La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

¿Qué tal fue en encuentro del Papa con Rajoy? Imaginemos…

Manuel Cruz.- Bien: ya sabemos de qué hablaron el Papa y el presidente del Gobierno español, don Mariano Rajoy durante los 24 minutos que duró su encuentro privado. Pero, ¿podríamos imaginar cómo se desarrolló la conversación, teniendo en cuenta lo que se dice en el comunicado oficial del Vaticano y el discurso pronunciado, casi al mismo tiempo en Madrid, por el cardenal Rouco Varela? Imaginemos, prescindiendo de los saludos iniciales y la despedida, es decir, yendo al meollo de lo que se pudieron decir en la cercanía de la Biblioteca privada del Papa.

-Santo Padre, quisiera agradecerle, en primer lugar, la labor social y educativa que desarrolla la Iglesia en mi país, que es el suyo. Sin los colegios católicos que tanto dinero nos ahorran en los presupuestos del Estado y sin Cáritas, que multiplica por diez lo que recibe de donativos gracias a sus miles de voluntarios, no sé cómo podríamos afrontar la crisis. Nosotros recortamos gastos y la Iglesia multiplica los panes y los peces…

– Bueno, señor presidente: la Iglesia siempre está al lado de los necesitados y parte de nuestra misión evangelizadora es ayudar a los Estados en la tarea educativa, siempre que lo pidan en el marco de la libertad de enseñanza y busquemos conjuntamente el bien común… Y le quiero asegurar que estoy profundamente preocupado por los problemas que tiene usted en su país, especialmente el paro, los recortes que usted ha aludido y que tanto afectan a los más desfavorecidos, las divisiones sociales y territoriales, el fracaso escolar, las presiones de la calle… Todo eso, como usted sabe muy bien, exige diálogo con la mirada puesta en ese bien común del que antes le hablaba. Por cierto, dentro de ese bien común no puede soslayarse la defensa del derecho a la vida, de la familia, de la libertad religiosa… Por lo que he podido saber en el poco tiempo que llevo aquí, buena parte de la sociedad española que suele marcar la X de la declaración de la renta, parece que también le exige el cumplimiento de algunas reformas prometidas, entre ellas esa nefanda ley del aborto que ofende al sentido común…

– Le agradezco su interés, Santo Padre, pero usted sabe con cuántas dificultades nos enfrentamos al mismo tiempo. Precisamente hoy, mi ministro de Justicia, señor Ruiz Gallardón, va a exponer en el seno de un periódico católico el alcance de la reforma de la ley del aborto. Si la reforma se ha retrasado es porque hemos querido disponer de la máxima documentación posible con la aportación de todo tipo de científicos y de expertos en jurisprudencia, para asentar lo que también consideremos un principio irrenunciable, la defensa de la vida sobre la cual nuestro Tribunal Constitucional ya emitió su dictamen con ocasión de la ley de 1985. Queremos retomar aquellas consideraciones pero no para volver a esa vieja ley sino para mejorarla e impedir que se convierta en un coladero de la muerte. Por ejemplo, no vamos a permitir el aborto eugenésico ni tampoco habrá plazo alguno para justificar un aborto; queremos reducir al máximo las posibilidades de abortar y, desde luego, las menores deberán contar con el consentimiento de sus padres. Pero ya adelanto que vamos a tener una oposición frontal en el Congreso y en la calle de toda la izquierda, que parece girar solo en función de la ideología de género que nosotros, en el Gobierno, rechazamos. La batalla política y social, va a ser muy dura, Santidad…

– Si, es comprensible y hasta lógico. Pero usted dispone de mayoría absoluta en el Congreso y, además, prometió afrontar esa reforma sin dilación. A la Iglesia, en realidad, no nos preocupa tanto que la izquierda propugne el aborto, el matrimonio homosexual, el divorcio expres o la disolución de la familia. Lo que nos preocupa es que personas que se dicen católicas y asumen las demandas de los católicos, no sean coherentes con sus promesas electorales. Gobernar, como usted sabe muy bien, es elegir; la izquierda ya eligió y, por cierto, no parece que le haya ido muy bien en las urnas; ahora le toca a usted actuar en consecuencia con sus convicciones.

– En eso estamos, como también en la reforma educativa. Sobre el matrimonio homosexual, me he encontrado con que el Tribunal Constitucional lo ha avalado y no quiero provocar más problemas de los que ya tenemos. Desde luego, si repetimos legislatura y salimos de la crisis, proseguiremos nuestras reformas sociales con más sosiego. Comprenda, Santidad, que lo que ahora nos urge es luchar contra el paro, la pobreza, y creo que so nos faltará su apoyo en eso.

– Por supuesto que no y le animo a que mantenga el diálogo con todos los componentes de la sociedad, dentro del respeto mutuo, y que tenga usted en cuenta valores como la justicia y la solidaridad en la búsqueda del bien común, como ya le señalaba antes. En fin, señor presidente, usted sabe bien que la Iglesia no se entromete en los asuntos temporales que corresponden gestionar a los gobiernos, pero siempre estaremos en guardia en lo que consideremos materias innegociables como la vida, la familia, la libertad de enseñanza… y la libertad de evangelizar.

Y prácticamente ahí pudo quedar todo… salvo que cada cual aporte lo que a considere, de acuerdo con la sensatez y el buen juicio. Y si alguien cree, como la señora Soraya Rodríguez, que el Gobierno está cediendo al “chantaje” de la Iglesia, o, al contrario, que el cardenal Rouco y don Mariano Rajoy apenas se entienden como dicen algunos intrépidos comentaristas, pues con su pan se lo coman. Hoy, como ayer, como siempre, que cada palo aguante su vela.