La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Papa, ante la nueva tragedia de Lampedusa: “¡Es una vergüenza! ¡Que nunca más vuelva a ocurrir!”

lampedusa“Ante las numerosas víctimas del enésimo trágico naufragio ocurrido en las costas de Lampedusa, me viene la palabra vergüenza, es una vergüenza”. Así se expresó el Santo Padre al recibir a los participantes a las jornadas de celebración del 50 aniversario de la Encíclica “Pacem in Terris” promulgada por Juan XXIII en abril de 1963.

Estas han sido las palabras de Francisco:

“No puedo dejar de recordar con gran dolor a las numerosas víctimas del enésimo trágico naufragio ocurrido hoy en las costas de Lampedusa. Me viene la palabra vergüenza, es una vergüenza. Recemos juntos a Dios por quienes han perdido la vida, hombres, mujeres y niños, por los familiares y por todos los prófugos ¡Unamos nuestros esfuerzos para que nunca más se vuelvan a repetir semejantes tragedias! ¡Sólo una decidida colaboración de todos puede ayudar a prevenirlas!”

Como se recordará, el pasado mes de junio el Papa Francisco realizó una inesperada visita a la pequeña isla de Lampedusa, frente a las costas de Túnez y Libia, para reunirse con «los últimos», los inmigrantes africanos que llegaron en barcos miserables abarrotados de gente exhausta. Al reunirse con el primer grupo que le esperaba en el muelle, el Papa tuvo un recuerdo para «los que no están», decenas de millares de personas, en su mayoría jóvenes, que murieron en el intento de llegar a Europa. Eran africanos y refugiados de Oriente Medio que huían de la guerra, los abusos o la miseria. Muchos de ellos, explotados por los traficantes de seres humanos.

Poco después, en la misa celebrada en el campo de fútbol, el Papa reveló que las noticias sobre los naufragios de pateras y la continua acumulación de miles de víctimas le «dolían continuamente como una espina en el corazón. Por eso sentí que tenía que venir hoy aquí a rezar». Pero no basta con rezar y quedarse quieto. Su intención, dijo, es «despertar nuestras conciencias para que lo sucedido no se repita». Y lo hizo saludando en primer lugar a los inmigrantes musulmanes, que empiezan el ayuno del Ramadán, y dando las gracias «a los voluntarios y las fuerzas de seguridad, que habéis demostrado tanta atención a estas personas que viajan hacia un destino mejor».

El Santo Padre dirigió a los presentes y a toda Europa la pregunta de Dios en el Génesis: «Caín, ¿Dónde está tu hermano?», pues se ha llegado a «toda una cadena de errores que es una cadena de muerte que derrama la sangre del hermano». El Papa insistió en que «no es una pregunta dirigida a otros, sino a mí, a ti, a cada uno de nosotros. Estos hermanos nuestros que intentaban escapar de situaciones difíciles han encontrado la muerte».

Para colmo, nadie se hace responsable. El Santo Padre citó la obra «Fuente Ovejuna» de Lope de Vega para plantear «¿Quién mato al Gobernador?, Fuente Ovejuna, señor». Se hacen responsables todos y, por lo tanto, ninguno.

Del mismo modo, «nadie se siente responsable» de la tragedia de las pateras pues, según el Papa, «la cultura del bienestar nos hace insensibles, nos hace vivir en pompas de jabón, que lleva a la indiferencia respecto a los demás. Que lleva a la globalización de la indiferencia. ¡Hemos caído en la globalización de la indiferencia!».

Francisco planteó una pregunta directa: «¿Quién de nosotros ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas? ¿Por las jóvenes madres que llevaban a sus hijos?». En efecto, «somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar», que se vuelve indiferente ante la muerte. Por eso invitó a rezar «para que el Señor limpie los restos de Herodes que hay en nuestro corazón». Y a pedir perdón por «quienes se encierran en su propio bienestar, que lleva a la anestesia del corazón. Y por quienes, con sus decisiones a nivel mundial han creado las situaciones que llevan a estos dramas».

El Papa se había emocionado ya durante su breve recorrido por mar –desde el aeropuerto hasta el muelle- en la patrullera italiana CP282, que ha rescatado del mar a más de 30.000 personas en ocho años de servicio. Varias zonas del puerto, convertidas en cementerio de barcos miserables, recordaban el inmenso cementerio marino, entre Lampedusa y las playas de Libia, donde reposan decenas de miles de personas que nunca completaron la travesía.