La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

De la Plaza de Colón al derecho a la libertad frente al derecho a la vida

Decía Churchill que mirar demasiado al pasado nos aleja del futuro. Y quizá llevara razón. Aquí, en España, parece que estamos condenados a mirar el pasado quizá porque nos interese menos el futuro que ajustar las cuentas de una guerra que parece eterna, reclamar derechos históricos aunque sean inventados, o reclamar simplemente justicia. Ayer, en la Plaza de Colón, el reloj no dio marcha atrás una hora sino varios años, cuando las víctimas del terrorismo clamaban contra la nefanda negociación con ETA que ya se sabía cómo iba a terminar, es decir, justo como ha terminado, con los filoetarras en las instituciones y el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo humillando a las víctimas.

Pero, claro, en la plaza de Colón  al reclamar justicia víctimas del terrorismo, clamaban, al mismo tiempo, por sus propios derechos humanos ya que no podían exigir, con retroactividad, el derecho a la vida de quienes fueron asesinados. Precisamente estos días posteriores a la bochornosa sentencia de los guardianes europeos de los derechos humanos, se ha podido escuchar, en varias tertulias de radio y televisión, a una ex ministra de Zapatero que defendía el derecho de los asesinos a la libertad como el más sagrado de los derechos, sin preocuparse en absoluto del derecho a la vida que tenían las víctimas de esos verdugos a los que se va a reducir su pena. Esa ex ministra formó parte del Gobierno que decidió enviar al jurista López Guerra a Estrasburgo para culminar el “proceso de paz” que convirtió a la banda terrorista en un interlocutor político. De alguna forma, esa defensa desaforada de la libertad frente a la vida, mostraba todo el paradigma que llevó a esa Gobierno a poner por delante el “derecho a decidir” de las mujeres embarazadas al derecho a la vida de sus hijos.  Lo cual nos lleva a la pregunta absurda de donde está la libertad de los que mueren asesinados.

Bien es verdad que esos asesinos han pasado ya más de veinte años en la cárcel. Pero precisamente la llamada “doctrina Parot” que avalaron el Supremo y el Constitucional, se les aplicaba para que, al menos, cumplieran el máximo de pena establecido en nuestro Código Penal, es decir, treinta años de privación de libertad aunque hubiese sido condenados a tres mil años. Aquélla “doctrina”, que suplantó a una ley en toda regla que debió aprobarse en su momento, se aplicó precisamente para acabar con esa burla de la justicia que consistía en redimir penas por trabajos o estudios en prisión en aras de una supuesta reinserción social… aunque los asesinos no se arrepintieran de sus crímenes. Era también una manera de decirles a las víctimas, -que jamás han intentado tomarse la justicia por su mano- que confiaran en el Estado de Derecho…

Es evidente, sin embargo, que cuando Zapatero tomó la decisión de considerar el terrorismo como un instrumento de lucha política, poniendose al mismo nivel que ETA -en eso ha consistido el “proceso de paz”- lo que hizo fue vulnerar la noción misma de justicia, sin importarle el daño moral que iba a infligir a las víctimas. Puede que Zapatero, que sigue tan campante en su refugio del Consejo de Estado, haya pagado ya sus felonías con la derrota sin paliativos del partido que lideraba. Pero no ha podido borrar la memoria de las víctimas del terror y por eso ningún socialista reconocible acudió a la Plaza de Colón para dar un mínimo de calor a quienes no han tenido más remedio que volver a manifestarse para pedir Justicia sin paliativos, sin redenciones de penas.

Pero si penoso es que los terroristas que empiezan a ser excarcelados no se han arrepentido ni pedido perdón por sus crímenes, más aún resulta que los socialistas que tanto apoyaron el “proceso de paz” tampoco se hayan arrepentido de aquella traición al Estado de Derecho. Todo lo contrario: se muestran muy satisfechos de que ya no se cometan atentados con coches-bomba ni tiros en la nuca. Pero lo que ha ocurrido aquí, durante esos años de plomo que se iniciaron en la postrimerías del franquismo, es la certeza de que los casi mil asesinatos cometidos por ETA, han sido “rentables” desde el punto de vista político y hasta penal. Matar no solo le ha salido casi gratis a los asesinos sino que les ha valido para estar hoy en las instituciones y para ser acogidos como héroes a la salida de la cárcel.

Insiste mucho nuestro ministro del Interior, Fernández Díaz, que sin duda es una buena persona, que nunca hubo un “proceso de paz” y que ETA ha sido derrotada policialmente, aunque no se haya disuelto todavía , además de no haber alcanzado sus objetivos, razón por la cual anunció el cese de sus actividades. Curiosamente, su opinión coincide con la del secretario general del PSOE y ex vicepresidente del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba… que ha salido indemne del “caso Faisán” y que, por supuesto, ni se le pasó por la cabeza acudir a la Plaza de Colón para demostrar su simpatía por las víctimas del terror. No es ésta precisamente la percepción de quienes se han manifestado en demanda de Justicia…

Está todavía por ver hasta qué punto el Gobierno está dispuesto a ilegalizar Sortu por mucho que el ministro Fernández Díaz diga que no tolerará la humillación de las víctimas y anuncie que ha comenzado a funcionar el contador de sus atentados a la ley. Pero acaso lo más humillante para todos los españoles que se sienten victimas del terror –no solo los familiares de los asesinados- es ver a Bolinaga de paseo o la sonrisa de triunfo Inés del Río al salir de la cárcel o de su abogada al exhibir la sentencia del Tribunal de Estrasburgo… De momento, quienes ríen son los terroristas y sus amigos.