La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Papa insiste en dar testimonio de la libertad que da vivir en Cristo

fotonoticia_20130329112106_500Prosiguiendo sus catequesis sobre el Credo, en el Año de la Fe, Su Santidad el Papa ha invitado en la audiencia del miércoles a «dar testimonio del gozo de ser hijos de Dios, de la libertad que da el vivir en Cristo, que es la verdadera libertad». En la audiencia,  el Papa Francisco habló también en español y centró su catequesis en el
tema «al tercer día resucitó: sentido y alcance salvífico de la Resurrección».
También esta mañana, acudieron a la Plaza de San Pedro numerosos peregrinos de
tantos países del mundo.

Palabras del Santo Padre en español:

Queridos hermanos y hermanas:
Deseo reflexionar sobre el valor salvífico de la Resurrección de Jesús, en la que se
funda nuestra fe y por la que hemos sido liberados del pecado y hechos hijos de
Dios, generados a una vida nueva. Éste es el don más grande que recibimos del
Misterio Pascual de Cristo. Dios nos trata como hijos, nos comprende, nos
perdona, nos abraza y nos ama aun cuando nos equivocamos. Esta relación filial
con el Señor debe crecer, ser alimentada cada día con la escucha de su Palabra,
la oración, la participación en los Sacramentos y la práctica de la caridad.
Comportémonos como hijos de Dios, sin desanimarnos por nuestras caídas,
sintiéndonos amados por Él, sabiendo que Él es nuestra fuerza. Ser cristianos no
se reduce sólo a cumplir los mandamientos, es ser de Cristo, pensar, actuar,
amar como Él, dejando que tome posesión de nuestra existencia para que la
cambie, la trasforme, la libere de las tinieblas del mal y del pecado. A quien
nos pida razón de nuestra esperanza, mostrémosle a Cristo Resucitado y hagámoslo
con el anuncio de la Palabra, pero sobre todo con nuestra vida de
resucitados.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, provenientes de España, Argentina, México y los demás países hispanoamericanos. En particular, al grupo de las diócesis de Galicia, con sus Obispos, así como a los sacerdotes del curso de actualización del Pontificio Colegio Español, y al grupo del Club Atlético San Lorenzo de Almagro, de Buenos Aires. Invito a todos a dar testimonio del gozo de ser hijos de Dios, de la libertad que da el vivir en Cristo, que es la verdadera libertad. Muchas
gracias.

Traducción del texto completo de la catequesis del Papa en italiano

El tercer día resucitó: sentido salvífico y alcance de la Resurrección

«Queridos hermanos y hermanas, Buenos días,

En la pasada Catequesis nos hemos centrado en el acontecimiento de
la Resurrección de Jesús, en el que las mujeres han jugado un papel especial.
Hoy me gustaría reflexionar sobre su significado para la salvación. ¿Qué
significa para nuestra vida la Resurrección? ¿Y por qué sin ella nuestra fe es
en vano? Nuestra fe se basa en la Muerte y Resurrección de Cristo, al igual que
una casa está construida sobre sus cimientos: si éstos ceden, toda casa se
derrumba. En la cruz, Jesús se ofreció a sí mismo al tomar sobre sí nuestros
pecados y descender al abismo de la muerte, y en la Resurrección los vence, los
elimina y nos abre el camino para renacer a una nueva vida. San Pedro lo expresa
sintéticamente al comienzo de su Primera Carta, como hemos escuchado: » Bendito
sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos
hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una
herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera»(1:3-4).

El Apóstol nos dice que con la Resurrección de Jesús algo absolutamente nuevo sucede: somos liberados de la esclavitud del pecado y nos convertimos en hijos de Dios, es decir somos engendrados a una nueva vida. ¿Cuándo sucede esto para nosotros? En el Sacramento del Bautismo. En la antigüedad, se recibía normalmente por inmersión. El que iba a ser bautizado descendía en la gran bañera del
Baptisterio, dejando su ropa, y el Obispo o el Presbítero le vertía agua tres
veces sobre la cabeza, bautizándolo en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. A continuación, el bautizado salía de la bañera y se vestía la
nueva ropa, la blanca: es decir, había nacido a una nueva vida, sumergiéndose en
la Muerte y la Resurrección de Cristo. Se había convertido en hijo de Dios.

