La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Dios está en cada descubrimiento científico

octavio ronceroOctavio Roncero, periodista especializado en divulgación científica.-  Hay gentes que consideran a la ciencia como algo ajeno a Dios. No es así. Empecemos con un cita de Albert Einstein: “El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la Ciencia logra abrir”. Sí, la naturaleza la hizo Dios y es  bella y hermosa, toda una maravilla, y los científicos que tratan de descubrir lo que hay detrás de la naturaleza, son los primeros que encuentran a Dios en la “otra” naturaleza, la que no está a la vista de cualquiera.

La busca del conocimiento, de saber más de lo que nos rodea, siempre tropieza con la obra de Dios. Descubrir lo que hay detrás de la naturaleza, no es más que toparse con los entresijos de la obra de Dios, de maravillarse de cómo Dios ha ido creando todo lo que nos rodea. Saber algo más de los entresijos su obra, nos lleva a toparnos con esa otra naturaleza invisible en la que está apoyada  la naturaleza que todos los días vemos, a veces con la misma suficiencia con que despreciamos lo que nos dan, sin gasto alguno para nosotros.

La Ciencia no puede apagar la obra de Dios. Si  Einstein dice que “Dios no juega a los dados” estamos ante la afirmación de un científico convencido de que toda la naturaleza ha sido creada por Dios y no por un jugador –el azar en definitiva- lo que seria una solemne estupidez. Así, cuando los científicos van descubriendo, poco a poco, la “otra” obra invisible de Dios, no hacen mas que constatar que detrás no hay un azar sino la presencia de Dios, tal y como puede también observar cualquier persona, sea un sabio o un ignorante, por su propia inteligencia que al menos intuye que la naturaleza que ve está apoyada en un cúmulo de hechos que la hacen posible.

No, Dios no juega a los dados para crear la naturaleza, no es el azar lo que ha creado Dios, es una auténtica maravilla, pensada por un inteligencia superior,  ajena a cualquier  juego de azar. No es un jugador, es Dios. Para creer en Dios no hace falta mas que abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor, a la inmensa grandeza de nuestro planeta Tierra y después contemplar lo que vemos, ese mudo tan inmenso frente a la pequeñez de los hombres. Insisto: no es el azar lo que mueve a las estrellas y los planetas, es Dios quien está en todo ello.

El hombre es pequeño, pero Dios ha dotado de una inteligencia superior a unos pocos hombres, los científicos,  que se dedican a descubrir las razones que hacen posible que exista nuestro mundo moviéndose en el espacio, sin chocar, todos los días, los unos con los otros.