La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

¿Hasta cuándo la separación?

Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- Nos encontramos en la denominada Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. En realidad, la misma es tan necesaria porque, en efectos, los cristianos, por unas cosas o por otras, no nos encontramos unidos sino separados y, a veces, demasiado separados.  ELEUTERIO

 

Hace ya demasiados años que los discípulos de Cristo nos encontramos, puede decirse así, cada uno por su lado. Desde la separación ortodoxa de hace muchos siglos hasta la más “reciente” protagonizada por Lutero y los suyos en el siglo XVI bien podemos decir que el Cuerpo de Cristo, la Iglesia que fundó entregando las llaves de la misma a Pedro, aquel que le negó hasta tres veces, se encuentra dividido.

 

Pues bien, el lema para este año es síntoma de lo que pasa. Se pregunta si es que Cristo está dividido pues en la Primera Epístola a los Corintios (1, 1-17) se dice esto que sigue:

 

“Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y Sóstenes, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto: a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor nuestro, de nosotros y de ellos gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo. Doy gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús, pues en él habéis sido enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo conocimiento, en la medida en que se ha consolidado entre vosotros el testimonio de Cristo. Así, ya no os falta ningún don de gracia a los que esperáis la Revelación de nuestro Señor Jesucristo. El os fortalecerá hasta el fin para que seáis irreprensibles en el Día de nuestro Señor Jesucristo. Pues fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la comunión con su hijo Jesucristo, Señor nuestro. Os conjuro, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio. Porque, hermanos míos, estoy informado de vosotros, por los de Cloe, que existen discordias entre vosotros. Me refiero a que cada uno de vosotros dice: ‘Yo soy de Pablo’, ‘Yo de Apolo’, ‘Yo de Cefas’, ‘Yo de Cristo’.  ¿Está dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? ¡Doy gracias a Dios por no haber bautizado a ninguno de vosotros fuera de Crispo y Gayo! Así, nadie puede decir que habéis sido bautizados en mi nombre. ¡Ah, sí!, también bauticé a la familia de Estéfanas. Por lo demás, no creo haber bautizado a ningún otro. Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio. Y no con palabras sabias, para no desvirtuar  la cruz de Cristo.”

 

Podemos ver, en este extenso texto, que el apóstol de los gentiles, nos muestra que la esencia de la unidad de los cristianos está, precisamente, en ser discípulos de Cristo. Y habla de la comunión en el Hijo de sus discípulos. Comunión que no debería haber sido rota por cualquiera causa o motivo por muy importantes que fueran unos u otros.

 

La pregunta que se nos hace (¿Está Cristo dividido?) se hace para darnos a comprender el hecho mismo de la separación de los creyentes cristianos. Nosotros podremos estar divididos, por separados, pero Cristo, la causa de nuestra inicial unión, no lo está pues es Dios hecho hombre y sólo quiere, en todo caso, que sus hijos vayan a Él y estén con Él.

 

Es bien cierto que la unidad de los cristianos pudiera parecer que es imposible de llevar a cabo. En verdad, no es fácil que quienes, durante muchos siglos, no han querido permanecer fieles a Cristo y se han separado, ahora vayan a querer volver el camino recorrido y situarse, exactamente, donde estaban antes de creer que, por hacerlo mal la Esposa de Cristo en determinados aspectos, convenía la separación. Pero eso no debería ser obstáculo, sino al contrario, para procurar la unidad que tanto quiere Dios y su Hijo Jesucristo.

 

En realidad, debería bastar con lo que dice Jesucristo en un momento determinado de la Última Cena. En concreto, en los versículos 20 y 21 del capítulo 17 del evangelio de san Juan, recoge el más joven de los apóstoles esta petición de Cristo a Dios:

 

“No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.”

 

Dice Jesús que ruega a Dios por todos los que han creído, creen y creerán en Él. Pide por ellos. Pero no pide, por ejemplo, por su bien material sino para que, espiritualmente, sean, seamos, uno.

 

Y eso es una petición del Hijo al Padre que sólo puede llevarse a cabo por la acción del Espíritu Santo. Si es que, claro, escuchamos sus gemidos inefables.