Esto quiere decir que cada día debemos permitir que Cristo nos transforme y nos haga semejantes a Él; significa tratar de vivir como cristianos, tratar de seguirlo,
incluso si vemos nuestras limitaciones y nuestras debilidades. La tentación de
dejar a Dios apartado para ponernos nosotros mismos en el centro siempre está a
las puertas y la experiencia del pecado daña nuestra vida cristiana, nuestro ser
hijos de Dios. Por eso debemos tener la valentía de la fe, no dejamos llevar por
la mentalidad que nos dice: «Dios no sirve, no es importante para ti». Es todo
lo contrario: sólo comportándonos como hijos de Dios, sin desanimarnos por las
caídas, sintiéndose amado por Él, nuestra vida será nueva, animada por la
serenidad y la alegría. ¡Dios es nuestra fuerza! ¡Dios es nuestra esperanza! San
Pablo en su Carta a los Romanos escribe: ustedes “han recibido el espíritu de
hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios» “¡Abba! Padre «(Rom. 8:15). Es el
precisamente el espíritu que hemos recibido en el Bautismo, que nos enseña,
nos lleva a decir a Dios: «Padre.» O, más bien, Abba, Papá.

Por lo tanto, nuestro Dios es un papá para nosotros. El Espíritu Santo realiza en nosotros esta nueva condición de hijos de Dios. Y este es el mejor don que recibimos del Misterio pascual de Jesús. Y Dios nos trata como hijos, nos comprende, nos
perdona, nos abraza, nos ama aún cuando cometemos errores. En el Antiguo
Testamento, el profeta Isaías afirma que aunque una madre pueda olvidarse del
hijo, Dios nunca nos olvida, en ningún momento (cf. 49:15). Y eso es hermoso, es
muy hermoso!

Sin embargo, esta relación filial con Dios no es como un tesoro que conservamos en un rincón de nuestra vida, sino que tiene que crecer, hay que alimentar todos los días con la escucha de la Palabra de Dios, la oración, con la participación en los sacramentos, sobre todo la Penitencia y la Eucaristía y la caridad. ¡Podemos vivir como hijos! ¡Podemos vivir como hijos! Y esta es nuestra dignidad. ¡Comportarnos como verdaderos hijos! Esto quiere decir que cada día debemos permitir que Cristo nos transforme y nos haga semejantes a Él; significa tratar de vivir como cristianos, tratar de seguirlo, incluso si vemos nuestras limitaciones y nuestras debilidades. La tentación de dejar a Dios apartado para ponernos nosotros mismos en el centro siempre está a las puertas y la experiencia del pecado daña nuestra vida cristiana, nuestro ser hijos de Dios. Por eso debemos tener la valentía de la fe, no dejamos llevar por la mentalidad que nos dice: «Dios no sirve, no es importante para ti, o cosas por el estilo». Es todo lo contrario: sólo comportándonos como hijos de Dios,
sin desanimarnos por las caídas, por nuestros pecados, sintiéndonos amados por
Él, nuestra vida será nueva, animada por la serenidad y la alegría. ¡Dios es
nuestra fuerza! ¡Dios es nuestra esperanza!

Queridos hermanos y hermanas,
tenemos que ser nosotros mismos los primeros en tener firme esta esperanza y
debemos ser un signo visible, claro y brillante para todos. El Señor Resucitado
es la esperanza que no falla, que no defrauda (cf. Rm 5,5). La esperanza del
Señor no defrauda ¡Cuántas veces en nuestra vida se desvanecen las esperanzas,
cuántas veces las expectativas que llevamos en el corazón no se realizan! La
esperanza de nosotros los cristianos es fuertes, segura, sólida en esta tierra,
donde Dios nos ha llamado a caminar, y está abierta a la eternidad, porque se
funda sobre Dios, que es siempre fiel. No debemos olvidar esto: Dios es siempre

fiel, Dios es siempre fiel con nosotros. El haber resucitado con Cristo mediante
el Bautismo, con el don de la fe, para una heredad que no se corrompe nos lleve
a buscar aún más las cosas de Dios, a pensar más en Él, a rezarle más. Ser
cristianos no se reduce a seguir algunas órdenes, sino que quiere decir estar en
Cristo, pensar como Él, actuar como Él, amar como Él. Es dejar que Él tome
posesión de nuestra vida y la cambie, la transforme, la libere de las tinieblas
del mal y del pecado».

Queridos hermanos y hermanas, a quien nos pida dar cuenta de la esperanza que hay en nosotros (cf. 1 P 3,15), indiquemos a Cristo Resucitado. Indiquémosle con el anuncio de la Palabra, pero sobre todo con nuestra vida de resucitados. Mostremos la alegría de ser hijos de Dios, la libertad que nos da el vivir en Cristo, que es la verdadera libertad, la de la esclavitud del mal, del pecado y de la muerte! Fijémonos en la Patria celestial, tendremos una nueva luz y fuerza también en nuestro compromiso y en nuestros esfuerzos cotidianos. Es un valioso servicio que debemos dar a nuestro mundo, que a menudo ya no es capaz de levantar la mirada hacia arriba, no es capaz de levantar la mirada hacia Dios. Gracias.