La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Cardenal Rouco recuerda la necesidad de velar por el bien común y de evitar tensiones contra «la unidad y la primacía del derecho»

José Castro Velarde. Presidente de Enraizados.- Ha comenzado hoy lunes día 15 de abril la CI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE).  josecastro

En su Discurso Inaugural el Presidente de la CEE D. Antonio Mª Rouco Varela ha recordado a los Obispos presentes y a todos los católicos españoles las prioridades del momento actual: primacía de la oración, nueva evangelización, defensa de la vida, recuperación del matrimonio, libertad de enseñanza y asignatura de religión, defensa del bien común evitando cualquier acción contra la unidad y fuera del ordenamiento jurídico; necesidad de la presencia de católicos en la vida pública.

Glosando el cambio de pontificado nos ha recordado la primacía de la oración. Tanto Benedicto XVI que se ha retirado a orar como el Papa Francisco quien dedicó sus primeras palabras públicas como Obispo de Roma a la oración, son un ejemplo de ello. Asimismo, recordando también al papa Francisco, ha afirmado la necesidad de aceptar la Cruz para ser un verdadero discípulo del Crucificado.

La segunda parte de su Discurso se ha centrado en la nueva Evangelización en el marco del Año de la Fe. En este sentido ha recordado la próxima beatificación de más de 500 mártires españoles el día 13 de octubre en Tarragona. Ojalá fuera presidida por el Papa Francisco. El Cardenal ha animado a todos los fieles a asistir a la Ceremonia y nos ha prometido un Documento donde se explique la importancia del testimonio de estos Mártires para los católicos del siglo XXI en España. Hay que recordar que estos Mártires fueron asesinados por miembros del Bando que actualmente ha sido beatificado civilmente por el Gobierno Zapatero quien negó a estas víctimas, que murieron perdonando, su dignidad al olvidarlas en sus leyes partidistas. Asimismo en el marco del Año de la Fe ha hecho referencia a la preparación de un Catecismo para niños.

El tercero de los puntos marca las líneas rojas que un fiel laico debe grabarse, a nuestro juicio en su corazón para, una vez alimentado y armado con la oración y el trato con el Señor, lanzarse al combate público por la defensa de los principios no negociables.

El Cardenal ha recordado la persistencia de la crisis económica que provoca el drama del paro, la pérdida de la propia vivienda o la no debida atención a ancianos y emigrantes. Ha denunciado con valentía la inexistencia siquiera de tímidos pasos para proteger la vida humana en el seno materno o devolver la institución del matrimonio a nuestro ordenamiento jurídico. En este sentido ha explicado que el legislador no está obligado por la Sentencia del Tribunal Constitucional a mantener la actual equiparación de otras realidades con el matrimonio.

Asimismo ha recordado la necesidad de respetar el derecho de los padres a educar a sus hijos especialmente en lo que se refiere a la educación moral y religiosa. En este sentido hemos de recordar que la llamada reforma Wert sigue sin dar la importancia a la asignatura de religión que debiera pues si bien es de aplaudir que recupere una asignatura alternativa para aquellos que no quieran estudiar religión, la misma no es la adecuada, al tratar de que compita la Ética contra la Religión católica como si fueran alternativas. Lo adecuado habría sido una asignatura como “Historia de las Religiones” que ayudaría a las nuevas generaciones de españoles que no estudien Religión a valorar positivamente todo lo que las tradiciones religiosas han dado a nuestra Historias y les enseñase a dialogar con ellas en búsqueda de la debida unidad. Adicionalmente no se hace evaluable la asignatura de Religión con el consiguiente desprestigio que dicho carácter conlleva.

El Cardenal alaba a la inmensa mayoría de los ciudadanos que están enfrentando la crisis con auténtica solidaridad pero previene contra las acciones que pueden atentar contra la «reconciliación, la unidad y la primacía del derecho». Es bastante claro cuando afirma que «nadie debería aprovechar las dificultades reales por las que atraviesen las personas y los grupos sociales para perseguir ningún fin particular, por legítimo que fuere….Menos aún se podrá tolerar que tales conductas particularistas fueran realizadas por medios contrarios a los derechos fundamentales de nadie y la legalidad vigente».

Es evidente que el Presidente de la CEE nos advierte sobre las consecuencias de secesiones y de revoluciones que no respeten la legalidad vigente y sobre todo que atenten contra el bien común, principio fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia. En este sentido cualquier católico que defienda el llamado derecho a decidir o la secesión debe preguntarse si dicha Secesión es por el bien común de todos los españoles o si con la misma solo se alcanzaría, en el mejor de los casos, un interés para una de las partes del todo y repetimos, en el mejor de los casos pues múltiples informes muestran la pobreza a la que se condenaría a la parte secesionada. ¿Qué derecho hay a dejar sin nuestra nación, España, España íntegra con Cataluña a tantos que así la vivimos porque otros quieran tener su propia nación? Si hay quien afirma que Cataluña es una nación y por eso debe poder decidir no puede dejar de afirmar al mismo tiempo que España es nación también y que por ello debe poder decidir.  ¿O es que yo o tantos y tantos millones de españoles no podemos decidir sobre nuestra nación España? No es solo un Estado sino que es una auténtica nación, para muchos la primera nación moderna.

Y a partir de una hipotética Secesión ¿nos pondríamos de acuerdo más fácilmente para gestionar la deuda común que tenemos hasta este momento, para gestionar los ríos y las cuencas comunes, los flujos migratorios y las pensiones? Estas medidas que no respetan la primacía del Derecho y del bien común y la solidaridad son incendiarias. Juntos somos más y somos mejores.

El problema sería insolucionable salvo que aceptemos la perspectiva del Bien Común y de la subsidiariedad social que defiende la Doctrina Social de la Iglesia.

Como solución a todos estos problemas  Rouco señala la necesidad de la presencia de los católicos en la vida pública. La misma ya se ha conseguido al menos en un nivel sensible en cuanto a la sociedad civil se refiere. Son numerosas las asociaciones que se han hecho presentes en la esfera pública para defender la dignidad de la persona. Es cierto que su fuerza no es aún suficiente pero mucho se ha recorrido en este campo. Sin embargo en lo partitocrático y en el poder político la presencia de católicos en cuanto católicos es testimonial. Aquellos que engrosan las listas de partidos con representación se encuentran en una situación de minoría que les lleva bien a abandonar el partido y los puestos que ocupan, bien a seguir ocupándolos sin una presencia efectiva en la vida política.

Quizás sea hora de buscar nuevas formas de presencia política que sean capaz de regenerar el sistema uniendo a la actual presencia de católicos en partidos con representación, nuevas fuerzas políticas que puedan presionar a las grandes para buscar el voto de los católicos y con ello a hacer posible que los principios de la Doctrina Social puedan ser acogidos en la agenda política.

La actual situación de crisis moral y económica de España así lo aconseja y demanda.

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