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¿Es apasionante Religión Católica?

Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- Como todos los años, nuestros pastores se dirigen a los padres que deben decidir sobre la educación moral de sus hijos para que tengan a bien hacer lo propio con la asignatura de Religión Católica y a los alumnos que, por estar en edad no escasa pueden decidir por sí mismos. Lo hacen, seguro, porque saben que lo mejor para las nuevas generaciones es saber, conocer y gozar con aquello que es, en verdad, la Verdad.  ELEUTERIO

 

Para el curso que viene, el que corresponde a los años 2013 y 2014 se ha elaborado una campaña muy relacionada con los medios actuales de difusión de las ideas o de las propuestas. A través de un vídeo titulado “Una asignatura apasionante” se propone lo que, de verdad, es Religión Católica.

 

Tanto en la web de la CE (www.conferenciaepiscopal.es) como en Facebook o Twitter (con el hastag #apuntateareli) se puede ver el citado vídeo donde un profesor cuenta, por así decirlo, a sus alumnos en el primer día de clase de Religión Católica, lo que hay de apasionante en aquello que van aprender porque, sobre todo, les servirá para el resto de su vida (en tiempo y realidades).

 

Pero ¿es, en verdad, apasionante, la religión católica?

 

En realidad, aquello que pueden, digamos, aprender, quienes cursan Religión Católica en los diversos niveles educativos, no se puede decir que les vaya a hacer daño. Al contrario, seguramente, es la verdad.

 

Así, por ejemplo, si trata de conocer acerca de “Nuestro precioso mundo. El amor de Dios. El Adviento. Un mensaje de amor. Crecemos en familia. La Buena Noticia. Elegir el bien. La vida que da fruto. Una fuerza especial. La familia de la Iglesia. La vida de los cristianos y, para finalizar, La gran fiesta” (que es, digamos, el temario de un curso de primara) no se puede decir que se enseña nada malo sino otra cosa muy distinta.

 

Si, luego, en la Educación Secundaria se les trata de inculcar realidades como, por ejemplo, el sentido de la vida, la propia realidad de la religión, la Biblia, lo relacionado con Dios- Padre-Creador, la vida de Jesús y su Resurrección, la revelación cristiana, la fe cristiana, el patrimonio cultural de la Iglesia, los grandes interrogantes de la Persona, ateísmo y creencia o los Sacramentos, tampoco puede decirse que vaya a causar daño alguno en el corazón de aquellos alumnos.

 

Ciertamente es apasionante, puede apasionarnos, que se nos digan muchas cosas que, simplemente, ignoramos y que nos pueden venir la mar de bien a la hora de vivir, de nuestro ordinario vivir porque son instrumentos muy válidos para llevar una convivencia donde la paz, la verdadera paz, no sea, sólo, una ilusión.

 

Al respecto, pues, de lo que es, hoy mismo, la asignatura de Religión Católica, nos dicen nuestros pastores que “En la actualidad, dos de cada tres alumnos eligen cursar voluntariamente religión católica. En este sentido, y a propósito de las estadísticas que se hacen públicas todos los años, los obispos de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis han enviado recientemente a toda la comunidad católica una Nota para que se sienta “especialmente llamada a seguir con atención e interés todo cuanto se refiere a la formación cristiana de los niños y jóvenes en los centros educativos”. Asimismo, en ella piden a los responsables de los centros que “garanticen el ejercicio efectivo de este derecho que asiste a los padres”. Se trata de un derecho fundamental, reconocido por la Constitución Española en el artículo 27.3.

 

Además de la catequesis, que tiene su propio ámbito, la clase de religión es necesaria para el logro de una formación completa del alumno, puesto que ‘la formación religiosa escolar tiene la peculiar condición de ayudar a los alumnos a alcanzar una formación cristiana en relación y diálogo con los conocimientos y la cultura que la escuela transmite’”.

 

En realidad, todo esto no es más que expresar lo que, de verdad, importa para un cristiano y lo que no debería nunca olvidar.