La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La Iglesia en el debate público

La visita de Presidente Rajoy al Papa Francisco y el discurso del Presidente de la Conferencia Episcopal en el inicio de su Asamblea Plenaria parecen haber servido de excusa para que se destape la caja de los truenos laicistas y vuelvan a aflorar a la superficie los más rancios planteamientos sobre el papel de la Iglesia en la sociedad española y sobre su legitimidad a la hora de participar en el debate público. La Iglesia que con un encomiable esfuerzo de personas y recursos está ayudando a quienes padecen los efectos más dramáticos de la crisis, es la misma que habla en el espacio público y defiende que la legislación del aborto es gravemente inmoral y representa una quiebra irreparable en el progreso de la sociedad.

La temperatura democrática de una sociedad también se mide por el grado de respeto a la palabra pública de los obispos. El derecho de la Iglesia a hablar en la sociedad no depende ni está subordinado al Estado ni a los gobiernos o poderes de turno. Afirmar, como están haciendo algunos políticos y algunos medios de comunicación, que el cardenal Rouco presiona al gobierno por el simple hecho de expresar el patrimonio común de la conciencia cristiana sobre cuestiones esenciales para el bienestar de la sociedad como son la educación, la defensa de la vida y de la familia, es una falacia y un despropósito con tintes totalitarios. La Iglesia en España es un ejemplo de contribución al debate racional en la esfera pública y al acatamiento de las reglas de juego.