La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La batalla anti-matrimonio gay proseguirá en Francia después de la probación de la «ley Hollande», para propiciar en la vida pública una “poli-ética”

3163680_3_95e4_des-milliers-d-opposants-au-mariage-homosexuel_b9745a3ab9b6210701b10540927b4a56A dos días de la votación en la Asamblea Nacional del proyecto de ley definitivo que legaliza el “matrimonio” homosexual y permite la adopción de menores por parte de estas parejas, millares de manifestantes contrarios a la ley ha vuelto a llenar las principales calles de París aún a sabiendas de que la mayoría parlamentaria aprobará la nueva norma legal. A partir de ahora, según los dirigentes de la manifestación, la batalla en contra del «matrimonio» entre homosexuales, se centrará en campañas de sensibilización social en favor de lo que los dirigentes de este movimiento consideran una «poli-ética» en consonancia con los valores sociales que defiende la Iglesia católica.

A diferencia de la gran manifestación del pasado 24 de marzo que consiguió reunir en la capital francesa a más de un millón de personas, en esta ocasión se ha querido limitar la oposición a la ley al nivel puramente regional, sin movilización de medios de transporte, en un gesto que solo ha pretendido mantener la continuidad y validez de su postura. También se han querido evitar actos de violencia como los sucedidos anteriormente e, incluso, se ha prohibido la asistencia de partidarios de formaciones de ultraderecha.

Al mismo tiempo, los partidarios de la ley han vuelto a concentrarse en defensa de lo que consideran una campaña homófoba para expresar su fuerza, si bien en esta ocasión han sido muchos menos al dar por ganada la batalla. En todo caso, los manifestantes contrarios a este tipo de “matrimonio” han declarado su intención de proseguir su campaña en contra del mismo; incluso han anunciado que se presentarán a las elecciones municipales del próximo año para insistir en su mensaje: la ley patrocinada por el presidente François Hollande es contraria a la naturaleza humana y atenta directamente contra la familia.

Los movilizaciones anti-matrimonio homosexual, reunidos ahora bajo el lema de “Manifestación para todos” en contraposición al adoptado por los partidarios de “Matrimonio para todos”, tienen como cabezas más visibles a una católica conversa de cincuenta años, Frigide Barjot, que se ha ganado el apelativo de “La Pasionaria cristiana”, y a un católico “tradicional”, de la misma edad pero de carácter mucho más sereno, llamado Tugual Derville, secretario general de una asociación de defensa de la vida. Entre ellos apenas ha existido hasta ahora la menor relación y, culturalmente no tienen nada en común aunque defiendan las mismas ideas.

El diario laicista “Le Monde” destacaba ayer a este respecto que se trata de dos personalidades contrapuestas. Mientras Frigide Barjot ha demostrado una impresionante capacidad de movilización y hace gala de su conversión al catolicismo al extremo de presentarse a sí misma como “portavoz de Jesús”, Tugdual Derville rechaza toda mezcolanza entre política y fe y confiesa que no es ni integrista ni tradicional sino un simple católico “clásico”; es un experto en temas de bioética y lleva muchos años de militancia en defensa de la vida además de ocuparse de atender a niños con deficiencias físicas.

En declaraciones a la prensa regional, Frigide Barjot anunciaba ayer una nueva y masiva manifestación para el próximo 26 de mayo como antesala de otras que seguirán para expresar su oposición a otros aspectos legislativos que atentan contra la vida y la familia. Lo que ahora se plantea, por tanto, es hasta donde irá el movimiento anti-matrimonio homosexual una vez aprobada la ley, pero nadie duda de la fuerza motriz que ha surgido de esta llamativa unión entre la fogosa Frigide Barjoy y el tranquilo Tugdual Derville. Su lucha continuará adelante para promover lo que algunos llaman ya “una ecología humana” frente a una cultura de laicismo que hoy se muestra todopoderoso. Para Frigide lo más importante introducir en la sociedad y en la vida pública, sobre todo en las formaciones de la derecha, lo que ha dado en llamar la “poli-ética”, en defensa de los valores sociales de la Iglesia. Y, después, ´como apostilla “Le Monde”, Dios dirá…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A dos días de la votación en la Asamblea Nacional del proyecto de ley definitivo que legaliza el “matrimonio” homosexual y permite la adopción de menores por parte de estas parejas, millares de manifestantes contrarios a la ley ha vuelto a llenar las principales calles de París aún a sabiendas de que la mayoría parlamentaria aprobará la nueva norma legal. La batalla que se presenta a partir de ahora tiene un objetivo muy definido: propiciar en la vida pública una «poli-ética» que defienda los valores sociales de la Iglesia.

