La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Los polvos de ayer y los lodos de hoy

 

Cuando Rodríguez Zapatero declaró que la nación española era “un concepto discutido y discutible” colocó una bomba de relojería en los cimientos de un Estado cuya Constitución había prometido cumplir y hacer cumplir. Esa malhadada frase era, en la práctica, una invitación a los partidos nacionalistas a burlar la ley. Ya estaba en marcha la negociación con la banda terrorista ETA que pretendía lograr paz a cambio de contrapartidas políticas. Vino después el reconocimiento del Estatuto catalán, a sabiendas de que era contrario a la Constitución.

De aquellos polvos estos lodos. El secesionismo ha encontrado en la confusa idea de España de Zapatero el aval para desafiar al Estado. Y lo peor es que la ambigüedad calculada del PSOE continúa cuando el órdago ya está lanzado.   En esa ambigüedad se inscribe la abstención del PSC de Pere Navarro en la votación que permitirá al batasuno Arnaldo Otegui asesorar por escrito y desde la cárcel a la Comisión por el Derecho a Decidir creada por el parlamento de Cataluña. La confusa idea de España que llevó a Zapatero a forzar las líneas rojas del Estado de Derecho sigue siendo parte de la herencia ideológica que ha dejado a su partido. Si de sabios es rectificar, ya es hora de que el PSOE recupere el sentido de Estado del que hicieron gala, pese a sus errores, los anteriores dirigentes socialistas con Felipe González a la cabeza.