La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Mártires que fueron y mártires que son

Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- El pasado domingo 13 de octubre se llevó a cabo la ceremonia de beatificación de más de 500 mártires procedentes de la persecución habida en España en el siglo XX y, en concreto, en los terribles y temibles años treinta del siglo pasado, tiempo que ni Diocleciano soñó tener a mano en contra de los discípulos de Cristo. Todo un gozo para quien sabe que Dios ha de estar muy contento de que haya hijos suyos que encaren una muerte tan pronta e injusta de una manera tan fiel.  ELEUTERIO

 

Sin embargo, hoy día, seguramente ahora mismo, muchos otros hijos de Dios que se saben cristianos están pasando por su propio calvario.

 

En todos estos creyentes, los que fueron martirizados y los que, ahora mismo, lo son por el simple hecho (¡gozoso!) de sentirse hijos de Dios y no querer abandonar su fe cristiana, concurren una serie de virtudes y gracias que deberíamos tener muy en cuenta.

 

Fidelidad

 

Resulta ser un síntoma. Comportarse en un momento tan terrible como es el de exigencia de apostasía o de blasfemia contra la fe o contra Dios mismo como si eso no tuviera nada de importancia (la exigencia y no lo otro) es muestra, una vez más, de saber en qué se cree y de saber, sobre todo, que no se puede romper con la fe de una forma tan rastrera. Es decir, en el momento del martirio, o mejor, antes del mismo cuando se pide a los futuros mártires que, en general, renieguen de su fe, es cuando los mismos muestran su recio ser cristiano. Son fieles a Dios y a lo que creen porque no saben mejor forma de ser hijos y la ponen en práctica.

 

La fidelidad, como virtud, muestra que es posible, más que posible, estar a atento a lo que nos conviene que no es otra cosa que permanecer impertérritos ante las amenazas, muy graves fueron las que soportaron y soportan los mártires, y ser conscientes de que Dios, que nos mira y nos ama, sabe que ha valido la pena, en tales casos, crear a tales personas. Fieles hasta muerte, fieles en la muerte.

 

Fidelidad como ejemplo, luz de todas las luces ante el porvenir.

 

Perseverancia

 

Muchas veces, como seguramente podrá verse y leerse en los procesos que han terminado con la inclusión en la lista de los beatificados, habrán tenido que mostrar aquellos creyentes que no es imposible perseverar en la fe.

 

La perseverancia es posibilidad exigida por el Creador, exigida por necesaria, porque no es imposible llevarla a cabo y contemplarla en nuestra vida. Y tales creyentes lo demostraron y otros, hoy mismo, también lo demuestra.

 

Con todo, no es que digamos que sin perseverancia no se pueda caminar por el camino de la fe sino que es difícil hacerlo si a las primeras de cambio cedemos ante las pretensiones del Mal.

 

Aquellos mártires supieron ser perseverantes y, por eso mismo, sabemos que podemos hacer frente a las tribulaciones como los mismos lo hicieron. Perseverancia, pues; oración, pues, también con perseverancia.

 

Perdón – Misericordia

 

Si hay algo, además de lo dicho, que caracterizó la vida de los mártires que hace poco subieron a los altares católicos, es el mismo comportamiento ante quienes les perseguían y estaban a punto de acabar con sus vidas.

 

Por imitación a Cristo, Mártires de entre los mártires, no podían hacer otra cosa que perdonar a quienes los iban a matar. Otra forma de ser y actuar no se puede esperar del discípulo de Cristo que sabe que no puede ser, en efecto, más que su Maestro pero, al menos, ha de procurar no ser menos. Y tal ocasión, la de la inminente muerte, no puede ser tenida en cuenta sin saber que supieron perdonar. Fueron, así, puros testigos; mártires, pues.

 

Por eso, porque todos los beatificados el pasado domingo 13 de octubre y los que pueden estar muriendo en estos instantes por causas similares, son un ejemplo para todos los que peregrinamos hacia el definitivo Reino de Dios, demos gracias al Creador por haber suscitado, entre nosotros, unos ejemplos tan claros y diáfanos de lo que supone ser hijos de un mejor Padre.

 

¡Viva Cristo Rey! que era la forma de decir ¡Viva Dios Misericordioso! y era la que escogieron muchos de ellos ante las pistolas o las escopetas, es lo menos que podemos decir ahora y siempre, siempre, siempre.