La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Cada cual en su sitio

La decisión del Gobierno de cumplir con su promesa electoral de reformar la actual ley del aborto, ha devuelto al primer plano el debate sobre el derecho fundamental a la vida humana. Hasta ahora los intentos de llevar al debate la razón y el bien común se han estrellado contra el muro ideológico de una izquierda descolocada, que parece necesitar la radicalización cultural para sobrevivir. No es extraño que el viejo debate se tiña de nuevo de toda suerte de coacciones para evitar que un Gobierno de centro-derecha, que goza de mayoría absoluta, lleve al Congreso su anunciado propósito de reformar una ley que ya recurrió al Tribunal Constitucional por considerarla contraria a derecho.

Entre esas coacciones, ha reaparecido el peregrino intento de mezclar la postura de la Iglesia sobre el derecho a la vida con la decisión del Partido Popular, al que la izquierda acusa de ceder a supuestas presiones, cuando la única presión que pesa sobre el Gobierno es su propio programa electoral. El  portavoz del PP se ha apresurado a recordar que los obispos pueden opinar lo que les parezca oportuno pero que las leyes las hacen los legisladores en el Parlamento. También ha advertido de que la reforma prevista quizás no guste a los obispos porque mantendrá los supuestos de la antigua ley de 1985, aunque con más exigencias en su respeto. En todo caso, bueno es recordar que no es la Iglesia, que siempre defenderá la vida, sino la sociedad en su conjunto, la que juzgará con su voto el comportamiento de los partidos. Y cada cual, en su sitio.