La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Autonomía y solidaridad

Luis Ignacio Martínez Franco. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología.- Una nación es una comunidad solidaria forjada en la fragua de la historia, siendo precisamente el principio de solidaridad uno de los lazos unitivos que la hacen progresar. Pero veamos qué dice el texto constitucional al respecto y contrastémoslo con lo realmente sucedido en nuestra patria durante los últimos tiempos.  LuisIMartinez

 

El artículo 2 de nuestra Constitución «reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas». El legislador constituyente trata así de buscar un equilibrio entre la fuerza centrífuga que opera en el derecho a la autonomía y la fuerza centrípeta del principio solidario.

 

El derecho a la autonomía se concibe como un poder subordinado al originario de «soberanía», del que es sujeto titular único el pueblo español en su conjunto. Por otra parte, el principio solidario es un mecanismo clave para la cohesión de la organización territorial del estado, así como para la pervivencia y progreso de la nación. Ambos principios, el primero necesariamente limitado, y el segundo debidamente potenciado, deberían coadyuvar en aras de la unidad nacional y su progreso.

 

Sin embargo, una mirada retrospectiva a la evolución seguida por nuestro país en los últimos tiempos nos interpela: ¿Es cierto que ambos principios -autonomía y solidaridad- han formado un matrimonio bien avenido? Mucho me temo que no ha sido así, sino que se han articulado de manera desordenada y antifuncional en orden a los fines perseguidos, produciéndose, por el contrario, efectos perversos.

 

Que se ha estimulado el ánimo secesionista en las regiones de corte nacionalista en base a intereses partidarios y concepciones erróneas del orden político, es un hecho; que las demás regiones, con un absurdo espíritu localista, han emulado artificiosamente el “hecho diferencial” de las anteriores para justificar así un poder autónomo excesivo con la consiguiente proliferación de élites políticas y administrativas innecesarias, es otro hecho.

 

Por último, señalaré dos sucesos que han agrietado la necesaria cohesión interterritorial: Uno, la alocada carrera estatutaria, que ha puesto en cuestión la unidad nacional, ahondando de paso en la insolidaridad entre unas y otras regiones; dos, el pesado lastre que ha supuesto para la economía del país el Estado de las Autonomías, como ha quedado claramente de manifiesto con la crisis económica.