A diferencia de la gran manifestación del pasado 24 de marzo que consiguió reunir en la capital francesa a más de un millón de personas, en esta ocasión se ha querido limitar la oposición a la ley al nivel puramente regional, sin movilización de medios de transporte, en un gesto que solo ha pretendido mantener la continuidad y validez de su postura. También se han querido evitar actos de violencia como los sucedidos anteriormente e, incluso, se ha prohibido la asistencia de partidarios de formaciones de ultraderecha.

Al mismo tiempo, los partidarios de la ley han vuelto a concentrarse en defensa de lo que consideran una campaña homófoba para expresar su fuerza, si bien en esta ocasión han sido muchos menos al dar por ganada la batalla. En todo caso, los manifestantes contrarios a este tipo de “matrimonio” han declarado su intención de proseguir su campaña en contra del mismo; incluso han anunciado que se presentarán a las elecciones municipales del próximo año para insistir en su mensaje: la ley patrocinada por el presidente François Hollande es contraria a la naturaleza humana y atenta directamente contra la familia.

Los movilizaciones anti-matrimonio homosexual, reunidos ahora bajo el lema de “Manifestación para todos” en contraposición al adoptado por los partidarios de “Matrimonio para todos”, tienen como cabezas más visibles a una católica conversa de cincuenta años, Frigide Barjot, que se ha ganado el apelativo de “La Pasionaria cristiana”, y a un católico “tradicional”, de la misma edad pero de carácter mucho más sereno, llamado Tudgual Derville, secretario general de una asociación de defensa de la vida. Entre ellos apenas ha existido hasta ahora la menor relación y, culturalmente no tienen nada en común aunque defiendan las mismas ideas.

El diario laicista “Le Monde” destacaba ayer a este respecto que se trata de dos personalidades contrapuestas. Mientras Frigide Barjot ha demostrado una impresionante capacidad de movilización y hace gala de su conversión al catolicismo al extremo de presentarse a sí misma como “portavoz de Jesús”, Tugdual Derville rechaza toda mezcolanza entre política y fe y confiesa que no es ni integrista ni tradicional sino un simple católico “clásico”; es un experto en temas de bioética y lleva muchos años de militancia en defensa de la vida además de ocuparse de atender a niños con deficiencias físicas.

En declaraciones a la prensa regional, Frigide Barjot anunciaba ayer una nueva y masiva manifestación para el próximo 26 de mayo como antesala de otras que seguirán para expresar su oposición a otros aspectos legislativos que atentan contra la vida y la familia. Lo que ahora se plantea, por tanto, es hasta donde irá el movimiento anti-matrimonio homosexual una vez aprobada la ley, pero nadie duda de la fuerza motriz que ha surgido de esta llamativa unión entre la fogosa Frigide Barjot y el tranquilo Tugdual Derville. Su lucha continuará adelante para promover lo que algunos llaman ya “una ecología humana” frente a una cultura de laicismo que hoy se muestra todopoderoso. Para Frigide lo más importante introducir en la sociedad y en la vida pública, sobre todo en las formaciones de la derecha, lo que ha dado en llamar la “poli-ética”, en defensa de los valores sociales de la Iglesia. Y, despus, ´como apostilla “Le Monde”, Dios dirá…