico que termina, no es indefinidamente argumental, concluye con la edad última de la vejez.

Pero aunque el hombre sea una estructura «cerrada» en su dimensión empírica, mi vida, es decir yo como persona, soy una estructura abierta, pues vivir es proyectar e imaginar, soy inexorablemente futurizo y orientado hacia el futuro[5]. El “horizonte vital es elástico y se va dilatando a medida que se avanza en la vida; desde una proyección hacia planos muy próximos, la perspectiva vital va adquiriendo mayor profundidad […] cuando se va llegando a «ser mayor», se cae en la cuenta de que esto no significa instalarse en un presente estable, sino que vivir sigue siendo hacer algo en vista al futuro […] cuando el horizonte empieza a adquirir un contorno preciso, cuando se palpa la limitación de la vida en el tiempo futuro, termina con la muerte”[6].

Esta pregunta le sirve para introducir en la segunda parte de  Capítulo XXIX: La mortalidad humana de su libro Antropología metafísica, y que expondremos la próxima semana.

 



[1] MARÍAS, J., Introducción a la filosofía, Alianza Editorial, Madrid, 1981, pág. 85

[2] MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza Editorial, Madrid, 1995, pág. 211

[3] MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza Editorial, Madrid, 1995, pág. 213

[4] MARÍAS, J., Mapa del mundo personal, Alianza Editorial, Madrid, 1994, pág. 201

[5] MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza Editorial, Madrid, 1995, pág. 215-216

[6] MARÍAS, J., Introducción a la filosofía, Alianza Editorial, Madrid, 1981, pág. 294