La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Cardenal Rouco recuerda a los obispos difuntos de Madrid que han ejercido su servicio “ejemplarmente, con entrega sin condiciones, sin reservas y sin límites”

El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, presidió ayer en la Catedral de la Almudena una Eucaristía por los obispo difuntos en Madrid. Estuvo concelebrada por los obispos auxiliares Mons. Fidel Herráez y Mons. César Franco. rouco

En su homilía, el Cardenal destacó que la Eucaristía de sufragios se celebraba por las almas de los obispos de Madrid fallecidos, “ministros de la presencia del Pastor, del Señor” y dio gracias porque “nuestros arzobispos  y obispos auxiliares ejercieron ese servicio ejemplarmente con entrega sin condiciones, sin reservas y sin límites”.

Así, reconoció que la Iglesia diocesana se siente “agradecida” y subrayó que el Pastor “lleva al bautizado por los caminos de la vida” y “ayuda a que el hombre se encuentre con el Señor”. En este punto, explicó que en la Diócesis se está llevando a cabo la Misión Madrid desde el 2011, un plan pastoral para llevar a cabo la misión. En este sentido, citó la recientemente publicada exhortación apostólica del Papa Francisco, en la que “invita a la iglesia a ser misionera profundamente para que los hombres encuentren ese camino de la vida”.

Recordando a los obispos difuntos, habló de Don Eugenio –Mons. Eugenio Romero Pose- como “un gran misionero de la fe” y de todos los que “han presidido esta iglesia de Madrid en la caridad y la han conducido por la vía y el itinerario de la fe”. Así, destacó el “servicio” del cardenal Tarancón para “la acción misionera de la Iglesia, la relación con sociedad y la comunidad política de Madrid y de toda España que necesitaba ser evangelizada, que de la Iglesia salieran hijos e hijas dispuestos a ser misioneros”.

También habló de Casimiro Morcillo, quien previamente “aplica el vaticano II a la archidiócesis”, es decir, “su sentido misionero, la creación de nuevas parroquias, el impulso que da al Seminario de Madrid y todo su entusiasmo para llevar el evangelio a todos los barrios de Madrid”.

En los años 50 y 60 puso de manifiesto la “acción misionera de primer orden”. Así, agradeció “toda la historia misionera de este Madrid, capítulo de misión explícita de sacerdotes, religiosas y religiosos y seglares que alimentados por la fe han dado su vida al servicio de la misión fuera de Madrid y de España”. Y concluyó encomendándose a la Virgen para que ayude a todos los pastores a ejercer su misión.