La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La Dama de los principios de hierro

Fue en los setenta cuando la prensa soviética apodó a Margaret Thatcher como “la Dama de Hierro”. De hecho, en ciertos sectores ha quedado la caricatura de una Thatcher dura, fría y alejada de los problemas sociales. Sin embargo es difícil no reconocer en ella una de las figuras políticas más importantes de la segunda mitad del siglo XX. En elogiosas palabras de David Cameron, la premier más importante de Gran Bretaña en tiempos de paz.

Margaret Thatcher supo recomponer un Partido Conservador que estaba literalmente hecho unos zorros, aplastado por una izquierda capaz de mantenerse en el poder incluso habiendo llevado al país a la ruina. Puso coto al despilfarro en el gasto público, se enfrentó al abusivo poder de los sindicatos, redujo impuestos y construyó una política en torno a grandes valores como la libertad o el esfuerzo individual. Tampoco le tembló el pulso frente al terrorismo del IRA. No es posible entender la caída del Muro del Berlín sin referirnos a su figura, directamente relacionada con Ronald Reagan o Helmut Kohl, sin obviar el liderazgo espiritual y moral que ejerció en aquellos años convulsos el beato Juan Pablo II. Como ha reconocido el Papa Francisco, los valores cristianos de Margaret Thatcher fueron decisivos a la hora de afrontar su compromiso con el servicio público. En su biografía política se entrecruzan luces y sombras, pero sería mezquino no reconocer lo que la Europa de hoy debe a la dama de los principios de hierro.