La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El testimonio suscita vocaciones

Julia MerodioPor Julia Merodio, escritora.- Como es bien sabido, el domingo día de Buen Pastor, la Iglesia celebra a Jesucristo como Único Pastor. Un Pastor, que busca servidores que lo acompañen en tan ingente misión y aquí estamos nosotros para pedirle que envíe consagrados y sacerdotes santos a nuestra Iglesia: La Iglesia de Jesucristo. El lema de este año es  CONFÍO EN TI.

Les invito a unirnos en oración para pedir por tan ingente tarea, a la vez que les insto a llegarnos hasta la capilla del Seminario, en la Calle Buenaventura nº 9, a cualquier hora, ya que cada hora dirigirá la oración el grupo al que se la haya asignado.

Quizá algunos puedan creer que eso es solamente cosa de “curas y monjas” pero nada más lejos de la realidad. Por eso incito a tomar conciencia de que como matrimonios: esposos y padres de familia, hemos sido llamados a ser tierra abonada, heredad fecunda, fermento donde se alimenten y crezcan futuras vocaciones; donde se formen jóvenes capaces de mostrar el rostro de Dios a la humanidad.

Hemos de tener claro que, se trata de enseñar a vivir, de enseñar a servir, de enseñar a hablar de Dios desde el testimonio, siendo unos apasionados del ser humano desfavorecido e indefenso. Se trata de seguir a Jesús, viviendo para los demás, sirviendo, dando vida, entrando en el ritmo de otros corazones.

Por eso pido al Espíritu la gracia del contagio, de la sintonía con Él, del ímpetu necesario para iniciar una búsqueda apasionada. Abramos el oído para escuchar su voz. Esa voz que nos ayuda a discernir, a descubrir nuestros cansancios, nuestras tristezas, nuestros desalientos… todo aquello que, nos impide seguir adelante y nos hace retroceder.

Y que ante esa voz manifestemos, también la necesidad que tenemos de alimentarnos, de coger fuerzas para llegar al encuentro del Señor con todos los nuestros. Tomando conciencia de que, si nos alimentamos de verdad, incluso tendremos provisiones para sustentar a los que pasan hambre. Porque, en realidad, de lo que se trata es de compartir lo que tenemos para que nadie carezca de lo necesario.

También pido a María, la Madre que nos acompañe en esta jornada de  oración por las vocaciones lo mismo que acompañaba en el Cenáculo a los discípulos.

El testimonio de compartir

Al descender al momento actual, lo de las vocaciones no parece que cuadre del todo bien.

  • ¿De qué tipo de familia han de florecer las vocaciones hoy día?
  • ¿Qué actitudes contemplan, nuestros futuros sacerdotes y consagrados, tanto en los colegios, como en las familias?
  • ¿En medio de qué tipo de conductas se van formado…?
  • ¿Dónde podrán adquirir la “levadura madre”?

Las madres de hoy normalmente trabajan fuera de casa; los padres tienen horarios estresantes y los niños se educan sin estar a su lado. Las madres actuales, tampoco cuecen el pan: lo compran ya hecho y, no sólo eso, pueden elegir porque hay pan para todos los gustos: con sal, sin sal, de cereales, de centeno, de leña, candeal… panes que, ni siquiera se pondrán en la mesa ya que los horarios agobiantes de, unos y otros, no coinciden y será difícil que la familia se siente junta para comer. Pan que muchos comerán duro porque lo han acumulado para demasiado tiempo.

Todos salen al punto de la mañana a trabajar. La vida se ha vuelto complicada y en la sociedad del bienestar, donde estamos insertados, hay muchas necesidades que cubrir. Cada miembro de la familia tiene problemas propios y no se entera de los de los demás, por lo que tanto desarraigo los va metiendo en la incomunicación, no sólo en cuanto a la convivencia, sino también al aislamiento espiritual. ¡Gran dificultad para que dé comienzo una vocación sólida! ¿Cómo subsistir a tantos ataques?

Sin embargo, para Dios no hay imposibles y ahí entramos en juego las familias para enseñar a nuestros hijos la grandeza de hacerse pan para los demás. Porque es necesario ser:

  • Pan de amor total, experimentado en familia.
  • Pan del olvido de mí mismo; contemplado en una familia donde, de verdad les importan los demás.
  • Pan del agotamiento en el servicio, sobre todo, sirviendo a esos “crucifijos vivientes” que van encontrando en el camino.
  • Pan de vaciarse de lo que no necesitan, para cruzar el camino de la vida más ligeros de equipaje.
  • Pan de aceptar el sufrimiento como compañero de vida.
  • Pan de compartir, incluso eso que precisan: sus cosas, su tiempo, su vida…
  • Pan de arriesgar la existencia y la dignidad, por la vida y la dignidad de los desfavorecidos.
  • Pan de caminar por el sendero, cargados de “aceite y vino”, para poder sanar heridas
  • Pan de llorar con los que lloran y llevar un pañuelo en el bolsillo, para enjugar las lágrimas de los que sufren.
  • El pan de estar en el corazón del mundo con los ojos en el cielo.
  • Y el pan de poner su voluntad en las manos del Padre.

Sé bien que esto no es fácil y así se me ocurrió decírselo al Señor.

Señor:

         No puedes imaginarte lo difícil que es caminar en este mundo con los ojos fijos en el cielo.

No puedes imaginarte los golpes que recibes cuando intentas dar sin medida.

En el mundo de hoy, es necesario tener los ojos bien abiertos, no puedes desviar la mirada, no puedes suponerte la de gente que hay esperando que te despistes un poco.

Lo sé muy bien, me dijo el Señor. Yo me inserté en un mundo, tan complicado o más que el vuestro y te aseguro que solamente permaneciendo, con los ojos fijos en la tierra, fui capaz  de seguir sin detenerme. Pero también tuve el corazón levantado al Padre. Porque, sólo con el corazón levantado al Padre y fiado de Él, me llegaba la fuerza para llevar a hombros, los fardos pesados de cada uno de los que se acercaban a mí. Y te aseguro que, solamente, la fuerza y el aliento del Padre, me hicieron capaz de llegar sin desfallecer hasta el final.