La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Un ¡olé! por los obispos

magdalenadelamoMagdalena del Amo, periodista.- Los defensores de la vida sin excepciones, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, agradecemos siempre las palabras de los obispos cuando se pronuncian contra el aborto, de manera tajante, prescindiendo de los titulares de prensa o los debates televisivos que sus palabras puedan generar. Ello nos da fuerza a los laicos para seguir defendiendo públicamente el don precioso de la vida, aun a costa de ser censurados y vetados por influencia del pensamiento laicista dominante, cuyos tentáculos alcanzan cada una de las acciones humanas. Por ello, pido un ¡ole! por nuestros obispos.

Hace dos semanas, los Obispos de la   Subcomisión Episcopal de Familia y Vida enviaron un comunicado en el que “celebran el don precioso de la vida humana, especialmente en las primeras semanas tras su concepción”. Asientan que la vida humana es un don que nos sobrepasa y que hoy en día existe una total falta de protección. Solo Dios es el Señor de la vida –recalcan—, desde su comienzo hasta su término. “Vivir es el primero de los derechos humanos, raíz y condición de todos los demás. El derecho a la vida se nos muestra aún con mayor fuerza cuanto más inocente es su titular o más indefenso se encuentra, como en el caso de un hijo en el seno materno. “Afirmar y proteger el derecho a la vida y en concreto el de un hijo en el seno materno, derecho que es inherente a todo ser humano y que constituye la base de la seguridad jurídica y de la justa convivencia, resulta esperanzador y próspero para la sociedad”. Inciden en que “una conciencia cristiana bien formada no debe favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral en este sentido”.

Resaltan como obispos su obligación de ayudar al discernimiento acerca de la justicia y la moralidad de las leyes; y reiteran que la actual legislación española sobre el aborto es muy injusta al no reconocer ni proteger adecuadamente la realidad de la vida. Piden, por tanto, la modificación de la ley “con el fin de que sean reconocidos y protegidos los derechos de todos en lo que toca al más elemental y primario derecho de la vida”. El cartel mostrando un bebé en gestación, y debajo un niño, con el lema “Este soy yo… humano desde el principio”, no puede ser más convincente, además de hacer honor al buen gusto.

Apenas una semana después de esta nota, los obispos, de la mano del cardenal Rouco Varela, volvieron a incidir en la necesidad de una reforma de la ley del aborto que garantice el derecho a la vida de todos los nascituri. Coinciden estas manifestaciones con el anuncio del Gobierno de una nueva ley, más restrictiva, que contemplará el aborto en algunas circunstancias especiales que habrá que acreditar y, hasta donde sabemos, se elimina el aborto eugenésico, es decir, por malformaciones del feto. A la izquierda decadente, desunida y retrógrada, le faltó tiempo para enarbolar las banderas tricolores y acusar al Gobierno de actuar por presión de los obispos y del Papa –coincidió la noticia con la visita de Mariano Rajoy  a Su Santidad Francisco en el Vaticano—, y amenazar con exigir la ruptura de los acuerdos con la Santa Sede.

El portavoz de la Conferencia Episcopal, monseñor Martínez Camino, asegura que la petición de los obispos no es ninguna presión, sino “un principio de la moral racional” compartido por creyentes y no creyentes. “La Iglesia habla y propone –dice—, y la Iglesia ni legisla ni quiere legislar, no es su cometido, pero la Iglesia puede y debe hablar sobre los principios rectores de la vida social, de acuerdo con los derechos fundamentales de la vida humana”. Y añadió, para terminar, que “esto no es ninguna presión, sino la proclamación de las implicaciones de la fe y la moral que se deriva de ella. No se puede quitar la vida a un ser humano inocente, es un principio de la moral racional, no sólo de la moral católica, compartible en principio por creyentes y no creyentes”.

En el discurso inaugural de la Asamblea de la Conferencia Episcopal, su presidente, el citado cardenal Rouco Varela, tuvo palabras para los desahuciados y criticó la situación de crisis que no permite a las familias salir adelante. También volvió a incidir sobre la reforma de la ley del aborto a favor de la defensa del nasciturus, y reivindicó además, una ley de protección a la familia, así como la reincorporación de los términos “esposo” y “esposa”. Pero la izquierda manipuladora no entiende de razones y se arroga el derecho de disponer de la vida de terceros a voluntad. Son un ejemplo en el fresco de la historia. Los países con regímenes materialistas y totalitarios del siglo pasado son los “inventores” de las leyes del aborto; leyes machistas, contra la mujer, contra el amor y contra la vida. Solo hay que echar una ojeada, como ejemplo, a las páginas sangrientas de la extinta Rusia, la actual China, y nuestra Cuba. Un ejemplo que no debemos seguir. ¿Estamos aún a tiempo de parar este genocidio silencioso?