La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Poder espiritual para afrontar dignamente la existencia

José Mª Martí Sánchez. Doctor en Derecho.- El ser humano se singulariza porque, dentro del reino animal, actúa movido por un fin que asume voluntariamente. En esta sinapsis del conocer con el querer —facultades espirituales típicas— reside la clave del obrar humano. Cuando falta la necesaria información o la determinación de la voluntad se cae en la atonía y la vida languidece. No existe convicción para emprender ninguna empresa e incluso vegetar se vuelve penoso. Ortega, en su Misión de la Universidad, habló del poder espiritual como resorte de las capacidades humanas. Es él quien ordena el esfuerzo para hacerlo fecundo, su ausencia da paso al anonimato o la ceguera. De este modo, la persona y los grupos sin dirección espiritual caen en el tedio y el aislamiento. El marasmo de la masa sería la mejor imagen de decadencia, estado que no hay que confundir con la crisis. Si en esta persiste la pujanza por mejorar, en la decadencia la resignación ha ganado la partida.  josemariamartisanchez

El cine, fiel espejo de tantas ilusiones y vaivenes como agitan al hombre contemporáneo, ha experimentado esa falta de fuelle. “Vaciadas las tradiciones de sentido tras las intrigas vanas, la acción por sí misma, el sexo deshumanizador, la violencia extrema o el terror de carnicería, las películas se han quedado sin argumentos y, por eso, se vuelven a las fuentes de aquella dramática (drama) que pueda motivar al espectador no solo para adormecerle, sino para ofrecerle verdad y esperanza al mirar la realidad (documental)” (P. Sánchez Rodríguez). Hoy no solo urge reabastecer el cine de espíritu. Asimismo necesita nuevo aliento la familia, donde se ha descuidado el fuego del hogar; la enseñanza reglada, carente de maestros y obsesionada con las “competencias”, y la vida pública, huérfana de poder espiritual, sin líderes que estimulen y orienten, con afán de servicio.

Dando un paso en el diagnóstico, la etiología de la parálisis que nos atenaza está en el miedo a pensar, a afrontar la realidad en su radical inseguridad (Julián Marías). El hombre de fe, con el aplomo que da un pensamiento fuerte, superó el reto de la confianza. El Hno. Roger de Taizé tituló uno de sus libros la Dinámica de lo provisional (1977). Eso ahora ha cambiado, el derrumbe de las grandes utopías del siglo xx ha traído la decepción. Además, para quien es presa del hedonismo y las adicciones, la intrepidez no parece rentable. Algunos han esperado que el poder público remedie las carencias. Que sea él quien insufle la energía que le falta a una sociedad anémica y disgregada. Es una salida falsa que desemboca en la corrección política. Un discurso pobre hecho de tópicos cuando no de prejuicios. “El campo del sentido último es algo que corresponde, en la sociedad civil, a las organizaciones religiosas, las filosofías y las espiritualidades, que tienen la misión de contribuir al bien común, de reforzar los vínculos sociales y promover los valores universales que fundamentan el mismo orden político” (Comisión Teológica Internacional, Hacia una ética universal, 95).

“Se experimenta con fuerza [y añadiríamos, en todos los ámbitos] una difundida sed de certezas y de valores” (Benedicto XVI), un pensamiento fuerte. El tribuno Juan Donoso ya denunciaba la inoperancia de las teorías oportunistas o del consenso. Una visión teológica global y exigente de la vida, siempre tiene más puch y fuerza de seducción. De ahí el ascendiente, sobre intelectuales y multitudes, del socialismo del siglo xx, a pesar de pedir la amputación de aspiraciones profundas y legítimas —era más activo que contemplativo, más de transformar que de compadecer y ayudar—, y de las promesas fallidas.

Necesitamos levantar el ánimo, redescubrir la capacidad de asombro, abandonar las fórmulas manidas y rutinarias, para responder, con creatividad, a un nuevo tiempo que amanece, ¡miradlo, ya está aquí y es el nuestro, el de nuestros hijos o nietos!