La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Anunciar el Evangelio a todo el mundo sin miedo a las cosas grandes, exhorta el Papa

ppfranciscomisa250413Al presidir ayer la Misa en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco señaló que la misión de la Iglesia es anunciar el Evangelio a todo el mundo sin tenerle miedo a las cosas grandes, manteniendo siempre la humildad.

Así lo indicó el Papa en la Misa por la fiesta de San Marcos en la que participaron algunos miembros de la Secretaría del Sínodo para los Obispos.

Comentando el pasaje de hoy que narra la Ascensión de Jesús, el Santo Padre dijo que el Señor, antes de subir al cielo, manda a los apóstoles a anunciar el evangelio «hasta los confines del mundo, no sólo en Jerusalén o en Galilea».

«El horizonte es grande y, como se puede ver, éste es el carácter de la misión de la Iglesia que va adelante con esta predicación: a todos, a todo el mundo. Pero no va adelante sola: va con Jesús… El Señor trabaja con los que predican el Evangelio».

El Papa resaltó que «esta es la magnanimidad que los cristianos deben tener. Un cristiano pusilánime no lo entiende: es propio de la vocación cristiana, esta magnanimidad: siempre más, siempre más, siempre adelante».

El Santo Padre se ha referido también a la primera Carta de San Pedro que define el estilo cristiano de la predicación: «La humildad, el servicio, la caridad, el amor fraternal… Pero ¡Señor tenemos que conquistar el mundo! Esa palabra ‘conquistar’ no está bien. Tenemos que predicar al mundo. El cristiano no puede ser como los soldados que cuando ganan la batalla arrasan todo».

«El cristiano anuncia el Evangelio con su testimonio más que con las palabras y con una doble disposición: un ánimo grande que no se asusta de las cosas grandes, de caminar hacia horizontes inmensos y la humildad de tener en cuenta las pequeñas cosas».

Finalmente el Papa dijo que «el triunfo de la Iglesia es la Resurrección de Jesús. Pero está la Cruz primero. Pidamos hoy al Señor que nos haga misioneros en la Iglesia, apóstoles en la Iglesia pero con este espíritu: una gran magnanimidad y también una gran humildad. Así sea».