La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Fracaso del radicalismo

No son pocos los datos que apuntan a una estrategia de radicalismo en los más variados ámbitos de la vida social y política. Muestras de un inaceptable extremismo han sido, por ejemplo, la toma de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, el impropio comportamiento del nacionalista Beiras en el Parlamento Gallego o el fracasado asalto al Congreso de los Diputados. Este radicalismo ideológico está amparado por la izquierda extrema y por los grupos antisistema, y en no pocas ocasiones consentido tácitamente por partidos políticos que debieran ser referentes de normalidad democrática.
El fracaso del asedio planificado al Congreso de los Diputados, sede de la soberanía del pueblo español, no sólo es un éxito de las Fuerzas de Seguridad del Estado, con un ejercicio sobrio y ejemplar de su función al servicio de la convivencia. Es también un triunfo de esta sociedad, que aunque inmersa en una crisis de ideas y agotada económicamente, apuesta por el normal desarrollo de las instituciones y rechaza toda acción que nazca de la violencia tanto física como social. La violencia ni es un medio legítimo en democracia ni es un medio para la solución de nuestros problemas. No era solo un intento (patético) de asalto al Congreso, sino una batalla moral y cultural. Y una vez más los radicales la han perdido.