La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Mons. Munilla: “La fuerza del sacerdocio es muy grande”

El Obispo de San Sebastián, Mons. José Ignacio Munilla, concluyó ayer el ciclo de conferencias “Con ojos nuevos”, organizado por la Pastoral y alumnos de la Facultad de Humanidades y CC. De la Comunicación de la Universidad CEU San Pablo en la sede de la facultad en Madrid. Participó también el alumno Javier Agrela Medina , y contó con la presencia del Vicepresidente de la Fundación CEU San Pablo, el Decano de la Facultad, José Francisco Serrano Oceja, y el sacerdote consiliario de la ACdP, Andrés Ramos. obispomunilla

Mons. Munilla hizo un recorrido por su vida desde su infancia a su labor en el Departamento de Juventud de la Conferencia Episcopal Española y en la Diócesis de San Sebastián. Comenzó su intervención destacando que “estamos en una Iglesia en la que la pastoral juvenil ha entrado con fuerza” y recordó que el beato Juan Pablo II introdujo las JMJ en las que “los testimonios de jóvenes que los compartían entre todos”, que también continuará el Papa Francisco, quien desde el inicio de su Pontificado “ha movido especialmente a la opinión pública por su testimonio personal”. Más aún, cuando nos encontramos ante “una opinión pública que es muy sensible al testimonio”.

Habló de sus padres y dijo que “soy hijo de una familia normal”. “Le doy gracias a Dios por ello porque el suelo firme es muy importante, saber que eres querido incondicionalmente. Y que  en la vida hay líos, que el mar se agita” pero que hay que “mantener un nivel de fricción y problemas con naturalidad, sin que le turbe tanto. Si no tienes un suelo firme, los problemas agobian mucho más”. Y añadió que teniendo fe, la timidez de la niñez “no se termina, pero se aprende a afrontarlo. El Señor me ha ayudado a vencer mis miedos, a ir despacio”, apuntó. Y es que “la educación cristiana te iba haciendo maduro. La presentación del Evangelio se iba traduciendo en tu vida de forma muy sencilla e ibas afrontándolo”.

Otro momento de su vida al que hizo alusión fue a su pre-adolescencia. Con 15 años contó que ETA asesinó al padre de un compañero de clase y recordó que “la conciencia está en juego”. “Hay momentos en tu vida en que Dios te pone en situaciones que son como cruces de caminos que te pueden apartar o acercar a Él. Quedarte marcado es una gracia, que todo el mundo espere de ti algo bueno”.

También se refirió al año 1978, cuando al terminar unos ejercicios cerca de Hernani presentó junto a otros compañeros sus compromisos de vida para quemarlos en el ofertorio. “Lo dejé en blanco”, dijo. “Al llegar a casa me vino la idea de que el Señor podía querer que fuera sacerdote. Me di cuenta que aquel sentimiento interno era tan fuerte que me contradecía totalmente y me daba una paz y una alegría infinita”. Aquella noche se lo dijo a su madre y al día siguiente a sus compañeros de clase. Y reconoció: “En todos estos años no me he arrepentido nunca de esa llamada. Mi vocación fue así”.

Se formó en el Seminario de Toledo, donde pasó sus “años de oro” y fue ordenado sacerdote en 1986 en San Sebastián. Su primer destino fue Zumárraga cuando contaba con 24 años. “Quiero dar gracias a Dios de la experiencia de ser sacerdote, es algo maravilloso, una vocación que te permite compartir la vida de todo un barrio, alegrías, penas, entender que Jesucristo se está haciendo presente en la vida de las personas”. Y relató cómo la droga en aquel momento tocaba fondo y acudían a él madres pidiendo ayuda. Sólo en esos años presidió el funeral de 108 chicos y afirmó: “La fuerza del sacerdocio es muy grande”.

A su juicio y haciendo suyas las palabras del Papa Francisco, dijo que “teníamos que dar gracias a Dios de tener pastores con olor a oveja”. Y es que “lo grande del sacerdocio nos permite tener a oveja por estar pisando el suelo. La vocación de ser pastor y oveja es mutua, no están separadas, no se puede ser pastor sin ser oveja u oveja sin ser pastor de tus hermanos”.

También explicó que “muchas personas aletargadas en su fe” despiertan. “Es un signo providencial cómo utiliza el gesto del mal para potenciar que vivamos en la mediocridad, la tibieza, la medianía… es una desgracia muy gorda”.  Por tanto, aseguró que “a veces las persecuciones son buenas, se mueven corazones”.

Concluyó señalando que “el hecho de ser llamado por la Iglesia, te permite ver que es una gracia de Dios, la Iglesia es un milagro”. Y reconoció que la “ordenación –como obispo- me sobrepasó”. Sin experiencia de gobierno, se dejó ayudar “por muchísima gente”. “Siempre he repetido ‘en ti confío’ y me ha ido muy bien”.

Por su parte, el alumno Francisco Javier Agrela Medina comentó que el curso nació por la inquietud de “qué hacer para transmitir la fe a nuestros amigos y compañeros de clase” y agradeció el “habernos encontrado con profesores y profesionales que nos han enseñado a mirar la realidad con nuevos ojos”. Era, apostilló, “el impulso que necesitamos para conocer en la realidad Jesucristo”.

José Francisco Serrano destacó que a una facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación “le faltaría” mucho si los alumnos “no tuvieran la iniciativa de decirle a la Facultad y a la universidad: ‘queremos aportar algo que es fundamental para la propia naturaleza de la facultad, la concepción cristiana de la vida’” y cómo éstas se puede desarrollar en el ámbito de la comunicación. “En el año de la fe, hablar sobre la fe en la Facultad y ofrecérselo a los alumnos”, manifestó.