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El Cardenal Rouco: “Estamos ante una problemática social donde la respuesta que la Iglesia tiene que dar es la de la caridad”

La Catedral de Santa María la Real de la Almudena acogió ayer la celebración de una solemne Eucaristía con los voluntarios de Cáritas Madrid. Presidida por el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, y concelebrada por el Obispo Auxiliar, Mons. Fidel Herráez, el Delegado Episcopal para Cáritas Diocesana y Vicarios episcopales. La Misa sirvió como lanzamiento de la Campaña contra el Paro que organiza Cáritas, y que se celebrará el domingo 14 de abril en las Parroquias diocesanas. roucomisa2_270x250

En su homilía, el Cardenal agradeció la labor de quienes trabajan “en el ámbito específicamente diocesano, parroquial o en el de obras y asociaciones de la Iglesia, dedicadas a la caridad, como miembros o como colaboradores de Cáritas”. En este sentido, destacó que la celebración se lleva a cabo en tiempo de Pascua, “propicio para poder comprender bien la naturaleza y la finalidad de Cáritas” y coincidiendo con el recuerdo de un mártir, San Stanislaw, uno de “los grandes obispos de Polonia, víctima de la sangre por Cristo porque fue su testigo, maestro de su verdad, y eso no era tolerable por el poder de entonces de los que lo ostentaban y lo mataron”.

Así, habló del martirio y subrayó que “el mártir es el que mejor imita y vive esa caridad que procede del corazón de Cristo. Hay mártires que responden a ese amor del mismo modo, dando el cuerpo y la sangre por la fe en Cristo. Hay mártires que no lo hacen literalmente del mismo modo pero con el estilo de vida propio del que vive del amor de Cristo, dando la vida. Dar la vida día a día, hora a hora, minuto a minuto. La fórmula de la vida de un cristiano, más auténtica, más rica y más precisa del ser cristiano es la de estar dispuesto a dar la vida en el amor de Cristo por los hermanos”. Y es que “la caridad es la forma de la vida cristiana. Y la santidad como expresión plena del vivir cristiano es la perfección de la caridad. La vocación para la caridad es, por lo tanto, como un acto para la vida cristiana y toda la Iglesia tiene que ser una comunidad de los que se aman y aman, en todos los aspectos de su vida, desde los más íntimos y personales hasta los más públicos y sociales”.

Para el Cardenal, el cristiano “tiene que volcarse en todos aquellos que necesitan más de ese amor y tiene que ofrecerse a aquellos que necesitan más de su amor. En todas las épocas de la Iglesia y del mundo, los cristianos, los que viven de Cristo resucitado, han sido llamados a vivir así su vida personal y social, e invitados como la vocación de su vida, que es vocación para la santidad o lo que es lo mismo, para la perfección de la caridad”.

Reconoció que vivimos “una época de la historia difícil, compleja, donde amar cristianamente, ser cristiano, está a veces lo que es el martirio real, el martirio de la sangre y ser consecuentemente cristiano y vivir como cristiano y hacer obras cristianas o prestar a los demás obras cristianas de caridad tiene una cierta voluntad martirial, primero, porque las necesidades son tantas, tan numerosas y tan graves que sólo se las puede atender cuando estamos dispuestos a dar la vida por nuestros hermanos. Las necesidades de todo orden, las que tienen mucho que ver con la esencia misma del ser cristiano, conocer a Cristo, seguirle, vivirle a través de los signos de su presencia, los signos sacramentales, escucharle a través de su palabra, obtener trato con Él a través de la oración, eso ya es difícil en estos momentos de la vida de la Iglesia y de la vida del mundo y es difícil comprender donde está la fuente donde hay que beberla, el agua de la caridad, la fuerza de la caridad, la autenticidad de la caridad. Supone para muchos cristianos a lo largo y ancho del mundo motivo de persecución y motivo que les pone en una situación de vida que tienen que responder si quieren ser fieles, con la sangre”.

También destacó que “en este tiempo tan difícil porque las necesidades más humanas, del día a día, de la vida personal, del matrimonio, la familia, la sociedad en sus dimensiones económicas y políticas, la dureza del pecado contra la caridad, que incluye muchas veces el pecado contra la justicia, es enorme”. Y advirtió que “estamos ante una problemática social donde la respuesta que la Iglesia tiene que dar es la de la caridad, en el sentido más hondo y más fuerte, menos anecdótico de la misma, de acercarse a los necesitados, primero a los que viven dentro y forman parte de las comunidades cristianas, pero también los que viven fuera o no están en ellas”.

A su juicio, “tanto un indigente puede ser alguien que vive en una comunidad parroquial, porque se ve en situaciones de falta de empleo, de falta de casa, de ruptura de su familia, de abandono de la familia por parte de los hijos, la ruptura del matrimonio, el abandono de los niños o el inmigrante que ha venido a España, a Europa, buscando respuestas elementales para las necesidades del alimento, de mantenimiento de la familia y que se ve desamparado”.

Sin embargo, recordó que “no hay nadie fuera del círculo del amor de Cristo, la Iglesia tienen la vocación de ser verdaderamente universal” y “la elección del nuevo Santo Padre ha puesto de manifiesto esa universalidad ya real de la Iglesia”. Por tanto, animó a “responder con un corazón que no conoce límites a la hora de entregar su alma o entregar la vida por los hermanos”.

“No hay que tener miedo a las incomprensiones, a las negaciones o a las reducciones de lo que significa Cáritas y tampoco hay que retroceder ante la necesidad de crecer en esa comunión de amor y tiene que comprendernos a todos nosotros, a los que activamente participan en la vida parroquial, diocesana, católica, en la vida de las comunidades que tienen como objeto la caridad, sino de todos los que forman la comunidad de los católicos, la comunidad de la Iglesia”, dijo.

Para el Cardenal, “la caridad tiene que ser nuestra vida ordinaria, no sólo en los servicios extraordinarios de caridad de defensa, de estar en los lugares difíciles, donde la justicia y la caridad tienen que transformarlo todo en la sociedad, la economía, superar la crisis y tiene que ser nuestro y muy profundo y lo que marque nuestra vida personal, en casa, en el matrimonio, en la familia, en la vecindad, en la vida diaria. La caridad es de todos los minutos, del día a día, de cualquier cristiano. Y también es algo que viene exigido por todos los minutos  de todos los días. Todos los que trabajan en Cáritas de forma extraordinaria y generosa sois vosotros, son ustedes”. Concluyó pidiendo a la Virgen “que nos ayude a ejercer la caridad”.