La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
Durante el rezo del Ángelus

El Santo Padre recuerda que los Apóstoles «anunciaban sin miedo a Cristo Resucitado»

FranciscoAngelus¿De dónde sacaban los apóstoles su fuerza para predicar? Con esta pregunta inició el Papa su reflexión previa a la oración mariana dominical del Regina Coeli, con gran multitud de peregrinos en la plaza de San Pedro, en Roma. El Santo Padre Francisco se detuvo brevemente sobre la página del libro de Los Hechos de los Apóstoles, en la que se afirma que los Apóstoles llenaron la ciudad con la noticia de que Jesús había verdaderamente resucitado. A pesar de que los sumos sacerdotes y jefes de la ciudad trataron de frenar en su nacimiento la comunidad de los creyentes en Cristo, prohibiéndoles predicar en su nombre y azotándolos por esto, ellos dijeron que “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” y salían contentos de haber sufrido por el nombre de Jesús.

El Obispo de Roma explicó que los Apóstoles no tenían miedo de nada ni de nadie para anunciar a Jesús, porque su fuerza es la experiencia muy fuerte y personal de Cristo muerto y resucitado:“Es claro que solamente la presencia del Señor Resucitado y la acción del Espíritu Santo con ellos pueden explicar este hecho. Su fe se basaba en una experiencia tan fuerte y personal de Jesús muerto y resucitado, que no tenían miedo de nada y de ninguno, es más, veían las persecuciones como un motivo de honor, que les permitía seguir las huellas de Jesús y de parecerse a Él, testimoniándolo con la vida».

Esto, dijo Francisco, vale para la Iglesia de todos los tiempos, también para nosotros: «cuando una persona conoce verdaderamente Jesucristo y cree en Él, experimenta su presencia en la vida y la fuerza de la Resurrección, y no puede no comunicar esta experiencia. Y si encuentra incomprensiones o adversidades, se comporta como Jesús en su Pasión: responde con el amor y la fuerza de la vida», para terminar invitando a pedir a la Virgen que la Iglesia en todo el mundo anuncie con franqueza y coraje la Resurrección del Señor y dé un válido testimonio con signos de amor fraterno. Pidió en particular para que los cristianos que sufren persecución sientan la presencia viva y confortante de Jesús Resucitado.

Texto completo de las palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas

Quisiera detenerme brevemente en la página de los Hechos de los Apóstoles
que se lee en la Liturgia de este Tercer Domingo de Pascua. Este texto narra
que la primera predicación de los Apóstoles en Jerusalén llenó la ciudad de la
noticia que Jesús era verdaderamente resucitado, según las Escrituras, y era el
Mesías anunciado por los Profetas. Los sumos sacerdotes y los jefes de la
ciudad buscaron frenar el nacimiento de la comunidad de los creyentes en Cristo
e hicieron encarcelar a los Apóstoles, ordenándoles de no enseñar más en su
nombre. Pero Pedro y los otros once respondieron: «Hay que obedecer a Dios
antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús… lo
exaltó con su poder haciéndolo Jefe y Salvador… Nosotros somos testigos de
estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que
obedecen» (Hech 5,29-32). Entonces hicieron azotar a los Apóstoles y les
ordenaron nuevamente de no hablar más en nombre de Jesús. Y ellos se fueron
«dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús
(v. 41).

¿Dónde encontraban los primeros discípulos la fuerza para dar este
testimonio? No sólo: ¿de dónde les venía la alegría y el coraje del anuncio, a
pesar de los obstáculos y las violencias? No olvidemos que los Apóstoles eran
personas simples, no eran escribas, doctores de la ley, ni pertenecían a la
clase sacerdotal. ¿Cómo han podido, con sus límites y obstaculizados por las
autoridades, llenar Jerusalén con sus enseñanzas? (Cfr. Hech 5, 28) Es claro
que solamente la presencia del Señor Resucitado y la acción del Espíritu Santo
con ellos pueden explicar este hecho. Su fe se basaba en una experiencia tan
fuerte y personal de Jesús muerto y resucitado, que no tenían miedo de nada y
de ninguno, es más, veían las persecuciones como un motivo de honor, que les
permitía seguir las huellas de Jesús y de parecerse a Él, testimoniándolo con
la vida.

Esta historia de la primera comunidad cristiana nos dice una cosa muy
importante, que es válida para la Iglesia de todos los tiempos, también para
nosotros: cuando una persona conoce verdaderamente Jesucristo y cree en Él,
experimenta su presencia en la vida y la fuerza de la Resurrección, y no puede
no comunicar esta experiencia. Y si encuentra incomprensiones o adversidades,
se comporta como Jesús en su Pasión: responde con el amor y la fuerza de la
vida.

Rezando juntos el Regina Coeli, pidamos la ayuda de María Santísima para que
la Iglesia en todo el mundo anuncie con sinceridad y coraje la Resurrección del
Señor y dé testimonio válido con signos de amor fraterno. Recemos en modo
particular para que los cristianos que sufren persecución sientan la presencia
viva y confortante del Señor Resucitado.

«Las nuevas generaciones más allá de la crisis»

Al término de la oración mariana del Regina Coeli, el Santo Padre recordó que ayer, “en Venecia, fue beatificado Don Luca Passi, sacerdote italiano de Bérgamo, fundador enn el siglo XIX de la Obra laical de Santa Dorotea y del Instituto de las Hermanas Maestras de Santa Dorotea. ¡Demos gracias a Dios!”

“Hoy en Italia –ha afirmó el Pontífice- se celebra la Jornada de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, con el tema: «Las nuevas generaciones, más allá de la crisis.» Este ateneo nació de la mente y el corazón del Padre Agostino Gemelli y con un gran apoyo popular, ha preparado a miles y miles de jóvenes a ser ciudadanos competentes y responsables, constructores del bien común. Invito a sostener siempre este Ateneo para que continúe proporcionando una excelente educación a las nuevas generaciones, que les permita afrontar los retos de la época actual”.

Francisco al final saludó con afecto a todos los peregrinos presentes, provenientes de muchos países! A la familias, y a los grupos parroquiales, a los movimientos, a los jóvenes.

En particular, el Papa saludó a los peregrinos de la diócesis de Siena-Colle di Val d’Elsa-Montalcino, con el arzobispo Mons Buoncristiani. Un pensamiento especial también lo tuvo Francisco para los niños y niñas que se preparan para la Confirmación. Buen domingo a todos!